La música de los San Patricios

Moloney logra que los mixtecas soplen el twistle y que se vistan con huipiles los gnomos mágicos de Irlanda.

Mariano López

Hay historias que sólo puede contar la música. Una de ellas acaba de ser desempolvada por Paddy Moloney, el líder del grupo musical irlandés The Chieftains y el único miembro de la banda original, formada en 1962, que aún permanece en el grupo. Paddy ha llevado su flauta irlandesa y su espíritu de elfo travieso a México para rebuscar en la memoria de Chavela Vargas y en los archivos de los mariachis la música que pudo emocionar a los irlandeses que una vez formaron en las filas del heroico para unos, cobarde para otros, batallón de San Patricio. ¿Quiénes eran estos locos? La historia cuenta que durante la guerra entre México y Estados Unidos, de 1846 a 1848, un grupo de soldados irlandeses, a las órdenes del capitán John Riley, abandonó las filas del ejército estadounidense para luchar en el bando contrario, del lado de los mexicanos que comandaba el general Antonio López de Santa Anna. Impulsados por su conciencia o por el muy irlandés deseo de buscar fortuna y gloria, los soldados del batallón San Patricio cruzaron el Río Grande, se unieron a los mexicanos y lucharon con ellos hasta la muerte. Los últimos en sucumbir se quedaron sin balas en el Fuerte Churubusco. Pero incluso sin munición no se rindieron. Capturados, les grabaron a fuego en sus mejillas la "D" de "desertor", y con la piel aún ardiendo fueron conducidos a la horca. Para los norteamericanos, se trataba de un puñado de traidores; pero generaciones de mexicanos e irlandeses los han recordado como héroes que lucharon bravamente contra el injusto agresor. Con valor y con mucha música.

Donde quiera que haya irlandeses en el mundo, hay música; donde haya mexicanos, también. En Guadalajara, México, se acude a las tabernas para escuchar a los mariachis y para cantar con ellos. En los pubs de Galway o de Innisfree se puede prescindir de la comida, pero no de la música. A veces, en Guadalajara y en Galway suenan canciones diferentes que tratan del mismo ideal: la belleza del sueño que acompañó a la derrota, el paraíso perdido, la melancolía...

Paddy Moloney llamó a su amigo Ry Cooder, el productor de Buenavista Social Club y de alguno de los discos del gran Alí Farka Touré, y juntos se fueron a México para fundir la música de la flauta irlandesa y de la guitarra slide de blues con el sonido del acordeón, las trompetas, los violines y el guitarrón mariachi, y rendir desde la música un homenaje a los bravos de San Patricio. En la evocación participan Los Tigres del Norte, la Negra Graciana, Lila Downs, los Folkloristas, los Cezontles y Chavela Vargas, con 92 años ya y aún con una voz que cruje el misterio. A mí me gusta esta música. Más que la historia, me interesan la mezcla, la fusión, imparable en un mundo en el que no tardarán en sonar, unidos, el sitar indio, el güiro del Caribe, las voces zulúes y el arpa birmana.

En este disco, Paddy Moloney ha conseguido que los San Patricios se levanten de su tumba y ocupen sitio al fondo de una sala donde hay mixtecas que soplan el twistle y varios leprechaum (los gnomos mágicos de Irlanda) se visten con huipiles para bailar en la guelaguetza, la fiesta mayor de Oaxaca. Así es la música del disco de los Chieftains con Ry Cooder y Chavela Vargas. Sin duda, la que quizá escucharon los San Patricios en su corazón cuando cruzaban el Río Grande.