La carretera del Serengeti por Mariano López

No es un problema pequeño. Está en juego la mayor migración de fauna salvaje en el planeta.

Mariano López

La carretera que cruzará el norte del Parque Nacional del Serengeti, si no surge nada que lo impida, va a afectar gravemente a la mayor migración de fauna salvaje del mundo: casi tres millones de animales que cruzan el Serengeti para buscar los húmedos pastos del Maasai Mara, en Kenia, en verano, y que regresan a sus lugares de origen en invierno. La carretera puede suponer el final de la gran migración, según sostienen los opositores al trazado anunciado por el presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete. La Sociedad Zoológica de Francfort, distinguida por su apoyo durante décadas a la conservación del Serengeti, sostiene que el trazado de la carretera y sus dimensiones van a permitir el paso de más de 400 camiones diarios por la zona más crítica del parque y que este tráfico llevará, a corto plazo, al desastre. La carretera planteada cuenta con dos carriles de tierra, mide 20 metros de ancho y atraviesa por completo el norte del parque con 64 kilómetros de su trazado. La primera consecuencia de su implantación, según la institución de Francfort, será la reducción, en pocos años, de la población de herbívoros a su tercera parte. La Sociedad Zoológica de Londres apoya las estimaciones de sus colegas alemanes y añade que los problemas irán más allá de los efectos de la vía sobre el paso de los animales. Se cree que el tráfico de mercancías contribuirá a la extensión de enfermedades como la brucelosis, la gripe A1H1 o el mal de las vacas locas. Los investigadores recuerdan que en 1958 una peste bovina en los límites del parque provocó la muerte del 85 por ciento de la población residente de ñus. La carretera también traería una dañina invasión de plantas foráneas y una más peligrosa aún aparición de mafias humanas, que contarían con más facilidades que nunca para la caza furtiva y el tráfico ilegal de huesos y pieles. Varias asociaciones ecologistas británicas han difundido una página web (www.savetheserengeti.org) con la que esperan recaudar apoyos y fondos para combatir el proyecto.

Para el gobierno tanzano es básico conectar las poblaciones del oeste del país con el principal nudo de comunicaciones del norte, Arusha, y desde Arusha con Dar es Salaam. Pero no sólo para el gobierno tanzano. Se espera que los fondos del Banco para el Desarrollo Africano, ahora fortalecidos por las inversiones chinas, alcancen para invertir en carreteras que mejoren la conexión del Lago Victoria con los puertos del Índico y de Nairobi con Addis Abeba y Jartum, por el norte, y con Lusaka por el sur.

El gobierno de Kikwete no rechaza los argumentos en contra de la anunciada ruta norte del Serengeti, pero los considera una intromisión y, en cierto modo, una ofensa. Algún alto cargo tanzano ha recordado a los ecologistas de Londres y Francfort que ninguno alzó la voz cuando Canadá construyó una carretera que afectó a la ruta de la migración de los alces. Se les reprocha también a los ecologistas europeos que no piensen en el desarrollo económico del millón de maasais que viven en la zona del noroeste del parque y que se haya movilizado a la opinión pública internacional en contra del gobierno de un país que acumula más de 15 años de estudios sobre el impacto de la posible ruta en la zona (hubo un primer proyecto, que el gobierno rechazó, en 1996). La suerte de la carretera, y quizá del parque, comienza a jugarse el mes que viene, con los primeros informes. No es un problema pequeño. Está en juego la mayor manifestación de la fauna salvaje en el planeta.