¿Tendremos miedo a viajar? Así afecta el 'síndrome de la cabaña' a nuestras ganas de ver mundo

Tenemos espíritu viajero, pero, ¿nos temblarán las piernas justo antes de subirnos al próximo avión/barco/tren?

Álvaro Martínez Fernández
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Foto: Ali Kazal

Muchas regiones de España ya han entrado en la Fase I, que alivia el confinamiento y permite salir de casa para realizar otras actividades de ocio. Hay quienes, cuando se comenzó a permitir salidas ‘diferentes’, se echaron a las calles sin pensarlo bajo la necesidad de, por ejemplo, tomar una cerveza con amigos.

Pero, como todo en esta vida, siempre hay una cara B de la moneda. A este otro lado encontramos a quienes padecen lo que se denomina ‘síndrome de la cabaña’, y cuáles son las consecuencias a largo plazo, no solo a la hora de pasar el umbral de nuestro portal, sino cuando se nos presente la oportunidad de, por ejemplo, coger un vuelo. 

Pexel

Mónica Dosil, psicóloga de Doctoralia, explica que esta patología supone “una aparición de un miedo intenso a cambiar de entorno tras un tiempo prolongado de encierro y aislamiento”. Pero no es algo novedoso ni exclusivo de esta crisis pandémica. Su origen se remonta a principios del siglo XX, donde se comenzaron a ver los primeros síntomas de este fenómeno en cazadores y buscadores de oro que pasaban meses enteros aislados en sus cabañas. Fue en este momento, como nos cuenta la experta, cuando se comenzó a llamar a estos síntomas como ‘Cabin Fever’, su nombre original.

Hoy, este síndrome se puede manifestar en “síntomas de desconfianza, agobio, intranquilidad, miedo y ansiedad”, y es más frecuente que lo padezcan “niños, ancianos y personas con sintomatología de ansiedad e hipocondría”, según Dosil.

¿Y qué pasa con nuestras ansias de trotamundos?

Como buenos viajeros, nos preguntamos cómo pueden afectar estos síntomas a los futuros desplazamientos que podamos hacer. Buenas noticias: en principio, como nos cuenta la experta, “es fácil superar el síndrome de la cabaña, se necesitaría una pauta progresiva de exposición al malestar mientras se va normalizando la situación”. Dicho llanamente: intentar salir de casa para darnos cuenta de que el problema lo estamos generando nosotros mismos, aunque con cautela:  si nos dejamos llevar por los síntomas y no somos capaces de controlarlos, “podrían desembocar en agorafobia, en los peores casos”.

Nellia Kurme

Respecto a los futuros viajes, la experta apunta que, para todas esas personas con un espíritu de ver mundo, con este fenómeno pasa igual que con las personas que tienen miedo a volar. “La motivación por descubrir nuevos lugares compensará el malestar que puedan sentir por este síndrome”, aunque, matiza, "todo dependerá de la persona".

En el lado menos amable de este síndrome, “algunos pueden dejarse arrastrar por el temor y decidirán permanecer en un entorno seguro”, nos cuenta Dosil, y es que afecta a todo lo que tiene que ver con salir de casa en un ambiente nuevo, por eso, “si tu región o país te parece inseguro más te lo parecerán el resto” y, por ende, más se agudizarán los síntomas. En definitiva: lo más adecuado es hacer nuestra propia "desescalada" si padecemos el síndrome de la cabaña, ir haciendo escapadas a lugares cercanos poco a poco, ir sintiéndonos cómodos con la nueva situación y no plantear un viaje largo hasta que tengamos muy claro que lo queremos hacer. 

Por otro lado, Dosil afirma que “este síndrome no tendría efectos a largo plazo”, si bien se presentará en las vidas de quienes lo hayan padecido como una especie de muesca en sus recuerdos, haciendo que estas personas “se planteen riesgos en los que hasta ahora no habían reparado”. Dosil concluye con una buena noticia: “el futuro respecto al síndrome de la cabaña es esperanzador”, lo que se traduce directamente en que los viajeros “irán acrecentando su deseo de viajar en el momento en que se levante la cuarentena de forma global”.