Miguel Gutierrez, explorador: “Me gustan los exploradores del siglo XIX porque aceptaron la posibilidad de morir”

Ya sea tratando de localizar las ciudades perdidas de Alejandro Magno en Pakistán o junto a las tropas iraquíes en la batalla de Mosul, Miguel Gutiérrez-Garitano siempre viaja en busca de respuestas.

Pablo Fernández
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Foto: Rafa Gutierrez

Que la vida es un campo minado, Miguel Gutiérrez-Garitano lo sabe de primera mano. Durante un viaje al Sáhara Occidental en 2014, bajó la guardia y a punto estuvo de no contarlo. “Acampé en un campo minado”, resume con aplomo. “Una persona malintencionada me indicó que allí podía acamparse sin problema. Estaba buscando leña para hacer una hoguera y toqué la mina por equivocación. Tuve suerte porque era antivehículos y no explota al tocarla lateralmente. Son magnéticas; si un coche pasa por encima, se pegan y explotan. O tienes que poner encima algo que supere los 120 kilos de peso”.

Sáhara Occidental Sobre el Tren del Hierro de Mauritania, que transporta ese mineral desde las minas de Zuérate hasta el puerto de Nuadibú. | Miguel Gutiérrez-Garitano

A pesar de la exhaustiva planificación que realiza para llevar a cabo sus expediciones, este explorador vitoriano reconoce que ha estado al borde de la muerte en muchas ocasiones. “La obsesión me lleva a situaciones extremas”, confiesa. “Estoy dispuesto, incluso, a arriesgar mi vida por satisfacer mi curiosidad. Me gustan los exploradores del siglo XIX porque aceptaron la posibilidad de morir”.

La palabra clave es obsesión. Los viajes de Garitano surgen a partir de lecturas. Que generan preguntas. Y él necesita encontrar respuestas. De primera mano. Esta personalidad obsesiva nació en la nutrida biblioteca familiar: “Soy un poco Quijote; me lancé a viajar siguiendo lecturas. He sido un gran lector desde pequeño. La Odisea, La Iliada, El Quijote –que, en mi opinión, es un grandísimo libro de viajes–, las obras de Tolkien, los clásicos de aventuras –Salgari, Verne–… y, por supuesto, cómics como los de Tintín, Astérix, Corto Maltés... Todas esas lecturas desembocaron en un afán de conocimiento que, inevitablemente, me avocaron a explorar el mundo”.

En la cordillera de Vilcabamba, donde ha descubierto un santuario de altura y una ciudad perdida de los incas. | Rafa Gutiérrez

Exploradores del abismo

La primera expedición de Garitano tuvo lugar en 2003. Después de desempeñar múltiples trabajos para lograr la financiación necesaria, realizó dos viajes seguidos a Guinea Ecuatorial, emulando al explorador vasco Manuel Iradier (1854-1911). Quería hacer un ensayo histórico sobre la aventura europea en el país desde el siglo XVIII y, además, seguir los pasos de Iradier por aquellas tierras. Pero también estaba interesado en hacer una crónica que tratara temas actuales. Así nació La aventura del Muni, libro que obtuvo el prestigioso galardón de literatura de viajes Camino del Cid y que fue prologado por Javier Reverte.

D.R.

Iradier no ha sido el único modelo para Garitano. Ahí está Richard Burton (1821-1890), del que admira su vasto conocimiento de temas tan dispares como la esgrima, la cábala, los bailes africanos... “Le envidio profundamente por ser capaz de dominar 19 idiomas”, reconoce sin pudor. No obstante, Garitano siente una especial predilección por Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1488-1559): “Era un soldado español que, tras naufragar en Florida, fue esclavizado por indios americanos. Se las ingenió para atravesar Norteamérica de costa a costa –una hazaña increíble para la época–. Y, además, logró vivir como un chamán entre los indígenas. Más tarde se negó a liderar expediciones punitivas contra los indios porque había llegado a apreciar aquellas culturas. Y cuando, posteriormente, le nombraron gobernador del Río de la Plata acabó en desgracia por proteger a las tribus locales”.

En 2012, descendiendo en kayak el río Shiripuno. Más tarde, ascendió el río Kuchiyaku, en la selva del Yasuní. Allí, convivió con la etnia de los huaorani. | Miguel Gutiérrez-Garitano

Tras los pasos de Alejandro Magno

La última expedición de Garitano le ha llevado a Pakistán en busca de tres ciudades perdidas fundadas por Alejandro Magno (356 a.C.-323 a.C.) tras la batalla de Hidaspes (326 a.C.). Garitano cree haber encontrado los restos de dos de ellas en el valle del río Jhelum: “Donde falleció su legendario caballo, Bucéfalo, Alejandro levanta una ciudad llamada Alejandría Bucéfala. En el campo de batalla donde logró la victoria funda Alejandría Nicea. Y hay testimonios de que funda otra ciudad cercana en honor de su perro de caza, Péritas. Pero sobre este último hecho hay un debate abierto”.

En la isla de Ellesmere, tras remontar un glaciar y ascender a un pico costero de más de mil metros. Durante la expedición al estrecho de Nares “Mars Gaming Northabout Expedition”. | Javier Zardoya

En la actualidad, Garitano organiza una expedición a Perú con un equipo de arqueólogos para confirmar la ubicación de las ciudades incas del reino perdido de Vilcabamba. Garitano reconoce que hay un patrón en sus viajes: “Me interesan los personajes y los lugares fronterizos, donde no llegan los convencionalismos, los estados, la presión social de cómo hay que pensar”.

Esa insaciable curiosidad, y un toque de rebeldía, le empuja a un movimiento perpetuo. “Viajar me ha hecho quien soy”, concluye. “Cuando estoy mucho tiempo sin moverme, tengo la sensación de que me convierto peor persona. Me hago más vulgar, más simple, más pequeño. Cuando estoy por el mundo con mi mochila y durmiendo al raso es cuando soy realmente yo”.