Lleida: ríos caudalosos, bosques ancestrales, constelaciones de lagos y montañas infinitas

La provincia catalana impulsa el turismo sostenible como solución para alejarse de la pandemia, con una fascinante batería de posibilidades cercanas, accesibles y aptas para todos los públicos

Alfredo Merino
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Foto: Dabitxu7 / ISTOCK

El mirador del Castell de Mur es un destino recurrente de la comarca del Pallars Jussà. Desde sus alturas se contempla un panorama de relieves acomodados al paso del tiempo. También es posible asistir desde sus alturas a otro atractivo muy diferente, el de las cerradas nieblas que esconden valles y pliegues, como si el paisaje se hubiera puesto un abrigo de mullido algodón. Especialmente frecuentes durante los inviernos, estos bancos de nubes incapaces de volar condicionan la vida de la comarca. Hasta el punto de que hace unos años, estas boiras formaron parte de una iniciativa turística de la región. La niebla mola fue el eslogan de una campaña que animaba a pasear por los campos neblinosos y perderse en su mágico ambiente. 

Iglesia románica San Clemente de Taüll. | xavierarnau / ISTOCK

Otra niebla menos sugerente permanece desde hace más de un año tendida sobre estas comarcas y, también, sobre el resto del país y del mundo entero. Se llama covid-19 y nos ha calado hasta los huesos, dejándonos una tiritera de tal calibre, que las nieblas más cerradas que surgen en las depresiones del Ebro, el Segre y el Noguera Ribagorçana serían incapaces de causar. Estas nieblas del coronavirus no tienen un lado bueno, siendo el turismo uno de los sectores a los que más ha perjudicado. Sumido en una crisis sin precedentes, ha tenido que reinventarse en los estrechos márgenes de algo extraño llamado nueva normalidad. Y en esto andan afanados en Lleida.

De las Terres de l’Ebre hasta el Alt Pirineu, del valle de Arán a Les Garrigues, disposiciones públicas e iniciativas privadas se empeñan en seguir adelante con nuevos bríos. Mimbres no faltan. Ganas de disfrutarlos tampoco. El miedo al contagio y las prohibiciones han eliminado los viajes lejanos y han propiciado la huida de los destinos tumultuosos. La vista ha girado hacia el interior y el objetivo ha puesto el punto de mira en el campo, el mundo rural y sus tradiciones, la naturaleza y sus mil y una posibilidades. 

CON CERTIFICADO BIOSFERA

Lleida combina estos ingredientes en un cóctel tan irresistible como apto para todos los gustos y posibilidades. El conocido turismo verde, también llamado ecoturismo y turismo sostenible, es un asunto de proximidad, de vuelta a los orígenes, de revisión de las tradiciones y del patrimonio, de gusto por lo sencillo, lo asequible y lo cotidiano. Algo que brota en la provincia catalana como mana el agua de sus fuentes. La Val d'Aran ostenta el certificado Biosfera, otorgado por la Unesco a aquellos destinos en los que la sostenibilidad de su modelo turístico es un objetivo prioritario. El Patronato de Turismo trabaja para conseguir que este reconocimiento se pueda hacer extensible, lo más pronto posible, al conjunto del Pirineo y las Terres de Lleida.

Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de Sant Maurici. | Dabitxu7 / ISTOCK

Ríos caudalosos, bosques ancestrales, constelaciones de lagos, montañas inacabables, una red de senderos milimétricamente marcados. Barrancos, paredones y campiñas. En definitiva, naturaleza en estado puro por los cuatro costados y su disfrute responsable son las cartas de presentación para lograrlo. Es evidente que las actividades al aire libre son parte decisiva de las posibilidades que ofrece la provincia catalana. La exquisita oferta cultural y eso que ha dado llamarse ocio del bienestar son complemento perfecto. Sea la comarca que sea, se trate del destino que se trate, es posible combinar en el mismo día una larga caminata, el paseo por el mejor arte románico y la reparadora estancia en cualquier spa, poniendo punto final a la jornada con la degustación de un menú a base de las rotundas especialidades de la cocina ilerdense. Vamos a ello.

El congost de Mont-rebei es una de las referencias de este turismo. Singular camino tallado en la roca, cuelga sobre el tajo abierto por el río Noguera Ribagorçana, frontera natural entre el Pallars Jussà catalán y la Ribagorza aragonesa. Su espectacularidad junto con la belleza del desfiladero que cruza hacen obligado recorrerlo. Carece de la menor dificultad, aunque es cierto que se debe caminar con el mayor cuidado, siendo el vértigo al abismo compañero de toda la travesía. Se ha hecho tan popular este sendero que es obligado reservar días antes para tener plaza en el aparcamiento situado en la entrada del paraje. Actualmente, el congost lleva unos meses cerrado a causa de unos desprendimientos de rocas, en el límite entre los municipios de Àger y Sant Esteve de la Sarga, y de momento no se tiene una fecha para reparar este tramo. 

En kayak por el congost de Mont-rebei. | Xavier Lorenzo / ISTOCK

Y aunque andar es lo que hacen la mayoría de los visitantes de Mont-rebei, hay más posibilidades. Cien metros por debajo del camino, el Noguera Ribagorçana es escenario para el piragüismo. Quienes no tengan la forma física adecuada, no deben preocuparse, el catamarán turístico que aquí tiene puerto les llevará por los mismos parajes sin el menor esfuerzo.

Muchos metros más arriba, los amantes del riesgo tienen su sitio. Las paredes del Congosto son uno de los mejores destinos de Europa para la escalada, sin olvidarse del buen ramillete de vías ferratas equipadas en la roca caliza.

Ciclista en el Alt Pirineu.  | Petermooy / ISTOCK

Más arriba todavía, los que se entretienen colgándose en el aire tienen aquí su particular meca. Estas sierras del Montsec son una reconocida referencia mundial para los deportes aéreos. Parapente, ala delta, paramotor y vuelo tándem han encontrado en las condiciones de este enclave de las serranías ilerdenses el paraíso. Comprobarlo es tan fácil como visitar la cercana Áger. Los que buscan algo menos aventurero sin bajarse del aire deben recurrir al relajante paseo a bordo de un globo aerostático en tierras del Cinca y el Segre.

EL ENCANTO DE LOS MIL LAGOS

Apenas 60 km más al norte, a las ocho de la mañana de cualquier día entre junio y noviembre, el tumulto invade la pequeña plaza sobre la iglesia de San Joan. Estamos en Boí, epicentro de la Vall de Boí, enclave mundialmente conocido por atesorar el mayor conjunto de iglesias románicas, declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Estany d'Ivars i Vila-sana. | Oriol Clavera

A esa temprana hora comienza la salida de los taxis que llevan a turistas, montañeros, excursionistas y simples curiosos al Planell d’Aigüestortes. Es un corto recorrido, pero no hay otra manera de hacerlo, pues solo se permite el paso de los vehículos autorizados, ya que se adentra en un espacio natural protegido. La medida quiere proteger dos cosas que aquí son lo más importante: la naturaleza del entorno y a sus habitantes, creando puestos de trabajo para que no abandonen el valle.

Estamos en el Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de Sant Maurici, uno de los espacios naturales con mayor belleza y personalidad de los Pirineos, que acaba de celebrar 65 años de excelencia en su gestión desde su creación. Escenario privilegiado para los deportes de montaña, se distingue por su concentración de lagos y extensiones de bosques, rodeados de una geografía salvaje de altas montañas, entre las que es obligado destacar los Encantats, singulares cumbres cuyos afilados perfiles remiten a su legendario origen.

Castell de Mur. | Consell Comarcal del Pallars Jussà

Aunque la mayor parte de los visitantes del espacio natural se concentran en torno al lago de Sant Maurici, lo recomendable es cualquiera de sus rutas, perfectamente señalizadas, que invitan a descubrir maravillas como la cascada Ratera y las agujas de Amitges. Si se quiere más marcha, se puede cruzar el parque nacional de la Vall de Boí al de Àneu, o triscar por la mítica Carros de Foc, Carros de Fuego, travesía que une los nueve refugios del lugar y que exige entre cinco y siete días de dura caminata. 

Los ríos siempre han sido los otros caminos de estas tierras. Hace tiempo cayeron en desuso como vías de comunicación y transporte, pero uno de ellos, el Noguera Pallaresa, mantiene su vigencia y no por bajar troncos precisamente. Fue en sus aguas tumultuosas donde en los ochenta los ríos del Estado español vieron nacer los deportes de aguas bravas. Desde entonces es referente absoluto para practicar rafting, hydrospeed y open kayak. 

Cascada Ojos del Diablo en L'Artiga de Lin. | JAVIER SANCHEZ

El Valle de Arán marca el norte del parque nacional. La áspera geografía pirenaica lo mantuvo cerrado durante siglos al exterior. Hoy abre sus brazos, desbordantes de un montón de posibilidades de ocio y turismo. De naturaleza y sostenibles, por supuesto, complementadas con otras hedonistas y placenteras. En invierno no es necesario hablar del valle; es de sobra conocido por albergar en su cabecera Baqueira Beret, nuestra estación de esquí más internacional. En verano la cosa es diferente, pero con idénticas buenas maneras. Buena prueba es que el estío pasado, nada más acabar el confinamiento de tres meses impuesto por la pandemia, se batieron los récords de ocupación y participación de actividades. Este año va camino de hacer lo mismo.

INICIATIVAS SENDERISTAS

No es extraño. El senderismo es actividad preferente, pero también lo es el ciclismo de montaña, con recorridos específicos para este deporte, evitando el conflicto entre ciclistas y caminantes, algo cotidiano en tantos otros lugares. Admirarse del vuelo que dan las aguas en el Saut deth Pish o de Pomèro, adentrarse en la Artiga de Lin, en el Parque Nacional de Aigüestortes, subir al Montarto, la montaña emblemática de Arán, opciones de turismo activo que no quitan sitio a actividades más pausadas, como es el caso de la visita al cementerio de Bausen, el más pequeño del mundo, o a la exclusiva e inimaginable piscifactoría de Nacarii, en cuyas piscinas se crían esturiones y se produce caviar, o un recorrido por las iglesias del valle, donde se conservan valiosos ejemplos del arte románico, como el Cristo de Mig Aran, talla policromada del siglo XIII que se custodia en Sant Miquèu de Vielha.

La constelación de restaurantes y la cuidada oferta hotelera, en la que no faltan dos paradores nacionales, completan ese mundo aparte llamado Arán.
En busca del mejor disfrute viajero sostenible, caminar tal vez sea la opción más integradora y menos agresiva con el medio. Aquí es obligado subirse a iniciativas senderistas como Camins Tradicionals dels Pirineus, Camina Pirineus o La Taula de Camins impulsada por el Idapa, el Instituto para el Desarrollo y la Promoción del Alto Pirineo y Arán. Su conjunto conforma una malla de caminos pedestres de 800 kilómetros que conectan Arán con el Alt Urgell, la Cerdanya, el Pallars Sobirà, el Pallars Jussà, la Alta Ribagorça, la Noguera y el Solsonès. 

naturalista / ISTOCK

Ya en la plana ilerdense se descubren otras posibilidades turísticas no menos comprometidas con el planeta. La batería es tan amplia como apetecible: fruiturismo, oleoturismo, slow tourism, paleoturismo y turismo ornitológico son algunas de ellas. Con paseos a pie, en bicicleta o incluso a bordo de un globo aerostático es una experiencia inolvidable sacudirse el invierno con el singular hanami de contemplar en primavera el océano rosado de los melocotoneros y almendrales que crecen en lugares como Aitona, Albatàrrec, Seròs, La Granja d’Escarp, Soses y Montoliu. 

La corriente internacional slow tourism es asunto cotidiano. Esta modalidad, mejor llamarla turismo sin prisas, busca la integración con el medio mediante originales actividades. El proyecto Espacios Naturales de las comarcas del Poniente es difícil de resistir: observación nocturna de murciélagos, construcción de cajas nido, fotografía de naturaleza y sesiones de relajación, complementado todo con la poderosa gastronomía de proximidad y la amplia red de alojamientos rurales que tienen por bandera la autosuficiencia energética. Ahora Lleida es turismo sostenible por los cuatro costados.

DE NUESTROS ORÍGENES A LAS ESTRELLAS

Con un registro geológico que se remonta a los últimos 550 millones de años de la historia de la Tierra, el Geoparc Orígens propone un viaje a nuestros orígenes. Situado al sur de los Pirineos, la denominación de este espacio ha sido concedida por la Unesco en reconocimiento de los valores geológicos de su territorio. En lugares como el Centro de Visitantes del Geoparque en Tremp se organizan rutas temáticas y visitas guiadas y se descubre la formación del paisaje y la evolución de la vida desde antes de los dinosaurios. De nuestros orígenes a las estrellas.

Roca del Bolet.  | Geoparque Orígens/Kike Herrero

Varias comarcas ilerdenses, como el Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de Sant Maurici y la Sierra del Montsec, han recibido el marchamo igualmente avalado por la Unesco de Destino Turístico Starlight, que se concede a aquellos enclaves cuyas condiciones ambientales los convierten en privilegiados puntos de observación de los astros del firmamento. En el Montsec se encuentra el Parque Astronómico del Montsec. Situado a una altura de 1.570 m, es el más avanzado de Cataluña. En la búsqueda de la excelencia, Lleida aspira a convertirse en la zona más extensa del continente europeo con protección lumínica. Para más información, contactar con el Patronato de Turismo de la Diputación de Lleida, aralleida.cat o llamar al teléfono 973 24 54 08.

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