El refugio de José Yélamo (42 años) es la ciudad que le devuelve a su infancia: "Empaparme de esos problemas y preocupaciones para al día siguiente plasmarlos en la página de un periódico... es mágico"
Antes de las tertulias de los sábados hubo una libreta, un timbre y un barrio de Cádiz. José Yélamo vuelve a Los Caños de Meca para no perder ese hilo.

El periodista guarda una estrecha relación con la ciudad que le vio hacerse al gremio. / istock/gtres
Leva semanas siendo el rostro que menos se esperaba entre pruebas de fuego y coreografías imposibles. José Yélamo terminó como uno de los cuatro finalistas de la última edición de El Desafío, el formato de Antena 3 que le sacó de la mesa de tertulia política para meterle en un columpio en llamas, y la exposición le ha devuelto una popularidad que hasta ahora solo controlaba desde el otro lado de la cámara. Los sábados sigue siendo suyo el turno de noche, el espacio de debate ciudadano que conduce desde 2022, tras haber tomado antes el relevo de Iñaki López en laSexta Noche. Entre plató y concurso, el gaditano ha aprendido a convivir con la exposición constante, algo que dice ya no le afecta por mucho que las redes se lo pongan crudo cada semana.

Adriana Fernández
Pero hay un lugar donde ese ruido se apaga sin que él tenga que buscarlo demasiado: Los Caños de Meca, en el corazón del Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate, entre Barbate y Vejer de la Frontera. No es la playa de postal que uno imagina cuando piensa en la Costa de la Luz, o no solo eso. Son los acantilados que superan los cien metros cayendo sobre el Atlántico, los pinares que se extienden hasta perder la cuenta, y un aire que a Yélamo le recuerda, según ha contado él mismo, a la época en la que empezaba a hacer periodismo con una libreta bajo el brazo y ninguna cámara delante.

Ciudad de Cádiz / Istock / Frank van den Bergh
Descubre La Breña
Cuesta creer que el espacio protegido más pequeño de Andalucía esconda tanto. El Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate ocupa 5.077 hectáreas, de las que 3.925 son terrestres y el resto se reparte por una franja marina de una milla náutica a lo largo del acantilado. Fue declarado parque natural en julio de 1989, cuando la Junta de Andalucía decidió proteger de una vez algo que llevaba siglos resistiendo por su cuenta: el Tajo de Barbate, un cortado de más de cien metros que el oleaje ha ido tallando hasta dejar en el fondo del mar una sucesión de rocas y arena.

La Breña y Marismas del Barbate / Istock
Lo curioso es que en un espacio tan reducido conviven cinco ecosistemas distintos sin pisarse: el marino, el del propio acantilado, el pinar, la marisma y los sistemas dunares. El pinar de la Breña, el más extenso de la provincia de Cádiz, no es tan antiguo como parece. Se plantó a finales del siglo XIX para frenar el avance de las dunas de la playa de la Hierbabuena, y hoy es precisamente lo que da sombra a quien recorre a pie o a caballo el sendero de la Torre del Tajo, el más fotografiado de todo el parque, que termina asomado al Estrecho de Gibraltar con el Cabo de Trafalgar recortado al fondo. Ahí, en 1805, se libró la batalla que todavía da nombre al cabo. La historia y la naturaleza, en este trozo de Cádiz, comparten paisaje sin estorbarse.

La Breña, Cádiz / Istock / 5
Vivir los Caños de Meca
Los Caños de Meca nunca ha querido parecerse a nada. El pueblo, que en los años setenta se convirtió en refugio de una generación que huía de la ciudad, mantiene ese aire de asentamiento costero que no termina de decidirse entre lo bohemio y lo pesquero, con casas bajas encaladas y una sola carretera que lo atraviesa de punta a punta hasta perderse en el Faro de Trafalgar. Por el día el protagonismo es de la arena y del viento, que aquí sopla con la fuerza suficiente para que el kitesurf y el windsurf hayan echado raíces junto a las almadrabas de toda la vida.

Faro de Trafalgar / Istock / Alvaro German Vilela
TRAYECTOS
Desde Cádiz capital, la ruta más directa toma la A-48 hasta Vejer y de ahí la carretera que baja hacia Barbate y Los Caños de Meca, poco más de una hora de trayecto con calma. Desde Sevilla, contando con la AP-4 y después la A-48, el viaje ronda las dos horas, así que quien salga temprano puede llegar a media mañana y aprovechar el día entero.
Quien quiera algo más que playa tiene el parque a un paso. El sendero del Acantilado recorre la línea de costa entre pinos hasta la Torre del Tajo, con miradores que se asoman al vacío sin barandillas de más, tal y como la naturaleza los dejó. Hacia el interior, la marisma del río Barbate atrae a garcetas, garcillas bueyeras y algún halcón peregrino que sobrevuela los cortados en busca de presa, un espectáculo que los amantes de la ornitología conocen bien y que sorprende a quien no esperaba encontrar tanta vida silvestre a apenas unos metros de una sombrilla. Y para quien busque olas, El Palmar y su arena interminable quedan a un cuarto de hora, ya en el término de Vejer de la Frontera, otro de los pueblos que corona este tramo de la Breña desde su promontorio.

Caños de Meca, Cádiz / Istock
De Cádiz a los Caños: Guía práctica
Un plan razonable arranca en el puerto pesquero de Barbate, donde todavía se descarga el atún de almadraba que después llena las cartas de toda la comarca, sigue por la carretera del acantilado hasta el mirador de la Torre del Tajo y termina en Los Caños de Meca a tiempo para la puesta de sol, que aquí tiene fama merecida. Para comer, El Caña sirve pescado fresco de la bahía con vistas a la playa de Los Caños y al propio faro desde su terraza, aunque conviene tener en cuenta que abre solo entre abril y septiembre, así que fuera de esas fechas hay que buscar alternativa en el pueblo. Quien quiera alargar la jornada puede subir hasta Vejer de la Frontera al caer la tarde, con sus calles blancas trepando la colina y una de las mejores panorámicas de toda la Breña desde sus murallas.

Ciudad de Cádiz / Istock / Marc Dufresne
Yélamo lo resume sin necesidad de adornarlo demasiado: "En Diario de Cádiz, cuando era becario, me iba con una libreta y un bolígrafo a un barrio, tocaba un timbre y se me abría una puerta a una realidad que nunca hubiera conocido de otra forma. Empaparme de esos problemas y preocupaciones para al día siguiente plasmarlos en la página de un periódico... es mágico." Puede que sea por eso que vuelve a un lugar donde el paisaje tampoco pide permiso para imponerse: acantilados que no se andan con medias tintas y pinares que no dejan ver el final del camino, igual que aquellas puertas que se abrían sin saber muy bien qué había detrás.
- Ana Boyer (37 años) lleva diez años viviendo en una isla artificial donde los pisos cuestan un millón de euros: 'Nos conquistaron sus vistas al mar
- Paco es alcalde, policía y personal de mantenimiento de una aldea donde vive completamente solo: 'He elegido quedarme aquí porque amo la naturaleza
- El refugio de Vicente Vallés (63 años) está en las Islas Afortunadas: 'Es una preciosidad. Es como un pequeño continente
- Las raíces de Emilio Aragón (67 años) están en un pueblo de Sevilla al que su padre Miliki dedicó su primera canción: tiene una puerta que resistió a cartagineses, romanos y árabes
- Fernando (38 años), el único habitante de su aldea desde hace más de 16 años: 'No me da miedo vivir solo, me da miedo que el pueblo desaparezca
- Tirso vive en un pueblo del Pirineo sin cobertura ni servicios y a una hora del médico: 'Es peor la soledad de las ciudades que la de los pueblos
- El poeta Rilke recorrió el mundo en busca de la ciudad soñada y la encontró en un rincón de Andalucía: “El espectáculo de esta ciudad es indescriptible”
- Nacieron en el mismo lugar, pero solo uno se quedó: las raíces separadas de Kira Miró (46 años) y Salva Reina (48 años) están en 'el continente en miniatura', Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad