La isla de los Faisanes, por Luis Pancorbo

Aquí se ataron los últimos cabos para la boda de la hija del rey español con Luis XIV de Francia, el Rey Sol.

Luis Pancorbo
 | 
Foto: Ximena Maier

No sentir mareo de tierra es un buen comienzo para andar por el condominio más pequeño del mundo, el que comparten cada seis meses España y Francia en una isla del Bidasoa. Tras una remada desde Irún anclamos en los Faisanes una barca de nobles y antiguas costillas, bautizada Kurlinka, nombre en euskera del zarapito. Al timón va el doctor Aldaya, que es osteópata además de viajero, amante de la literatura y del verdor marino de su tierra. Con la inestimable compañía de otro amigo como Alberto Luengo Tellechea, biólogo de la reserva de Txingudi, un ornitólogo que puede ver a un chimbo volando y decir si es macho o hembra, y si capirotado o mosquitero.

No se podía pedir más al destino y en un día de sol. La isla está cerca de la desembocadura de un río que, más que fronterizo, relaciona al personal que vive en sus orillas. Desde los Faisanes veo la cara a los viandantes de Hendaya que pasean por la pasarela suspendida sobre el Bidasoa. Al otro lado de la isla las casas de Irún parecen quedar al alcance de la mano.

Lo que no tiene el condominio es puente, ni colgante ni aéreo, ni siquiera el producido por una insólita bajamar. Es una isla como ha de ser, rodeada de agua por todas partes, lamentando algunos que no sea chacolí lo que fluye. Los verderones cantan entre los laureles, los cuales son, junto a los plátanos, los mayores cuatro árboles de la isla. En medio hay un monumento de unos tres metros de altura con una inscripción puesta en tiempos de Isabel II y Napoleón III. Es en recuerdo de que aquí mismo estuvieron el 5 y el 6 de junio de 1660 Felipe IV de España y Luis XIV de Francia para ratificar el Tratado de Paz, el que dio fin a la Guerra de los Treinta Años. Y aquí fue también donde se ataron los últimos cabos para la boda de María Teresa de Austria, la hija del rey español, con el propio Luis XIV, el Rey Sol. Los esponsales, celebrados el 9 de junio en la iglesia de San Juan de Luz, fueron realmente entre primos hermanos dobles. Se debía a que María Teresa de Austria era hija de Felipe IV y de Isabel de Francia, quienes a su vez eran tíos del Rey Sol. No hay foto de ese matrimonio, ni falta que hace existiendo un tapiz gobelino, de Charles Le Brun, en la residencia del embajador francés en Madrid, que muestra la escena de ese encuentro real en los Faisanes, aunque fechándolo el 7 de junio de 1660.

Para brillo y oro, el de las celidonias que florecen entre la hierba. La isla tiene unos doscientos metros de larga y su anchura se recorre en un suspiro. Una empalizada y un peto de piedras alrededor impiden que a los Faisanes les pase como a un camarón que se le lleva la corriente. Las hormigas son las que más pisan un sitio tan histórico. A finales de julio la isla se convierte en un escenario lleno de fuegos y músicas. Los espectadores siguen ese festival internacional de folclore desde la orilla irunesa del Bidasoa. Con todo, creo que los visitantes más ilustres de la isla fueron Velázquez y D''Artagnan, en los séquitos de sus respectivos reyes. El primero era aposentador de Felipe IV y decoró el breve pabellón isleño del monarca español. El segundo era un capitán de mosqueteros, el que luego sería inmortalizado por Alejandro Dumas. Me imagino a ambos mirándose con cara de circunstancias. Como la que ponemos nosotros al regreso viendo avanzar un cisne negro desde los carrizos de Hendaya hacia nuestra barca. Hincha sus alas, como amenazando un vuelo rasante sobre nuestras cabezas. ¿Qué hacemos aquí si él es el rey del territorio?