Maldivas de isla en isla (ahora también para viajeros independientes)

Maldivas ya no es solo para lunas de miel en el resort. Los viajeros independientes pueden optar por combinar las paradisiacas estancias en hoteles-islas con algunas noches en los económicos nuevos hostales de las poblaciones locales.

Rafael de Rojas
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Foto: ISTOCK

Desde que Maldivas, de mayoría musulmana y muy conservadora, abrió al turismo más islas que las islas-hotel, se empezaron a instalar pequeños alojamientos en las poblaciones locales. Desde 2009 es posible recorrer muchas de las islas en ferry como viajero independiente, una opción que está creciendo rápidamente estos últimos años con la apertura de numerosos nuevos alojamientos. Aquí, te recomendamos qué hacer y dónde ir tanto si vas a un hotel de lujo como si eres un viajero independiente.

Elegir resort o viaje independiente

Maldivas no te va a decepcionar en ningún caso. Sus argumentos básicos son omnipresentes en cualquier tipo de viaje: la arena fina, las barreras de coral, la vida subacuática y la atmósfera de paraíso. Los que vayan a uno de los exclusivos resorts van a encontrarse con la sensación de que todo está hecho para reforzar la idea previa sobre este archipiélago de casi 1.200 islas. El personal del hotel es siempre extremadamente servicial, la barrera de coral suele estar a tan solo unos metros de tu habitación (o a una deliciosa excursión en barco de distancia) y la arena, los cocoteros sobre la playa y el propio mar forman parte de un entorno a la vez lujoso y exuberantemente natural. Si eliges alojarte en un palafito, el Índico te rodea y probablemente puedas ver los peces desde tu habitación a través de un suelo de cristal. El resto de las villas dan directamente a la arena. En cualquier caso, el asfalto está descartado y en recepción caminas (descalzo) sobre madera.

Entre las opciones que tienes en cualquier hotel de lujo figuran siempre estrenar bañador y beberte una cerveza. Pero en las islas locales, la costumbre e incluso la ley no permite ni el alcohol ni el destape. Las mujeres se bañan en el mar totalmente vestidas y los hombres con camiseta. A cambio, en estas islas convives con la población local, estricta, pero amable. Si no eliges los puntos que empiezan a estar más saturados por el turismo tendrás las clásicas playas de postal para ti igualmente. Y siempre puedes contactar con los pescadores locales o con los servicios de excursiones acuáticas para que te faciliten jornadas de esnórquel o días de laxitud playera en alguna de las islas no habitadas, incluyendo comidas con mesa, silla y alimentos recién pescados. En los alojamientos locales se gana aventura y se pierde desconexión.

Las islas-hotel de Maldivas son una de las ficciones más bellas del mundo turístico, así que, por una vez, por muy mochilero que sea nuestro espíritu, hay que planteárselo. La diferencia es, claro, el precio. Una noche en el más barato de los hoteles de lujo cuesta, como mínimo, cinco veces más que en uno de los hostales locales, cuyos precios parten de 30 ó 50 euros la noche, dependiendo de la temporada. A cambio, las instalaciones difieren también en un porcentaje similar. Los nativos suelen proporcionar mobiliario básico y un sentido naif y colorista de la decoración. La comida también es más sobria y más auténtica. Los alojamientos suelen ser limpios, pero no se puede decir lo mismo de las localidades y sus alrededores. La vida en Maldivas, en un archipiélago apartado del mundo con solo 300 kilómetros de tierra firme, tiene aspectos problemáticos como la gestión de residuos, que se tratan en una isla destinada a ello.

De isla en isla

Entre los 26 atolones que componen Maldivas hay islas para todos los gustos. En el centro está Male, la isla que contiene el aeropuerto internacional por el que todos los visitantes pasan y la capital del país. Con cerca de 100.000 habitantes, se parece poco a todo lo demás: asfalto, tráfico intenso y edificios de pisos. Si vas a pasar unas horas allí, lo mejor es emplearlas en recorrer su puerto deportivo, que incluye un peculiar mercado con una variedad inmensa de pescados y el Museo Nacional, que contiene todas las curiosidades históricas de Maldivas.

Desde Male salen también los ferris regulares con los que se pueden visitar multitud de islas y los transfer en barco o hidroavión a los hoteles. El Ferry Nacional (www.mtcc.com.mv) es barato, pero lento. Un viaje entre atolones lejanos puede costar poco más de 5 euros, pero habrá que efectuar diversas conexiones que pueden llegar a tardar más de 24 horas. También se pueden tomar vuelos internos con Maldivian (www.maldivian.aero) o FlyMe (www.flyme.mv), que aterrizan en los nuevos aeropuertos que se han ido creando en los últimos años para las conexiones domésticas.

Entre los atolones que más vale la pena visitar el más remoto es Haa Dhaalu, en el extremo norte del archipiélago. Su lejanía implica también un escaso desarrollo turístico y lo convierten en un buen lugar para conocer la vida tradicional en Maldivas. Además, muchas de sus islas tocan el arrecife conocido como Macro Spot. Allì, Hanimaadhoo contiene uno de los mejores hoteles para viajeros independientes, el Asseyri Tourist Inn (www.asseyri.travel/com), ecológico, con 6 grandes habitaciones y un jardín tropical natural alrededor.

Mucho más fácilmente accesible es Thulusdhoo, un enclave para surferos al norte de Male. La isla contiene la única fábrica de Coca-Cola del mundo en la que la bebida se hace con agua marina purificada. Esta excentricidad da nombre al hostal surfero más popular de la isla, el Cokes Surf Shack (www.cokessurfshack.com), un lugar de ambiente relajado con acceso directo a dos de las mejores olas de Maldivas. Desde aquí, además, se puede organizar una expedición de buceo para ver los tiburones martillo en el atolón de Rasdhoo.

A tan solo dos horas al sur de Male está Maafushi, la isla más popular para los viajeros independientes. Su desarrollo turístico hace que contenga muchos servicios a precios competitivos, como excursiones de buceo, una playa para turistas en la que no preocuparse del vestuario, buenos restaurantes y más de 30 hostales de todos los tipos. También las costumbres son más relajadas y no hay que preocuparse tanto por la forma de vestir. A cambio, el espacio se comparte con un buen número de turistas, lo que le resta una buena parte de autenticidad. Maafushi es un buen enclave para contratar una excursión de visita al tiburón ballena, un enorme mamífero que llega a ser tan grande como un autobús y que se alimenta tan solo de plancton.

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En los atolones del sur está Fuamulaku, la isla más grande del país, que combina unas playas de postal con uno de los desarrollos urbanos más auténticos de Maldivas. La naturaleza aquí incluye dos lagunas y mucha vegetación, entre ella frutales que proporcionan piñas, papayas, mangos y naranjas. Se puede dormir por unos cien euros en Viluxer Retreat (www.viluxer.com), céntrico, pero a la vez junto al mar, como pasa en muchos casos en los hoteles del archipiélago.

También en el sur, en el atolón de Laamu (con aeropuerto y 12 islas habitadas), está Gan, que cuenta con una gran oferta natural y una carretera que le conecta con otras tres islas, lo que la convierte en un destino perfecto para el island hopping, pero sin tener que embarcarse. En esta isla, la más larga de Maldivas, hay un extenso lago, seis puntos con buenas olas para los surfistas, zonas de buceo aún poco exploradas y restos arqueológicos budistas anteriores a la dominación musulmana.

Como la experiencia no puede estar completa sin conocer alguno de los resorts, es una buena idea pasar alguno hacer noche en el más nuevo de todos, Dhigali (dhigali.com). Inaugurado este verano, ocupa la isla homónima del atolón de Raa. Sus instalaciones de madera y su color blanco invitan a una jornada de paz, junto con el spa y el coqueto bar del atardecer en uno de los extremos de la isla. Se puede dormir en un palafito o en las villas de playa, algunas de ellas con su propia piscina. El hotel es la más reciente creación de Universal Resorts, una marca clásica en Maldivas (con hoteles tan reconocidos como Kurumba, Kuramathi y Velassaru) fácil de reservar en España a través de Viajes El Corte Inglés.

Elegir cuándo y cómo ir

Las temporadas altas y bajas en Maldivas figuran entre las más complejas del mundo, ya que dependen de cada hotel y de la procedencia de sus huéspedes. Los europeos del norte suelen ir en los meses fríos, y llenan los hoteles especialmente en Navidad y Semana Santa. Justo después de estas fechas y hasta julio es un buen momento para visitar el archipiélago, aunque hay que tener en cuenta que coincide con la época de lluvias. La otra temporada baja discurre entre septiembre y diciembre.

Si eres un viajero independiente es interesante que compres los billetes con unos 5 ó 6 meses de antelación. Además de poder encontrar raras ofertas de entre 300 y 400 euros, podrás hallar billetes habitualmente por el doble de ese precio. La aerolínea Qatar Airways (www.qatarairways.com) destaca a la hora de viajar al archipiélago. Sus vuelos, vía Doha, tienen una primera clase multipremiada con una apreciable carta de comidas y bebidas e incluso pijama y zapatillas para que el viaje ni se note. El aeropuerto de Doha cuenta con una Terminal Premium para sus clientes de las clases superiores. Tiene camas, jacuzzi, un amplio espacio repleto de puestos de cocina y hasta una sala de juegos.