La fiesta de los patios de Córdoba se suma al Patrimonio de la Humanidad

Desde el año 1918 ña ciudad andaluza de Córdoba organiza la fiesta de los patios, espacios de una gran belleza que promueven el intercambio cultural. Esta fiesta se ha convertido en la duodécima incorporación española a la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Juan José Martín

La Unesco ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la fiesta de los patios cordobeses, que se celebra en el mes de mayo. Este certamen, cuya primera edición tuvo lugar en el año 1918 organizada por el Ayuntamiento, es un evento en el que los vecinos engalanan sus patios colectivos con una preciosa ornamentación floral, lo que genera, en palabras del Comité, "un sentido de identidad y continuidad a los habitantes de Córdoba, que reconocen esta expresión como un componente importante de su intangible patrimonio cultural".

La historia de los patios cordobeses se remonta a los romanos y a los musulmanes, quienes adaptaron la típica casa popular a la climatología calurosa de la zona. Con tal fin, crearon una vivienda en torno a un patio que, debidamente decorado con una fuente y abundante vegetación, se convirtió en un pequeño oasis que servía de punto de reunión familiar, un espacio que, como destaca el informe de la Unesco, promueve el contacto humano y el intercambio cultural.

La fiesta permite a los visitantes acceder durante doce días de mayo a estas casas-patio y consta de dos acontecimientos fundamentales: el Concurso de Patios, con premios a la ornamentación vegetal, incluidos balcones y rejas, y la Fiesta de los Patios, un certamen más lúdico que comprende espectáculos musicales y artísticos en algunos de los más renombrados patios que se distribuyen por el corazón de la ciudad califal, como la Judería, los barrios de Santa Marina y la Magdalena o el Alcázar Viejo.

España ya cuenta con doce inscripciones -es el cuarto país más galardonado- en esta lista, donde figuran el Misterio de Elche (Alicante), la fiesta religiosa de la Patum de Berga (Barcelona), el silbo gomero, el Tribunal de Aguas de Valencia, el Consejo de Hombres Buenos de Murcia, el flamenco, los castells catalanes, el Canto de la Sibila de Mallorca, la fiesta de la Mare de Déu de la Salut de Algemesí (Valencia), la dieta mediterránea y la cetrería -estos dos últimos elementos compartidos con otros países-.

De los lutieres de Cremona a los Diablos Danzantes

La lista representativa de la Unesco, compuesta por expresiones culturales que muestran la diversidad del patrimonio inmaterial y contribuyen a la sensibilización sobre su importancia, cuenta, amén de los patios cordobeses, con otras 26 nuevas inscripciones. Entre ellas hay actividades artesanales que se han transmitido de generación en generación, como la artesanía de terracota del distrito de Kgatleng (Botsuana), el arte tradicional de fabricación de alfombras de fieltro (Ala-kiyiz y Shyrdak) en Kirguistán, los ritos y artesanías vinculados a la tradición del traje nupcial de Tlemecén (Argelia), la cerámica artesanal de Horezu (Rumanía) o la fabricación artesanal del violín por los lutieres de Cremona (Italia), un oficio que, según el Comité, "exige poseer un alto nivel de creatividad y un conocimiento personal de cada instrumento, ya que nunca dos de sus violines son idénticos".

También se han inscrito un buen número de celebraciones religiosas, como la fiesta mayor de San Ignacio de Moxos (Bolivia), la fiesta de San Francisco de Asís en Quidbó (Colombia), los rituales Qalisuyan de Mashad-e Ardehal en Kasán (Irán) o los Diablos Danzantes, una ceremonia que se desarrolla durante el Corpus Christi en las pequeñas comunidades de la costa central de Venezuela. Por último, también se han incluido celebraciones relacionadas con la naturaleza, como la fiesta de las cerezas de Serfú (Marruecos), o ritos muy vinculados al carnaval, como el Schemenlaufen, un desfile de bailarines disfrazados y enmascarados que tiene lugar en Imst (Austria), o el frevo, una expresión artística musical y bailada que se desarrolla durante el carnaval brasileño de Recife.