Mejor besar elefantes, por Carlos Carnicero

Ahora, en medio de la indignación, he pensado viajar al corazón de África y tratar de besar a un elefante en la frente.

Carlos Carnicero
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Foto: Ximena Maier

La caza es una afición de jugadores de ventaja. Matar un animal con una escopeta o con un rifle convierte la cacería en una actividad peligrosa solo porque se te puede disparar el arma contra ti mismo o contra tus compañeros de andanzas; accidentes de caza. El origen de la caza fue la supervivencia. Entonces había que cazar para comer. Hoy es una actividad que practican muchas personas en España y en el mundo. La caza es ecológica cuando sirve para controlar el tamaño de las poblaciones que se expanden. Lo demás, es sacrificio de vidas por el placer de matar. No me inspira, pero respeto la caza controlada. Me cuesta mucho matar una cucaracha y no puedo acabar directamente con un ratón. A los que no se pueden resistir a la demostración de poderío matando un elefante o un rinoceronte se les podría organizar un parque temático para que dispararan rifles con balas de pintura.

África es un continente mágico. Tiene rincones muy especiales en donde la vida animal y la flora constituyen el epicentro de su diferencia. ¿Por qué matar elefantes, leones, rinocerontes u otras especies en extinción? Peligran las especies protegidas porque hay cazadores que anteponen el placer de exterminarlas a la razón de protegerlas. Es, sobre todo, la caza mayor un gran negocio. Los señoritos que no encuentran forma de dar utilidad al excedente de sus fortunas quieren una foto junto a un elefante muerto. ¡Es lo más! Es, sobre todo, una demostración de poder económico. Cuanto más grande sea la pieza, más poder se demuestra. Es una forma de machismo en el que el poderoso se da el lujo de matar a especies en decadencia.

Las empresas de safaris de lujo trasladan el confort de un hotel de cinco estrellas a pie de matadero. A los señoritos les acompañan cazadores expertos para su seguridad. El segundo tiro definitivo está asegurado. No hay noticias recientes de que un elefante aplaste la cabeza de un turista cazador. La bala de alto calibre es más rápida que la más veloz de las carreras.

No tengo ahora posición para ir a besar elefantes. Me apasionaría ese viaje para contemplar la vida de las especies más grandes, más bellas y acorraladas por la estupidez del hombre poderoso. Y para rendirles tributo de mi respeto y mi cariño.

Los cazadores de grandes piezas lo hacen a hurtadillas. Solo se les descubre cuando caen en el narcisismo de retratarse con su víctima. Forma parte de este rito tribal, como la confirmación de su victoria sobre la belleza animal.

El elefante es un animal mítico, poderoso. Ha sido domesticado por el hombre, pero nunca ha perdido su fiereza, su instinto de defensa. El tráfico de sus colmillos de marfil ha intentado ser controlado para evitar el acicate que ejerce sobre los desalmados la matanza de esta especie por la rentabilidad económica que provee.

Sabíamos de la dualidad del Rey de España: presidente de asociaciones protectoras de animales y fanático cazador. La caza mayor sirve también para el ejercicio de tráfico de influencias. Los poderosos hacen negocio a la sombra de una escopeta o un rifle de precisión, y de la pieza abatida. Es otra liturgia del poder: el macho mata y después negocia. Representa una forma de juego infantil para comprobar quién tiene el pene más largo en la similitud de un rifle con un falo.

Cada uno, en la vida, se retrata no solo por lo que hace sino con los amigos con los que comparte. Nunca he asistido a una cacería. Nunca he disparado a un animal. Nunca he podido ir a un safari fotográfico. Ahora, en medio de una indignación por la falta de ejemplaridad de quienes son servidores de esa exigencia, he pensado en empezar a ahorrar para viajar a la África más escondida y tratar de besar a un elefante. En esa dialéctica entre la vida y la muerte, estoy con la vida: plena, brillante, libre, poderosa. Estoy con la víctima; no con el verdugo. Por eso quiero besar a un elefante en la frente en el corazón de África.