La Gran Kumbha Mela, por Luis Pancorbo

La Gran Kumbha Mela que se celebra este año en Prayag reunirá a casi cien millones de personas.

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

Algo como la Gran Kumbha Mela no puede suceder sino en la India. La mayor fiesta religiosa del planeta o, si se prefiere, la mayor concentración de gente en un evento dura 55 días, hasta el 10 de esta luna. Ese tiempo del más extremo fervor hinduista empezó el 14 de enero con Júpiter en el círculo de Aries, y el Sol y la Luna en Capricornio. Tal combinación (Kumbh Snana-Yoga) ocurre cada doce años en Allahabad, una ciudad a unos 150 kilómetros de Benarés donde confluyen el Ganges, el Yamuna y el invisible Saraswati. Este último río, amén de sagrado, es el más interesante: no se ve, y eso incrementa su poderío entre subterráneo y sobrenatural cuando se une a los otros dos. La mágica y física confluencia se llama Triveni Sangham, el punto donde para algunos empezó el mundo. Y donde para otros morir es intrascendente tras haber ido allí.

Con cada Maha (grande) Kumbha Mela es como si empezara en la India una nueva era. Se celebran Kumbha Mela parciales cada tres años rotando en los cuatro sitios de las aguas santas -Benarés, Ujjain, Nasik y Allahabad (Prayag)-, pero la India hinduista se vuelca con sus megafiestas. Este año en Prayag el agua llega escasa y con una altísima contaminación, aunque eso da igual a la cantidad de peregrinos que van a salvar de un golpe su alma actual y sus almas venideras. Si en el año 2001 acudieron siete crores, setenta millones de personas, en 2013 se rozarán los cien millones. Las riberas del Ganges se llenan de campamentos con cocinas y letrinas, y se despliegan 25.000 policías, no siendo santos todos los romeros. Y que haya suerte y que nadie te aplaste, porque por doquier se derrama un gentío como una lava. Todos buscan meterse en el agua, unos hasta las canillas, y otros, más fuertes, hasta los muslos. De eso deducirán su propia salvación, y de paso no tener que reencarnarse, cosa que cansa mucho si se repite desde el principio de los tiempos.

La mayor atracción se concentra en los naga sadhus, o santones que van completamente desnudos a excepción de las cenizas con que cubren sus carnes y pelo. Si ver a un solo asceta impresiona, miles juntos en una Kumbha Mela supera cualquier película. Los santones no van sin ropa por capricho, ni se mueven al buen tuntún. Están encuadrados en akharas, asociaciones hinduistas, y algunas de raigambre viniendo desde el siglo VIII. Fue cuando Sankara, el maestro de Kerala, revitalizó el hinduismo con su escuela de Vedanta Advaíta, o del no dualismo, y favoreció la peregrinación a otros lugares santos de la India, los cuatro maths (sedes): Badrinath, Dwarka, Puri y Rameshwaram. Sankara también fundó diez akharas, o dashnamis, y a miembros de siete de ellas se los ve lucir sus vestidos de aire en Prayag.

Un momento glorioso de la multitudinaria fiesta es la procesión de los santones desnudos. Su gran jefe, el Mahamandelshwar, se sienta en una silla de plata sobre un elefante ricamente enjaezado. Miles de naga sadhus lo siguen a pie y miran con ufana fiereza al personal pues ellos serán los primeros en ganar la carrera de la salvación. Entretanto, su extremo ascetismo y desnudez no están reñidos con el uso de móviles, y hasta de Internet, en sus diversos campamentos.

Todo es como un cuento lleno de color y olor corporal hasta el delirio en la Kumbha Mela, la fiesta del cántaro. Jayant, el hijo de Indra, el dios de la lluvia, robó el recipiente de la ambrosía, uno de los catorce tesoros que hubo en el mundo tras su creación mediante el batido de leche universal. Aquel cántaro del tesoro contenía amrita, el néctar de los dioses. Jayant escapó con ese cántaro y fue perseguido por los celosos demonios durante doce años. Del cántaro cayeron doce gotas de ambrosía sobre la tierra. Las gotas más auspiciosas marcaron los cuatro sitios donde se celebra la Kumbha Mela. Donde la gente se aglutina por millones como si fuese un solo cuerpo, dejando en el aire las paredes, los percheros, las castas, las diferencias...

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