Kike Sarasola, empresario

Encima de su mesa de despacho, entre carpetas y papeles, descansa una mochila oscura que acompaña desde hace años al presidente y fundador de Room Mate Hotels. Kike Sarasola, 50 años, acaba de inaugurar en Ámsterdam un nuevo hotel, el más grande, porque tiene 300 camas, y el más querido, porque lleva el nombre de su hija, Aitana. "En un hombro cuelgo la mochila y en otro a la niña", comenta con una sonrisa. Viajero impenitente, sus próximos destinos serán Bután y la India.

Javier del Castillo
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Foto: César Lucas Abreu

Cuando le enseño una foto antigua en la que aparece de niño subido a un caballo de plástico, sujetado por su padre, el comentario del que fuera jinete olímpico es el siguiente: "Predestinado, predestinado". También le parece premonitoria otra instantánea de su infancia hablando por teléfono. Es como si esos álbumes de fotos familiares preservaran el origen de una trayectoria que comenzó en el mundo de la hípica para desembocar en los negocios. Kike Sarasola, casado con su socio, Carlos Barrero, ha viajado mucho. Primero en familia, luego porque tenía que competir en hipódromos de medio mundo, en alguna otra ocasión para disfrutar de lugares idílicos y más recientemente porque abre hoteles en ciudades donde todavía no ha tenido tiempo de hacer turismo.

Este empresario, amable y extrovertido, asegura que lleva en su ADN la magia de los viajes y el compromiso de perseguir sueños hasta el final. En su opinión, esto no es incompatible con la necesidad de tener los pies en el suelo, ni con la obligación de trabajar para que el sector hotelero español sea más competitivo y racional.

¿Qué recuerdos conserva de sus viajes de niño?

Nosotros, como mi madre es colombiana, solíamos ir de vacaciones a la finca de mis abuelos en Cartagena de Indias. Hasta los 13 años, buena parte del verano la pasábamos con los abuelos. Luego ya empezamos mi hermano y yo a competir en hípica y los veranos eran competiciones. Sin embargo, recuerdo un viaje que hicimos toda la familia -mis padres, mi hermano y yo- a la Gran Barrera de Coral australiana. Fue un viaje espectacular que quiero repetir.

¿Cuál fue su primer viaje solo?

Cuando tenía 15 años le dije a mi padre que me iba a ver a una novia a Suecia. Con dos narices, me fui una semana a esquiar allí, con mi primer amor, y dejé de ser virgen.

Ahora supongo que hace más viajes de negocio que de placer.

Yo vivo en un avión. El otro día estaba pensando que hay muchas ciudades que me han encantado, pero que ya no las disfruto. Así que me he propuesto volver para descubrirlas. Quiero convertirlas otra vez en pasión. Cada dos meses voy a Nueva York por razones de trabajo, pero le he dicho a Carlos que la próxima vez iremos de turistas.

Medio en broma. medio en serio, Kike reconoce haber practicado espionaje industrial cuando ha estado en hoteles de la competencia. Toma nota de lo que hacen bien y observa lo que es mejorable. Habla de grandes hoteleros y marcas en España, pero critica la falta de espíritu corporativo del sector, y especialmente la "estúpida y ridícula guerra de precios que se está produciendo en Madrid".

¿En qué ciudad le gustaría vivir?

Mis ciudades preferidas son Ibiza, Cartagena de Indias y Nueva York. Ibiza y Cartagena son mi pasión, y Nueva York mi inspiración. En esta última ciudad fue donde surgió la idea de crear Room Mate, porque no encontraba un hotel que me gustara. Un hotel bueno, bonito y a buen precio. Los hoteles de la ciudad siempre eran carísimos y malos.

Su padre nació en San Sebastián.

Es otra ciudad que me encanta. Hay dos ciudades de España en las que me falta hacer un hotel: Sevilla y San Sebastián. Tengo una deuda con ellas. Mi padre era muy vasco y yo también lo soy. Mi segundo apellido, Marulanda, también es vasco.

Un paisaje imborrable...

El color del agua en las Islas del Rosario (Colombia). Y también el agua de Formentera, que es de un color muy parecido. Ese color turquesa no lo he visto en ningún otro sitio y siempre será mi color favorito.

¿Responde usted al perfil de turista trotón, que compra regalos y acumula folletos?

Es posible. Yo pregunto por todo y me compro todos los imanes de las ciudades por las que paso. Ya he llenado tres neveras. También me encanta hacer fotos. Carlos y yo procuramos cada año ir a algún sitio en el que nunca hayamos estado. La emoción de aterrizar en un sitio nuevo, donde nunca has estado, resulta irrepetible. Me encanta.

¿Ahora van también acompañados de la pequeña Aitana?

La niña tiene 18 meses y viaja con nosotros. La mochila en un hombro y la niña en el otro. La hemos llevado ya a la nieve y le encanta. Ahora estamos esperando a que venga un hermanito. Estamos en ello.

¿Ya han programado otro viaje?

Nos encantaría ir a Bután. A mí Oriente me apasiona. El último viaje que hicimos fue a Sri Lanka. También tenemos pendiente ir a la India, que no la conozco, aunque sé que me puedo quedar allí. Asia es un continente que nos gusta mucho. Nos apasiona su cultura.

¿Prepara a conciencia los viajes?

Me encantaría, pero no tengo tiempo. Me dejo guiar. Gracias a Dios, tengo amigos en casi todas partes. Así que, cuando llego a un sitio, llamo a un amigo y me lo cuenta. Para la gente de cualquier edad el viaje es fundamental. Los nacionalismos y la intolerancia se curan viajando.

¿Recuerda alguna historia o anécdota simpática de sus viajes?

Viniendo de República Dominicana a Madrid, uno de los motores del avión dejó de funcionar. El piloto pidió en español que nos abrocháramos el cinturón, pero en inglés dijo algo así como "motors and explosion" y un amigo empezó a llamar a la azafata: "Si nos va a pasar algo, por favor tráigame antes un gin tonic".

"Odio los hoteles que a las nueve y media ya han cerrado el desayuno"

Después de haber dedicado muchas horas a la consolidación de una cadena hotelera diferente e innovadora, Kike Sarasola no tiene inconveniente en criticar desde dentro lo que menos le gusta del sector: "Tenemos que aprovechar el boom turístico para arreglar nuestras deficiencias. Nos estamos beneficiando de lo mal que lo está pasando el norte de África. Hay que conseguir también que la gente hable inglés. En Asia o en África habla inglés hasta el niño que te pide una moneda".

En opinión del empresario, "España tendría que ser la Florida americana para los europeos". Para eso, según él, tendríamos que cambiar la mentalidad y tratar mucho mejor al cliente: "Tenemos que mimarlo, hablarle en inglés y ofrecerle las mejores plazas hoteleras. No podemos vivir gracias a que otros países mediterráneos lo están pasando mal. Hay que ponerle más ingredientes al potaje porque cada día es más barato viajar en avión y a la gente no le importa tardar cinco horas más para llegar al Caribe".

Kike Sarasola descubrió de pequeño la magia de los viajes y aún celebra llegar a un sitio y encontrarse con "una cama grande, una bañera redonda o unas preciosas escaleras". Esa magia es la que quiere transmitir a sus clientes: "No soporto los hoteles que son iguales, ni tampoco esos hoteles ingleses en los que a las 9.30 horas ya han cerrado el desayuno".

Habla de su padre sin apenas reparar en las críticas que le deparó su amistad con Felipe González: "Había tanta gente que adoraba a mi padre, que no me afectaron esas críticas. Ya me gustaría a mí parecerme en algo a él. Pero, como dice Julio Iglesias, en este país, si te va bien, van a por ti".