Mirada a Asia, por Jesús Torbado

En Asia hay vida y bellezas. No hablan español, pero la gente en general es más amable y acogedora.

Jesús Torbado
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Foto: Raquel Aparicio

Nuestros hermanos hijos de la madre patria nunca o casi nunca han estado por la labor de mantener unas relaciones afectuosas o, por lo menos, eficaces y de cortesía. Ni mucho menos como los descendientes del Mayflower y los nietos de los que se quedaron en las islas verdes y frías de Albión la Pérfida, por traer un ejemplo bien a mano. Si es cierto que han acogido el sobrante de población española, es decir, a emigrantes de porvenir oscuro y avidez laboral, muchos de los cuales hicieron fortuna o sobrevivieron al menos en otros parajes, también es verdad que era una migración de valía, cuando no eximia (la de la Guerra Civil), y que aquí se han recibido sin apenas restricciones a miles de trabajadores sin otra herramienta que sus manos.

En los últimos tiempos, sin embargo, lo que retóricamente es unafraternidad hace agua por todas partes. El fuerte oleaje de un indigenismo reivindicador y antiimperialista y la extensión por muchos países iberoamericanos (que no latinoamericanos, que ésa es otra) de una cosa que llaman revolución y que adornan de apodos necios (bolivariana, en el caso del recién difunto caudillo Chávez) empuja cada vez con más furia al alejamiento o a la indiferencia.

Nuevos líderes más codiciosos que inteligentes pretenden con sus soflamas patrioteras y demagógicas hacerse un agujero en el mundo y aprovechan la somnolencia y buena tradición de los españoles para, con firmes aplausos de los suyos, entrar a saco en lo que no es de su propiedad. Ahí están la argentina botoxada Cristina Fernández, el líder aymara a rayas Evo Morales o el ecuatoriano Rafael Correa, el enamorado de Anita Pastor, más otros cuantos que actúan con más prudencia o disimulo. Pero en el mundo de las grandes empresas que ahora llaman transnacionales, las que colocan sus huevos aquí y allá en espera de que lleguen a buen término, hay más misterios de los que caben aquí. Si el modesto accionista de Repsol o de Telefónica pierde sus cupones en Bolivia o Argentina -porque se los roban sus gobernantes-, tal vez los grandes ejecutivos salen ganando por detrás; quién sabe. Lo que indigna, claro, es que de vez en cuando esa gente venga por aquí en plan matón, sea agasajada hasta el pasmo y encima nos larguen más amenazas y ofensas. Si el Morales ese, maleducado, te esquilma, ¿deberán nuestros políticos pasearlo bajo palio? ¿Por muy indio que sea, derrotado hace quinientos años por los chicos de Pizarro?

Ahora a la compañía Iberia, que siempre fue un fragmento volador de nuestra patria, se le están poniendo feas las cosas y quizá en poco tiempo pierda la eficacia y el prestigio que tenía más allá del Atlántico. Una pena, que con mucho ahínco han amasado, entre otros, nuestros sindicaleros. Ver los aviones de Iberia en Quito, en Panamá, en Santiago, en México, en La Habana, siempre daba mucha alegría al trotamundos. ¿Qué haremos ahora?

Ciertamente esa América del Sur y la parte hispánica de las del Centro y del Norte tienen maravillas sobradas para un viajero español, aunque ahora no sea tratado con mucha estima (peor que cualquier otro europeo casi siempre). Es decir, que es un puñado de destinos fastuosos e ineludibles. Ineludibles hasta cierto punto.

Pero al otro lado también hay vida y bellezas. En Asia no hablan español, desde luego, pero la gente en general es mucho más amable y acogedora. Si te escupen en Lima o en Buenos Aires, aun en tu lengua y con tantos antecedentes comunes, en Bangkok, en Vientiane, en Bali, en Kioto no hacen falta paraguas para las ofensas. Si en Acapulco te violan y en Caracas te roban, en Nepal te invitan a una procesión y en Birmania te acarician las barbas.

Por otra parte -y se habrán enterado ya los viajeros de aquí-, en los últimos meses se han establecido en Madrid y en Barcelona excelentes líneas aéreas orientales, con aparatos nuevos y magníficos, que a precios razonables te conducen al otro lado del Océano Índico. Donde también hay playas, música y se come estupendamente. Aunque no queden por allí antiguos hermanos que te consideren un primo.

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