El único moái auténtico fuera de la Isla de Pascua se encuentra en este precioso pueblo medieval de Italia
Vitorchiano alberga esta emblemática estatua fuera de Rapa Nui, la mítica isla chilena en medio del Pacífico.

En el corazón del Lacio, a sólo una hora y media al norte de Roma, se encuentra Vitorchiano, un encantador pueblo medieval que parece haberse detenido en el tiempo. Sus callejuelas empedradas, sus casas de piedra volcánica y su ambiente sereno son dignos de una postal. No obstante, lo que realmente lo convierte en un destino único en el mundo es algo que pocos viajeros esperan encontrar en Italia: un moái, la emblemática estatua de piedra de la remota Isla de Pascua.

Y es que sorprendentemente Vitorchiano alberga el único moái auténtico fuera de Rapa Nui, la mítica isla chilena en medio del Pacífico conocida por sus enigmáticas esculturas monolíticas. Esta pieza cultural no es una réplica ni una decoración turística, sino una estatua tallada por verdaderos talladores rapanui con piedra traída desde la zona en 1990 cuando un equipo de escultores de los rapanui fue invitado a Italia por una organización cultural con el objetivo de realizar una escultura que sirviera como símbolo de paz entre culturas. Desde entonces, el moái está allí de pie, en un pequeño parque como un centinela ancestral mirando hacia la eternidad.
Durante semanas, los artesanos rapanui trabajaron con dedicación y utilizando técnicas tradicionales para crear una escultura de más de seis toneladas. Lo más significativo de tod esto es que los talladores consideraron este moái como "vivo", ya que fue realizado con el mismo ritual con que se tallaban los originales, lo que le confiere un valor espiritual.
Una vez terminada la obra, decidieron no transportarla a otra ciudad ni a un museo, sino dejarla en Vitorchiano, como símbolo de la unión entre dos mundos aparentemente distantes: el Mediterráneo europeo y el Pacífico sur.

A día de hoy, el mencionado moái se encuentra en un pequeño parque a las afueras del casco antiguo de Vitorchiano, visible desde varios puntos del pueblo. Aunque la figura no es tan grande como algunos de los moáis más famosos de la Isla de Pascua, su forma, proporciones y expresión imperturbable evocan toda la mística de esa lejana civilización.
Por otro lado, cabe destacar que la estatua se ha convertido en un símbolo local. No solo atrae a turistas y curiosos, sino que también es motivo de orgullo para los vitorchianesi, quienes han adoptado al moái como parte de su identidad cultural.
Vitorchiano ofrece mucho más
Aunque el moái representa un gran atractivo, Vitorchiano ofrece mucho más a ese viajero inquieto, pues un lugar perfecto para perderse, disfrutar de la gastronomía local –con platos como los fettuccine al tartufo y embutidos artesanales–, y experimentar la tranquilidad de un pueblo que aún vive con el ritmo pausado de otros tiempos.

Pocos lugares en el mundo ofrecen una combinación tan extraña como fascinante como Vitorchiano. Si decides visitar este rincón del Lacio, no sólo vivirás un viaje en el espacio, sino también en el tiempo y entre civilizaciones.
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