"Mirada de ángeles", por Jesús Torbado

La angeología es un tema excelente para meditar cuadno uno viaja por las alturas a una velocidad media de novecientos kilómetros por hora, sin turbulencias y con un vaso de whisky en la bandeja del reposabrazos.

Jesús Torbado

Han sido los ángeles y siguen siendo sin duda las criaturas que una mejor imagen han tenido a lo largo de los siglos, una especie de lobby de increíble poder, aunque dentro de su parroquia figurasen tipos verdaderamente impresentables, como el propio Belcebú, que fue uno de sus príncipes mayores.
No ha habido manera, como todos saben, de conocer su naturaleza precisa y menos su sexo exacto, femenino, masculino o de conjunción hermafrodita, después de los mamporros que cientos de sabios y científicos se dieron, y de los días que pasaron, discurriendo sobre ello en los famosos concilios bizantinos. Las tres grandes religiones monoteístas se encuentran llenas de ángeles por todas partes, mas no son propietarias de la especie, pues tales seres sutiles aparecen prácticamente en todas las creencias, incluso en las promociones de Lucía Bosé: son los cuervos de Odín, es el Hermes griego, el Ka egipcio, son ciertos espíritus de los animistas africanos e incluso aparecen sutilmente en los televisores de esta noche entre las manos de las adivinadoras y las echadoras de cartas.
La angeología es un tema excelente para meditar cuando uno viaja por las alturas a una velocidad media de novecientos kilómetros por hora, sin turbulencias y con un vaso de whisky en la bandejita del reposabrazos. Pues es allí y en esa situación psicológica donde el hombre, como especie y como individuo, lejos de tristezas y de miserias cotidianas, puede sin desdoro ni pudor algunos sentirse un ángel. Al menos, sentir que su mirada tiene la misma calidad que la de los amables ángeles del cielo.
Desgraciadamente, ahora varias líneas aéreas, por ahorrarse cuatro chavos, han eliminado uno de los elementos fundamentales en estos apacibles y largos vuelos. Elemento bastante moderno, por otro lado, y en trance de perfeccionarse hasta lo ilimitado; al menos, en eso confiábamos muchos viajeros. Se trata del itinerario que aparecía primero en las pantallas colectivas y luego en las privadas y que señalaba las incidencias del viaje -la altura, la velocidad, los tiempos de vuelo...- y la posición posición del aparato respecto al mundo. Sin duda, uno de los fastuosos inventos de la aeronáutica. Este inquieto cronista siempre pregunta antes de pagar el billete si posee la aeronave en cuestión ese suplemento de verdadero lujo.
Con esa guía fulgente, las emociones pueden ser inacabables y sublimes. Mientras el pasajero de al lado se encanalla con una película imbécil o con los necios gorjeos de La Oreja de Van Gogh , va uno enriqueciendo su mente y su corazón con lo que el mapilla le advierte o insinúa: volamos sobre el volcán Etna, más o menos blanco según la estación; planeamos sobre la Samarcanda dorada, los picachos de los Andes quedan al alcance de la mano, esa grieta interminable, azul y marrón, es el río Nilo, que se desangra en los verdores del Delta... Paisajes puntiagudos y rutilantes en los Alpes, alfombras perfectas en Centroeuropa, bosques perfumados de Sulawesi, las grandes áridas mesetas, los desiertos refulgentes, las aguas infinitas sobre las que siempre oscila un barco, ciudades inmensas de luz como México, Bombay, Tokio y las que se suceden en la costa oriental de Estados Unidos... Tanta gente once kilómetros más abajo... ¿Qué gente? ¿Qué hace la gente de allá abajo? ¿Ríen, lloran esos desconocidos seres, se están casando, acuden a un funeral, piensan en nosotros, los ángeles acomodados, o ni tan siquiera imaginan que existimos?
Desde luego, conviene viajar de día y haber elegido el costado del avión más conveniente. Atenas y su acrópolis se descubren mejor desde la izquierda, también las pirámides de Giza; para aterrizar en Oslo es mejor ir acomodado a la derecha, lo mismo que ante la bahía de Río... Es decir, toda una grandiosa enciclopedia de conocimientos fundamentales, mucho más hermosa y útil que lo de saber quién es el secretario general del PNV, por ejemplo, que es lo que insisten los televisores en que aprendamos. Los aviones del llamado "bajo costo" empiezan a privarnos ya de esos íntimos y maravillosos placeres. No sólo ver o comprobar el mundo en fragmentos, por conjeturas, sino a sentirnos, gracias a la gran mirada, como ángeles dichosos.