La isla de las estrellas por Mariano López

El Roque de los Muchachos es un lugar especial, precioso, donde suceden cosas extraordinarias.

Mariano López
Nunca había visto un cielo igual: tan luminoso y enorme, cuajado de estrellas hasta en la línea del horizonte, donde Géminis se funde con el mar. Era mi primera noche en la isla de La Palma, la más occidental de las Canarias. Pude recorrerla, por primera vez, a mediados del pasado febrero, los días que se celebró Fotonature, un divertido y didáctico magisterio de excelentes fotógrafos que explican a sus alumnos cómo captar imágenes espectaculares de la naturaleza, lo que incluye el retrato del cielo. La Palma tiene un cielo único porque la isla se encuentra cerca del ecuador, lejos de las tormentas tropicales, acariciada por los vientos alisios, que limpian su atmósfera, y protegida por una ley que vigila que nada perturbe la calidad de la luz de las estrellas.La Ley de Protección de la Calidad Astronómica obliga a regular todo el alumbrado de la isla, el público y el privado. Cada casa, cada empresa, cada uno de los 86.000 habitantes de la isla se sabe responsable de su cielo. La Ley controla también la contaminación radioeléctrica: no hay cobertura para los móviles por encima de los 2.000 metros. Tampoco hay industrias, a partir de los 1.500 metros de altitud, que puedan generar contaminación atmosférica y, además, está prohibido que los aviones sobrevuelen la isla por el arco de cielo que exploran los observatorios astronómicos, salvo emergencias. El resultado es un cielo nocturno casi único en el mundo, solo comparable al del desierto de Chile o al de una isla de Hawai. Un cielo que deberíamos poder contemplar todos al menos una vez en la vida, porque se supone que los habitantes de este planeta tenemos derecho a disfrutar de la contemplación de las estrellas, la única visión que nos hace sentirnos parte del universo, el "multiverso" de Stephen Hawking: prodigioso, inexplorado, posiblemente infinito. El punto más alto de toda la isla, a 2.400 metros de altitud, es el llamado Roque de los Muchachos. La carretera que sube al Roque arranca del mar y se enrosca una y otra vez hasta que atraviesa el mar de nubes y alcanza la cumbre de la montaña. En la cima se encuentran observatorios, telescopios y aparatos de observación astrofísica de 60 instituciones científicas de 19 países. Cuando subí, la nieve cubría el suelo y rodeaba la base de los observatorios. El último rayo de sol teñía parte del cielo de rojo mientras que el mar de nubes que rodea la cresta de la montaña, como si fuera su foso, apenas dejaba ver los picachos de la Caldera de Taburiente, la antigua boca del volcán. A nuestro alrededor, los observatorios, con su cúpula característica, parecían formar una verdadera colección de cabinas telefónicas plantadas en el punto más elevado de la Tierra para conectar con los extraterrestres. Dos de los observatorios, los llamados Magic, pueden reflejar la imagen de los visitantes. Los Magic están formados por lentes gigantescas, cóncavas, especializadas en captar emisiones de rayos gamma. El pasado año detectaron una explosión sucedida hace más de trece mil millones de años, la más intensa conocida tras el Big Bang. También registran el rastro de los agujeros negros y las explosiones de supernovas. Cerca del Magic, en el borde del barranco desde el que se divisan las nubes y la Caldera, junto al mayor telescopio de la Tierra, el GTC (Gran Telescopio Canarias), y al resto de cabinas que reciben la luz de las estrellas, todos los fotógrafos de Fotonature, incluidos los veteranos Sadie Quarrier, Tino Soriano y Dan Westergren, sintieron el vértigo del Roque de los Muchachos. Un lugar especial, precioso, donde suceden cosas extraordinarias. Esa misma noche, a las cuatro y media de la mañana, al nivel del mar, contemplé Saturno. Apareció nítido y brillante, justo encima de nuestras cabezas, donde Toño, el guía de Astrotour, había pronosticado. Con su puntero, Toño recorrió las distintas constelaciones. A simple vista contemplamos el dibujo exacto de la balanza de Libra, el cuerpo de Leo y la cola del Escorpión, y, con su telescopio, cúmulos globulares, una galaxia gigante devoradora de enanas, las delgadas luces de Titán y dos estrellas dobles, paralelas, conocidas como "los ojos del diablo". A La Palma la denominan "la isla bonita". Después de ver su cielo, creo que es poco adjetivo para tamaño espectáculo.