Las islas de la Mancha por Luis Pancorbo

La isla de St. Mary's ha sido declarada por la Oficina Meteorológica del Reino Unido como el lugar más cálido del país.

Luis Pancorbo
Tal vez consuele a los viajeros natos saber que la Tierra gira en torno al Sol a razón de 29,8 kilómetros por segundo. Otra ilusión es que está llegando el solsticio de verano, aunque en Argentina vaya a empezar el solsticio de invierno. Existe lo que no se ve, por ejemplo, una energía oscura, y una materia oscura, en zonas del universo donde todo se expande y se separa en vez de seguir la fuerza gravitacional que aquí abajo damos por asentada. Pero el tiempo, y ahora hablo del tiempo del paraguas, es lo más relativo que hay. En las islas británicas ha explotado una controversia sobre cuál es el lugar más cálido del país. He ahí un oxímoron como una guerra humanitaria, o una lluvia seca. Víctor Hugo, que durante su dorado exilio en Guernsey disfrutó de su bella y querida Hauteville House, defendía los alicientes naturales de ese archipiélago británico, pese a su mayor cercanía con Francia. Entre peñas y borrascas situó la hazaña de Gilliat, el romántico robinsón que era el protagonista de su novela Los trabajadores del mar. Ahora, y con menor tono épico del que se gastaba Víctor Hugo, el temporal y la polémica se abaten sobre el récord de lugar más caliente del Reino Unido, y no ha recaído en Guernsey, ni en Jersey. Unas islas de la Mancha llamadas Sorlingas -Scilly para los ingleses- son las que se han alzado con el santo y la limosna. Solo cinco islas Sorlingas, de un total de ciento cuarenta y cinco, están habitadas, aunque por 2.100 habitantes que no consienten ser segundos en nada. Han puesto el grito en el cielo porque Jersey se ha arrogado el título de lugar británico de más calor, y además lo ha hecho con una campaña turística de un millón de libras. Eso -sostienen en las Sorlingas- es una mentira colosal por parte de Jersey, lugar del Canal de la Mancha donde sus más de 90.000 habitantes gozan, si no del mejor de los climas, sí de bancos tolerantes hacia los impuestos (no hay IVA), cosechan patatas insignes, como las Jersey Royal, y hablan un idioma, el jèrriais, que rompe por igual los oídos franceses e ingleses. Ha tenido que intervenir la propia Oficina Me-teorológica del Reino Unido para acreditar que Scilly es el lugar más caliente y, dentro de ese archipiélago, la isla St. Mary's, con una temperatura media de 9,4 grados centígrados. Eso en las Sorlingas les hace ilusión, como que St. Mary's registre más temperaturas máximas que Jersey y más horas de sol al cabo del año. Y por si fuera poco, las islas Scilly son británicas cien por cien, mientras Jersey parece una isla tan extravagante como el señor Pickwick: tiene un gobierno de Bailía (Bailiwick) al ser una dependencia de la Corona británica, pero sin formar parte del Reino Unido. Jersey -dicen en las Sorlingas- ni siquiera se encuentra situada geográficamente en el archipiélago británico.En Jersey, donde hacen una buena sidra, no están nada contentos con los reproches que les lanzan por su ambición. Insisten en que "Jersey es la isla más caliente del Reino Unido", y en que es tan británica o más que la Isla de Man y las Channell Islands, o Islas del Canal, que incluyen a las contrincantes Scilly. Hay mucho en juego. A las Scilly van en torno a 100.000 visitantes al año. Jersey recibió 685.000 visitantes en 2010, y los ganó pregonando su sol y sus playas de arena inmaculadas (aparte de alguna contaminación). Naturalmente en Jersey no se reconoce que para sol y playa muchos británicos prefieren España. Tampoco se acepta en Scilly, el presunto lugar británico más cálido, que su scuppered ale (cerveza jorobada) hecha con cebada de tipo cristal y negra de Cornualles y lúpulo inglés atraiga más que el calor reinante. Sin embargo, los aficionados a esos caldos peligrosos de las Sorlingas no se cansan de encomiarlos: son néctar de color ámbar. Por eso y más, las Sorlingas, las joyas calientes de la Mancha, han tenido siempre grandes admiradores. En St. Mary's está enterrado Harold Wilson, el que fuera primer ministro laborista, hombre que amaba ese incierto calor de unas islas que hablan en córnico (como en Cornualles) y que tienen a los naufragios como mayor tema de conversación, aparte del tiempo.