Las siete (más una) nuevas maravillas, por Mariano López

Más de 40 millones de votos han aportado a la organización muchos millones de euros.

Mariano López

l próximo día de San Fermín, siete del siete del dos mil siete, el millonario suizo Bernard Weber proclamará las siete nuevas maravillas del mundo. Es posible que entre ellas se encuentre la Alhambra de Granada. De momento, el único monumento que con seguridad figurará en tan nombrada lista es el conjunto formado por las pirámides de Gizah, la única de las siete maravillas de la antigüedad que aún continúa en pie y la única cuya gobierno se ha opuesto a la votación promovida por Weber por considerarla "absurda", "disparatada" y concebida con el único fin de servir a los intereses promocionales del magnate suizo. Ante las críticas del gobierno egipcio, Weber se ha inventado sobre la marcha un nuevo rango para las pirámides, promovidas a "miembro de honor" y sustraídas a la votación popular. Con su decisión ha evitado el boicot de los egipcios, pero, a cambio, no ha tenido más remedio que añadir una "octava" maravilla a las siete más votadas.

Nacido en Ginebra hace 52 años, Weber estudió cine y obtuvo un cierto éxito de crítica con su primer filme, Hotel Locarno, en 1979. Su filmografía no le garantiza honores en la historia del séptimo arte, pero este concurso de las maravillas le asegura una mención destacada entre los talentos del marketing. Más de 40 millones de votos han aportado a su web muchos millones de euros. Además, están las camisetas, los viajes y los derechos, si los ha habido, de la canción oficial, interpretada por el grupo británico The Dolmen. Bernard Weber dice que apenas ha cubierto los gastos de promoción. El negocio, afirma, lo van a explotar otros. Una empresa brasileña calcula que los monumentos que figuren en la lista definitiva van a recibir, el primer año, un veinte por ciento más de turistas. Para algunos, la renta puede ser su ruina. Machu Picchu, por ejemplo, no parece que necesite más turistas sino menos.

Pero el resultado no sólo es una cuestión de cifras. La votación de estas maravillas ha despertado grandes pasiones, con unos inevitables acentos nacionalistas, excepto entre los chinos y los indios, que no se han sentido aludidos por la presunta necesidad de reeditar una lista del viejo mundo mediterráneo, y los ofendidos egipcios.

El próximo siete del siete es muy posible que Neil Armstrong lance al espacio una cápsula con imágenes en 3-D de las nuevas siete maravillas. Ojalá que esté la Alhambra entre ellas. Aunque para la suerte del mundo creo que es más importante preguntarse qué pensaran, dentro de miles de años, los primeros extraterrestres que se encuentren con un mensaje de un planeta llamado Tierra que dice que hay siete maravillas que, en realidad, son ocho. Puede ser el enigma, el mito de otras muchas galaxias, el origen de una nueva civilización. El 7 del 7 del 7 mandamos al espacio un 8. Qué grande, como siempre, San Fermín.