Estos son los lugares por los que Ava Gardner se enamoró de Madrid

Un mapa ilustrado recorre los rincones favoritos de la diva en la capital

Noelia Ferreiro
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Foto: RP / GTRES

Cuentan que en el salón de té de La Mallorquina se atiborraba a tertulias y bombones. Y que adoraba el consomé del Lhardy acompañado de una copita de Tokay. Que en San Ginés, chapurreando español, apuraba el chocolate con churros en esa hora incierta en que no se sabe si la noche acaba o arranca el día. Y que en el Café Comercial, con el trasiego de la calle tras el cristal, ocultaba la resaca tras unas gafas de sol.

MGM

Eran los años 60 del siglo pasado y Ava Gardner devoraba cada rincón de Madrid con la ferocidad de una loba, dejando tras de sí un torbellino de libertad. Días de compras y derroches (como cuando adquirió su icónico bolso de piel de cocodrilo en la boutique Loewe de la Gran Vía) y noches incombustibles aderezadas de tabaco y alcohol, de toreros y farándula, de fiesta perpetua que tarde o temprano recalaba en Chicote, el local que estará para siempre asociado al animal más hermoso del mundo.

Huella indeleble

La diva dejó su estela allá por donde pasó y hoy mitómanos y fetichistas también pueden seguir sus pasos por la capital. Para ello el Ayuntamiento de Madrid ha editado un mapa cultural ilustrado. Algo así como una guía visual que ofrece un recorrido por los lugares vinculados a la actriz: desde el Corral de la Morería hasta el Florida Park, o desde la plaza de toros de las Ventas hasta su adorado Rastro.

Jorge Arévalo y Manuel Vicent

Con las ilustraciones del dibujante Jorge Arévalo y con el texto magistral del escritor Manuel Vicent, que ha publicado recientemente la novela Ava en la noche (Editorial Alfaguara), esta suerte de catálogo recorre aquel Madrid que, en un tiempo, fue un extraño paraíso para los artistas de Hollywood. Aquel Madrid en el que la reina de la noche podía cruzarse con Orson Welles en la Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana o con Frank Sinatra en el Cock.

Todo un mito

Como apunta el texto de Vincent, “nadie era nadie en Madrid si no le había encendido un cigarrillo a Ava Gardner (…). Pero si la buscabas en cualquiera de los colmaos donde solía abrevar, sucedía que no había llegado todavía o se acababa de marchar o hacía tiempo que no sabían nada de ella”. La estrella fue todo un mito en la vida social del siglo XX desde su llegada a la Costa Brava en 1953 para el rodaje de la película Pandora y el holandés errante. Atraída por ese latente exotismo español reprimido aún por la dictadura franquista, halló su lugar en la capital, donde residió durante trece años.

Grandes pasiones

Ava exprimió esta ciudad como nadie en forma de fiestas clandestinas, juergas flamencas y amores volcánicos. “Los camareros, los taxistas, los guardacoches, los mendigos que pedían limosna en la puerta de los tablaos te decían que nunca habían visto una mujer más bella, aun con el rímel corrido al final de una juerga”, recuerda Vincent.

Bettmann

Eso hasta que en 1967 se marchó a Londres para nunca volver a esa España que despertó todas sus pasiones. A ese Madrid en el que, como ella misma señaló, vivió su libertad hasta el paroxismo.