Juan Menéndez Granados, 43 años, llegó al Polo Sur en bicicleta y en solitario tras 1.130 kilómetros por el hielo: "Nuestro límite está más allá de lo que pensamos"
Durante 46 días atravesó la Antártida cargando con todo lo necesario, afrontó temperaturas de hasta -30ºC y llegó a los últimos kilómetros prácticamente sin comida.

Juan Menéndez Granados, 43 años, llegó al Polo Sur en bicicleta y en solitario tras 1.130 kilómetros por el hielo / Istock / Frank Guenther
Juan Menéndez Granados tenía 31 años cuando llegó al Polo Sur después de 46 días de expedición. Había recorrido 1.130 kilómetros desde Hercules Inlet, en la costa de la Antártida, en bicicleta, en solitario y sin asistencia.

Tras 46 días, llegó a un lugar que había perseguido durante años / Istock / t
El 17 de enero de 2014 alcanzó los 90 grados de latitud sur (el punto más austral de la superficie de la Tierra), según confirma Guinness World Records. En algunos tramos tuvo que abandonar los pedales, ponerse los esquís y arrastrar la bicicleta sobre un trineo debido a las condiciones de la nieve. ¡Todo un desafío!
Pocos días después de regresar, Revista Oxígeno entrevistó al aventurero asturiano para conocer las dificultades de aquella travesía y también la filosofía con la que había decidido afrontarla.

Cuatro días casi sin comida
El final de la expedición fue especialmente duro. Menéndez había previsto unos 40 días de viaje, pero las condiciones le obligaron a prolongar el recorrido y administrar las provisiones.
Durante los cuatro últimos días apenas comió frutos secos y bebiendo una mezcla de chocolate con aceite. A tres días de alcanzar el Polo Sur comenzó a sentirse muy débil. Las temperaturas habían llegado hasta los -30ºC y algunas jornadas exigían permanecer activo durante 10 u 11 horas.

Ulvetanna Peak, Antártida / Istock / EXTREME-PHOTOGRAPHER
Los últimos 20 kilómetros tampoco fueron sencillos: necesitó unas nueve horas para completarlos. Cuando finalmente llegó, las reservas de comida estaban prácticamente agotadas. "La cabeza y el corazón hicieron más que las piernas", confesaba el aventurero.
La importancia de llegar sin ayuda
Menéndez no quería simplemente alcanzar el Polo Sur. Quería hacerlo de una determinada manera. Partió con entre 80 y 85 kilos de material y sin depósitos de suministros. Según explicaba a Oxígeno, llevar depósitos habría facilitado mucho la expedición, pero habría cambiado la naturaleza del reto. "En exploración, en aventura, importa el qué hagas pero también el cómo lo hagas", aseguraba.

La Antártida es un destino irrepetible, y en extinción. / Istock / Ray Hems
Durante la expedición coincidió además con otro ciclista, el estadounidense Daniel Burton, que avanzaba hacia el mismo destino con un planteamiento diferente y con depósitos de comida y asistencia. Menéndez decidió mantener su estrategia. "Siempre he querido respetar mis principios, mi estilo y hacer las cosas como debo", apuntaba en la entrevista.
Pero la aventura estuvo cerca de complicarse incluso antes de comenzar. Una semana antes de partir, todavía había problemas con el material y parte del equipo era prestado. En la entrevista, Menéndez recordaba aquella situación con humor y contaba que tuvo que ir haciendo la expedición con casi todo prestado, incluida la cazuela y la esterilla.
Finalmente pudo viajar. Y, tras 46 días, llegó a un lugar que había perseguido durante años.
La Antártida, además, le había dejado una impresión profunda. Aunque reconocía que el Polo Sur en sí mismo no era el lugar más espectacular visualmente por la presencia de la estación Amundsen-Scott y las huellas de los vehículos, tenía claro lo que significaba el continente para él: "La Antártida es sin duda uno de los sitios más hermosos de la Tierra", afirmaba.
"Tienes mucho tiempo para ti mismo"
La soledad fue otra de las características de la expedición. Menéndez estaba acostumbrado a viajar solo, pero reconocía que hacerlo durante semanas en un entorno tan extremo tenía sus dificultades. Había momentos de euforia y otros de tristeza e incluso hablaba consigo mismo durante el recorrido. Pero también encontraba una de las particularidades de viajar completamente solo: "Tienes mucho tiempo para ti mismo".

Montañas cubiertas de nieve y paisajes helados de Port Lockroy, Antártida / Istock
Cuando Oxígeno le preguntó si, pese a los momentos de miedo y frustración, había sido feliz, su respuesta fue clara: "Sin duda, sí". Y añadió: "Nuestro límite está más allá de lo que pensamos". Estaba orgulloso de haber conseguido la expedición como la había planteado. Y todavía encontraba una manera de quitarle solemnidad al logro cuando le preguntaban por su siguiente objetivo: "Ahora mismo pagar el crédito que he pedido para irme a la Antártida".
- Nacieron a 400 kilómetros y se encontraron en una fiesta: Las raíces separadas de Pedro Sánchez y Begoña Gómez están entre un barrio obrero y un pueblo Conjunto Histórico famoso por sus bodegas
- Gabriel Rufián, 44 años, sobre el pueblo entre olivares de Andalucía donde están sus raíces: 'Es mi vida, es la sangre que me corre por las venas
- Cándida, vecina de Barcarrota, Badajoz: 'En una reforma de una casa de mi pueblo encontraron unos libros, era una edición desconocida del Lazarillo de 1594
- El refugio de Esperanza Aguirre (74 años) es considerada la ciudad más perfecta del mundo: 'Por mis venas corre un mayor porcentaje de sangre vasca que de otros sitios de España
- Arturo Pérez-Reverte (74 años), sobre el rincón de Cartagena donde creció: 'Un puerto de mar, con marinos de todo el mundo, con barrios chinos, con broncas... Yo crecí viendo eso, moviéndome por la calle sin que mis padres supieran dónde estaba a cada minuto
- Sureyma (45 años), vive sola con sus dos hijas en un pueblo tan aislado de Asturias que solo se puede llegar caminando: “Después de estudiar, viajar y vivir en un montón de sitios, yo lo que quería era volver al pueblo”
- El último habitante de un pueblo de León, Sergio, sobre lo que pasa en la España vaciada: “Antes en verano la gente venía y se quedaba 15 días o un mes, pero cada vez vienen menos”
- Yone, 32 años, vive en una casa abandonada de una aldea con 4 habitantes de Burgos: 'La compré por 70.000 euros y la reformé, veía potencial