Miami, epicentro latino en expansión, por Carlos Carnicero

Los cubanos ya no están solos en Miami, pero su élite manda en la administración, las finanzas y en los business.

Carlos Carnicero
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Foto: Ximena Maier

En la Terminal 2 del aeropuerto José Martí esperan casi doscientos norteamericanos para tomar el avión a Miami. La mayoría es de edad relativamente avanzada. Son los nuevos turistas de Cuba, con alto poder adquisitivo y cultural que flipan con los encantos de la isla. Han visitado La Habana, acogiéndose al levantamiento parcial de la prohibición de viajar a Cuba que ha establecido la administración Obama. A mí me toca esperar un vuelo a Nassau (Bahamas), uno de los vericuetos para que un residente en Cuba viaje a Estados Unidos.

En el aeropuerto de la capital de Bahamas están establecidas la frontera y la aduana de los Estados Unidos. El oficial de inmigración me interroga cortés y severamente sobre mi estancia en Cuba. Arte de magia. Pulsa un botón y sale en pantalla la fotografía de mi maleta en la cinta de facturación. "¿Es este su equipaje?", me pregunta divertido por mi sobresalto. "Es una maleta idéntica a la mía", digo con precaución. "Decláreme qué objetos ha comprado en Cuba y pretende introducir en los Estados Unidos". "Nada, excepto una caja de tabaco cubano", le contesto. "¿Qué va a hacer usted con ella?". "Disfrutar despacio del mejor tabaco del mundo".

Existen muchos prejuicios sobre Miami, relacionados con una visión de universo de nuevos ricos que Tom Wolfe ha desparramado en su última novela, Bloody Miami. Quien desee observar de cerca ese mundo deberá trasladarse a la zona más bulliciosa del Beach. Coches de lujo ronronean despacio para que sus conductores se dejen ver al lado de grandes hoteles de lujo, sofisticadas discotecas y mujeres llamativas y escasamente discretas. Es un espacio gay friendly en donde el culto al cuerpo es el resultado de la proliferación de gimnasios y salones de estética.

La Lincoln Road es una especie de sofisticada calle Preciados donde anidan las mejores marcas, restaurantes de cocina latinoamericana de todos los extremos y terrazas de tragos y comida que están abiertos al sol durante todo el año. Para todos aquellos que piensen en un lugar tranquilo para una jubilación apacible con su plan de pensiones, los precios de los apartamentos no tienen nada que ver con los de Europa. Hay rincones apacibles, como Venetian Way, escondido en uno de los múltiples puentes que unen la ciudad de Miami con el Beach, donde el tránsito es escaso por la única razón de que existe un pequeño peaje para los automóviles. Asomada esta vía a la Biscayne Bay, el rigor del invierno de Miami permite bañarse en la piscina durante todo el año, observar la salida y la puesta de sol sin necesidad de ser narcotraficante o millonario, o ambas cosas a la vez.

A tiro de piedra está el universo bullicioso del Beach, el Downtown y todos los condados de Miami unidos por excelentes redes de transporte público. El catálogo de tribus urbanas de toda Latinoamérica ya no es patrimonio exclusivo de los cubanos, que en sucesivas generaciones se han instalado aquí. La élite cubana manda en Miami. En la administración, en las finanzas y en los business... Ya no están solos. Colombianos, dominicanos, naturalmente portorriqueños, y procedentes de Honduras, Nicaragua y Costa Rica han tomado posiciones para establecer la primacía de este epicentro latino en los Estados Unidos.

En contra de lo que se pueda pensar, solo el lujo elevado es caro en Miami. La compra diaria es sensiblemente más barata que en España y la oferta internacional se extiende del extremo oriente a la más sofisticada Europa sin excluir todos los ingredientes de la cocina de cualquier rincón latinoamericano. Comer bien puede ser muy barato si se bucea en este universo de comida latina.

Despegué de Miami, después de muchos años de ausencia, atrapado por un misterioso imán que por reacción deshizo muchos prejuicios. La vieja Europa deteriorada por la crisis y la pérdida del estado del bienestar estaba en el otro extremo. Prácticamente desde mi escala en Madrid continué rumbo a Zimbabue, con una parada en Dubái. Este choque de culturas contrapuestas y mundos divergentes me expuso ante mí una España que casi se identifica solo por Messi y Ronaldo. Pensé que nos estamos quedando fuera de la cartografía del mundo que se dibuja.