Leica M: todo un clásico incombustible

Existen aficionados y profesionales de la fotografía que continúan encantados con las prestaciones que consiguen viajando con una sencilla cámara de visor simple como la mítica Leica M. Es un equipo caro que, no obstante, cuenta con un amplio mercado de segunda mano donde los precios resultan más razonables.

Tino Soriano

La primera vez que utilicé una Leica M me salieron unas fotografías terribles. La estrené durante un viaje a Indonesia y soy incapaz de evocar una sola imagen que valiera la pena. Las fotografías que tomé más tarde no fueron mejores, así que intenté cambiar mi flamante M-6 por una cámara réflex.
La suerte fue que no lo conseguí. Con una cierta perspec- ahora puedo afirmar que los reportajes más memorables en los quince años que han transcurrido desde que compré mi primera Leica M los he hecho con esta cámara. Claro que en aquellos primeros tiempos una afirmación como ésta, yo mismo la habría considerado una majadería.
¿Si trabajaba como fotógrafo profesional para diversos medios nacionales, por qué mis fo- el tiempo obtuve la respuesta. Tenía que empezar otra vez. Fotografiar con una Leica M es otro concepto, otra manera de mirar, no equiparable a cómo vemos el mundo por el visor de una cámara réflex. Son dos maneras distintas de tomar fotos, de la misma manera que el tenis y el squash no es lo mismo, aunque se practican con una raqueta parecida.
"Empezar" no significa ir a una escuela y aprender otra vez teoría fotográfica. Cuando se utiliza una Leica el fotógrafo actúa diferente porque, entre otras razones, observa la escena completamente a foco por el visor. Es importante, trabajando con estas cámaras, ahondar en el concepto "profundidad de campo". En el visor de una cámara réflex se aprecian las áreas desenfocadas del encuadre en consonancia con la lente que utiliza. Por su tecnología aparece la imagen con el máximo desenfoque, puesto que el diafragma está a su máxima abertura para que pase tanta luz como sea posible. Pero la foto final siempre varía con respecto a lo que se veía, en el probable caso que utilice una exposición con un diafragma más pequeño.
Al contrario, con una Leica M el razonamiento es el siguiente: "¿Qué diafragma debería utilizar para captar lo que observo por el visor?". Puesto que estas cámaras se suelen usar con ópticas angulares o con el normal, si cierra un poco la exposición obtendrá imágenes próximas a sus pretensiones.
Encuadre geométrico
La guinda de una cámara de visor simple es el control del momento. Mientras que una réflex pierde la visión cuando el espejo basculante está levantado, con una Leica verá lo que sucede exactamente mientras está pulsando el disparador. Verá con claridad si el personaje ha cerrado los ojos o muestra una expresión poco interesante, si ha invadido la toma un objeto inesperado que incrementa el interés de la composición, encuadrará de una manera más geométrica -lo que le permitirá componer e incluso enfocar mejor- porque todos los elementos de la imagen aparecen diáfanos. Quizás a menudo ni siquiera enfocará, especialmente fotografiando con luz solar directa. Utilizará la distancia hiperfocal, cerrando el diafragma. Otra ventaja del sistema.
La última baza a considerar es su aspecto. Es una cámara tan convencional que no atrae la atención de los ladrones ni de la gente. Gracias a su mecanismo silencioso es perfecta para fotografiar situaciones espontáneas, un reto para los amantes de lo cotidiano. La cámara Leica es tan sencilla de manejo que obliga a agudizar mucho la mirada para obtener imágenes relevantes. Aquí no vale el viejo truco de utilizar grandes teleobjetivos o angulares extremos. Se trata de tomar fotografías en su estado más puro.