La experiencia del conde vampiro, por Mariano López

Me sumo a quienes piensan que la fortaleza de Bran debe convertirse en un parque temático sobre Drácula. Pero el señor de Habsburgo no quiere ceder su castillo porque sus almenas no le evocan al vampiro sino el recuerdo de la Reina María Alexandra Victoria de Saxe.

Mariano López

A Dominic de Habsburgo, archiduque de Austria, príncipe de la Toscana, le llueven las ofertas para convertir su recién recuperada propiedad, el castillo de Bran, en un parque temático sobre Drácula. Inversores de medio mundo sostienen que sería un buen negocio. Drácula es un personaje universal, un mito anudado a las más firmes raíces del miedo y la superstición, un demonio culto y seductor y un personaje familiar, que, como dijo su creador, hubiera podido ser un maravilloso abogado. Su parque temático, junto a los Cárpatos, podría tener atracciones inolvidables. Imagino paseos en coche de caballos fúnebre, espejos trucados que hurtan los reflejos, perritos calientes con mucho tomate y fuerte sabor a ajo y un cementerio virtual en el que los visitantes ganan puntos cuando atraviesan vampiros con una estaca. Con el parque, Rumanía ganaría en visitantes y divisas, pero Dominic de Habsburgo no quiere ceder el uso de su castillo para que construyan Draculandia . El señor de Habsburgo pasó allí su niñez y los elevados torreones de Bran y sus almenas no le evocan vampiros sino el recuerdo de la reina María Alexandra Victoria de Saxe, su dulce abuela. Una lástima porque el castillo de Bran sería perfecto para emplazar diversiones mecánicas inspiradas en el más famoso de los vampiros, a pesar de que esta fortaleza, que ya se llama "el castillo de Drácula", no está en Transilvania y nunca tuvo nada que ver ni con los vampiros ni con la novela ni con Drácula.

El autor de la novela Drácula , el irlandés Bram Stoker, nunca estuvo en la actual Rumanía. Para la descripción del hogar de su vampiro al parecer se inspiró en un libro de viajes -Transilvania- publicado en 1888. Gracias a sus muchas horas de biblioteca, Stoker sabía que al pie de los Cárpatos abundan las leyendas sobre las hadas y los no muertos y raro es el pueblo que carece de una bruja local. "He leído -escribe- que todas las supersticiones del mundo se hallan reunidas en la herradura que forman los Cárpatos, como si éstos fueran el centro de una especie de torbellino imaginativo". Stoker tomó el nombre de su célebre personaje de un príncipe de Valaquia llamado Vlad que se ganó el sobrenombre de " Dracul ", el diablo. Pero, para desgracia de quienes buscan correspondencias entre la realidad y la ficción, no existe en la biografía de este Vlad Dracul ningún episodio de particular crueldad ni vinculación posible con hechizos, murciélagos o vampiros. Igual sucede con el castillo: nunca hubo en Transilvania, donde sitúa Stoker el origen de la novela, castillo almenado alguno ni una mala mansión principesca. Pero algunos se empeñan en que la realidad no debe estropear una buena fantasía literaria y así las mismas autoridades rumanas que habían negado la entrada al país de la novela y las películas sobre Drácula alimentaron la idea de que Stoker se había inspirado en el hijo de Vlad Dracul, otro príncipe más sanguinario que su padre, llamado igualmente Vlad y apodado "Tepes, el empalador". Y con los mismos fines, turísticos, sugirieron que el castillo de Bran, residencia de verano de la familia real a principios del pasado siglo, fue ocupado, a mediados del XV, por Vlad Tepes, el príncipe empalador al que se le ha colgado el mochuelo de ser el "auténtico" Drácula.

Hace menos de una década, Drácula seguía siendo un desconocido en Rumanía, ya que el régimen comunista había prohibido la novela y evitado la entrada al país de la filmografía existente sobre el vampiro. Ahora el conde Drácula ya no es un ejemplo de la decadencia occidental sino una tentación, una "experiencia". Hace unas semanas, cuatro turistas españoles fueron detenidos por saltar de noche la tapia del castillo de Bran. Querían vivir la "experiencia Drácula": pisar las piedras que recorrió el vampiro. Considerando estos antecedentes, creo que el archiduque austro-húngaro no debe defraudar a los partidarios del conde transilvano. Me sumo a quienes piensan que la fortaleza de Bran debe convertirse en un parque temático de Drácula. Revelaré un último dato: en el jardín del castillo crece una extraña mutación de hongos, antes inocuos y ahora venenosos. ¿Cómo resistirse a la tentación de dormir en este lugar, tan adecuado para sufrir pesadillas? Mucho mejor que una simple playa en un hotel todo incluido. Nada como anudar viejos mitos a nuestros mejores sueños, en especial durante las vacaciones.