El monte Nemrut, la montaña perfecta que no es una montaña

Conoce la sorprendente historia de este lugar Patrimonio de la Humanidad

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: izzetugutmen / ISTOCK

Turquía es uno de esos países en los que la lista de lugares excepcionales es interminable. Su posición estratégica entre Europa y Asia le ha valido para ser el escenario de innumerables acontecimientos de gran importancia a lo largo de la historia y, en la actualidad, su territorio es algo parecido a un gran campo sembrado donde germinan los vestigios de esa larga andadura.

Uno de esos grandiosos lugares de los que hablábamos, testigo de épocas pretéritas, es el monte Nemrut, una elevación que alcanza los 2150 metros de altitud en cuya cumbre se encuentra uno de los túmulos funerarios más asombrosos de entre los que se conservan en el planeta.

Monte Nemrut | f28production / ISTOCK

Ascendemos hasta las nubes en busca de los dioses para toparnos, cara a cara, con una maravilla que nos hace dudar de la misma naturaleza de la montaña. Un tesoro de la arqueología declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un punto marcado por los dioses

Existen zonas en la Tierra que han sido señaladas en los mapas como áreas de fuerte influencia en las civilizaciones y que forman parte de los sitios destacados por las religiones a través de los siglos.

El Altiplano Armenio responde perfectamente a uno de estos sectores escogidos para pasar a la historia. Una gran meseta que comparten, aunque a gran distancia, el monte Nemrut y el monte Ararat, la mítica montaña de más de cinco mil metros de altitud que tradicionalmente han considerado las religiones monoteístas como el punto donde acabó encallando el Arca de Noé.

Montañas de alrededor del Monte Nemrut | ANUJAK / ISTOCK

Una zona cargada de simbolismo y significado en la que han florecido diversas civilizaciones y cuyo halo sagrado no pasa desapercibido en la inhóspita región donde se asienta el monte Nemrut.

La playa a la que todos querremos ir este verano está en Turquía

Alejada de cualquier población, en el sureste de Turquía, encontramos una montaña que tomó todo el protagonismo en el siglo I a.C., cuando el rey Antíoco I de Comagene la eligió para erigir un gran túmulo funerario que sirviera para idolatrar su figura. Un rey que creyó ser Dios, cuyos delirios de grandeza nos han legado una obra propia de faraones que representa hoy en día una de las atracciones turísticas imprescindibles del país, a pesar de su difícil accesibilidad.

Monte Nemrut | Alex_Ishchenko / ISTOCK

La falsa montaña

Declarado en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, Nemrut Dağ – como se designa oficialmente – es uno de los puntos más impresionantes de Turquía. Tras el viaje por carretera y una caminata, llegar a lo alto de la elevación superando los dos mil metros de altitud y observar la perfecta forma cónica de su cúspide y las enormes cabezas de piedra que formaban parte del complejo funerario fascina a cualquiera.

Monte Nemrut | tunart / ISTOCK

Sin embargo, la aparente apariencia de la montaña nos puede llevar a engaño, pues al acercarnos más nos damos cuenta de que la enorme forma cónica de casi cincuenta metros de altura y más de ciento cincuenta de diámetro no responde a una obra de la naturaleza.

En efecto, se trata de un ciclópeo túmulo funerario formado por toneladas y toneladas de pequeños fragmentos de roca dispuestos unos sobre otros en un trabajo que debió de ser faraónico. El rey Antíoco mandó "decapitar" la montaña para contar con un espacio plano donde erigir una tumba formada por varias terrazas en las que se dispusieron gigantescas estatuas de piedra de hasta nueve metros de altura, de las que se conservan las cabezas desde hace más de dos mil años, diseminadas en la actualidad por la base tras desprenderse de su antigua ubicación a causa de los terremotos que han asolado esta zona a lo largo de la historia y también por la acción de los iconoclastas.

Monte Nemrut | xefstock / ISTOCK

Construido en el año 62 a.C., no fue hasta finales del siglo XIX que fue descubierto, por el ingeniero alemán Karl Sester, este impresionante túmulo funerario conformado por tres terrazas orientadas hacia el este, el oeste y el norte, en las que se disponen las filas de estelas de piedra con esculturas en relieve.

Las cabezas talladas, de influencia de estilos griegos y persas, aluden a dioses de varias culturas, así como a animales. Su descomunal tamaño y su apariencia, en lo alto de la montaña, con el telón de fondo de la perfecta punta de la montaña con la tumba de Antioco I, crean un ambiente místico que hace que contemplar desde ese punto tanto los amaneceres como los atardeceres se convierta en una experiencia inolvidable.