La diosa Hathor, por Luis Pancorbo

Las columnas del Templo de Hathor están rematadas con capiteles "hatóricos", caras de la diosa con facciones vacunas.

Luis Pancorbo

Cuando crees que no puede haber nada más ni mejor que Luxor, en el Alto Egipto te quedan una o más vidas para seguir viendo y explorando sitios fabulosos. Ahí está, sin ir más lejos, Dendera y su Templo de Hathor, a 70 kilómetros al norte de Luxor. Hathor era la gran diosa vaca, aunque no por ello estaba casada con Apis, el dios buey. Las genealogías divinas son complicadas en Egipto si uno no se las toma como hacía Mark Twain, siguiendo el imbatible Nuevo Calendario de Pudd''nhead Wilson: "Déjenme formular las supersticiones de una nación y no me preocupará quién haga sus leyes ni aún sus canciones".

Dendera queda a unos cuatro kilómetros al suroeste de Qena, la capital provincial. Entre Qena y Dendera se adensan los pa lme r ales y los cultivos de plátanos y caña de azúcar, una exuberancia que recibe los influjos de Hathor. O del Nilo que describe una elegante curva en esta zona. Hace un calor húmedo, como si hubiésemos entrado en un país tropical, con su toque febril y fundamentalista. Pero ésa es otra cuestión. Por doquier hay policía y a veces somatén, paisanos con mosquetones. Un extranjero que se mueva por esta zona ha de hacerlo siempre con escolta.

Dendera, tendida en la orilla oriental del Nilo, fue capital del sexto nome o provincia del Imperio del Antiguo Egipto. Su Templo de Hathor supone más bien ciudad ceremonial con partes que se remontan al faraón Pepi I, al año 2.200 antes de Cristo, pero se siguió construyendo hasta tiempos de Tiberio, en el inicio de la era cristiana. Milenios que pasan como granos de arena. Los egipcios creían en el ojo de Horus que todo lo puede (también hay un ojo masónico en el vértice de una pirámide estampada al dorso del dólar). Hathor, la esposa de Horus, tenía facciones de vaca siendo al mismo tiempo la vaca celestial, la diosa madre del cielo, la que llevaba el sol entre los cuernos desde el día a la noche, abarcando así el tiempo.

Un mito dice que Isis fue la madre de Horus, y que este dios con cabeza de halcón era el que regía el tiempo. Pues bien, un día Horus se enfadó con Isis y le cortó la cabeza. Isis necesitó ponerse una cabeza sobre los hombros y la encontró en el primer animal que vio, una vaca que pastaba por la orilla del río. Por eso Isis se convirtió en Hathor y Horus fue llamado Duamutef, "buey de su madre". Eso se entiende mejor en otro mito que se hace evidente en los relieves del complejo de templos. Hathor es representada como madre y esposa de Horus. En el Iseo, el santuario al sur del templo principal, se ve a Hathor amamantando al pequeño Horus, su divino consorte. Otro relieve retrata al emperador romano Augusto presentando un espejo a Isis. Otro juego de significados.

Las 24 columnas del Templo de Hathor indican las 24 horas del día. Todas las columnas están rematadas con capiteles hatóricos, grandes caras de la diosa con facciones vacunas. Luego, desde las criptas a los santuarios del tejado no hay espacio sin imágenes. Los antiguos egipcios sentían un acusado horror al vacío. Hay casi intactos relieves polícromos bajo los cuales te imaginas escenas grandiosas y sacrificios tremendos, máxime si te dejan en paz los guías espontáneos en busca de bakshis, una palabra que no sólo significa propina sino contribución a la existencia del mortal, y óbolo para que el sol siga saliendo para todos. Si logras zafarte, e ir por tu cuenta a las capillas de la parte superior del templo, es un gozo reconocer a Nut. La diosa del cielo que engendra el mundo aparece con largos brazos y cuerpo serpentino dando casi toda la vuelta por el techo de una capilla de las muchas que dan al gran terrado desde donde se divisa el campo verde de Dendera.