La constelación viajera del éxito "Ocho apellidos vascos"

Es como un nudo gordiano. Ya no se puede desatar la relación entre los lugares de rodaje y el interés turístico que han suscitado en los espectadores. Aunque a estas alturas de la película, el éxito en las salas ya ha provocado una estampida de viajeros, los paisajes vascos y navarros de "Ocho apellidos vascos" también son para el verano.

B. Iznájar

La primera verdad de este viaje es que empieza con una mentira: el pueblo de Argoitia no existe. La ficticia localidad es el resultado de una ruta de rodaje que sobre el mapa de Euskadi traza una imaginaria constelación cuyo cuerpo o cazo lo componen tres localidades y cuya cola se extiende hacia el sur hasta llegar a Navarra. Quienes acudan al monte y parque natural de San Antón, llamado ratón de Getaria, contemplarán desde su katxapo la belleza de la misma costa que fuera senda de ballenas. A la derecha aparece el istmo, ese rabo de roedor que alberga el puerto donde recala el Sabino Iru, en el que regresa el padre para ver a su hija casada. La calle Elcano de Getaria rememora al navegante aventurero Juan Sebastián como hijo de la localidad y se viste con casas de colores con balconadas de madera, como metáfora de los diseños del modisto Balenciaga, también nacido en el pueblo y reverenciado en su museo.

La escarpada carretera que une Getaria con Zarautz se exhibe perfecta para rodar el apocalíptico viaje en autobús del joven andaluz en busca de su amor "vascongado". Esta villa histórica encandiló a la aristocracia tras subirlo a los altares de la moda veraniega la reina Isabel II. Por la carretera de costa pronto se llega a Zumaia, que entrega su bahía para que descansen en paz los ríos Urola y Narrondo. Aquí mismo, Dani Rovira encabeza una singular manifestación abertzale con figurantes del pueblo, ajeno a la cercanía de los palacios Ubillos y Zumaia y el templo gótico de San Pedro. Aquí está también el restaurante Bedua, con el inolvidable recuento de los ocho apellidos vascos. Su otra joya, tan bien retratada en la película, es San Telmo, la ermita que ambienta la boda del andaluz y la vasca sobre las paredes de roca que se escurren hasta la playa de Itzurum.

En Navarra, once barrios diseminados constituyen la villa de Leitza, cuna del río Leizarán, que pone nombre al verde collado que entra en Guipúzcoa por la ruta verde de Plazaola. La estatua del bertsolari Nasarre, el museo de la Piedra de Perunena y la ermita de Santa Cruz fueron testigos de las correrías de la guapa Amaia con su vestido de novia.