Javier Pérez de Arévalo, farero en Mallorca: “Ya casi no hay fareros viviendo en los faros, y los que continuamos ya no estamos sometidos al aislamiento que tuvieron que sufrir”
Con solo siete fareros a tiempo completo en Baleares y unos 20 activos en toda España, el oficio se enfrenta a la soledad del pasado y la modernidad.

El prestigio de un oficio que desaparece poco a poco. / Istock
Es conocido como “el último farero de Formentera”, por sus 12 años de servicio en el Faro de la Mola, tras los que cerró las puertas por última vez a este oficio en la zona, hoy deshabitada. Hoy trabaja y reside en el de Punta de la Avanzada, en la localidad mallorquina de Pollença, y aunque sigue siendo un trabajo solitario, nada tiene que envidiar al que antaño suponía: “ya casi no hay fareros viviendo en los faros”, afirma, “y los que todavía continuamos residiendo en uno de ellos ya no estamos sometidos al aislamiento que hasta hace una o dos generaciones tuvieron que sufrir."

Playa de Formentor, Península de Formentor, Bahía de Pollensa / Istock
Doctor en Historia, licenciado en Filosofía, máster en Bioética y compositor, además de dueño de una extensa obra literaria que recorre prosa, verso e investigación, el farero navegaba en conversación con MallorcaDiario.com entre las vicisitudes que enfrenta un oficio cada vez más olvidado, y una profesión que, hasta hace poco requería el aislamiento absoluto.

Adriana Fernández
La profesión de farero
Sustituyó en octubre de 2025 a Juan Manuel Molinete, que llevaba 33 años en el puesto. En Baleares solo quedan siete fareros a tiempo completo; en toda España, de los cerca de 300 que había en 1992, ya solo quedan alrededor de 20 puestos activos. Pérez de Arévalo es uno de ellos, y la razón de su traslado, lejos del ego, responde a las facilidades que hoy el farero ya puede permitirse:
“Nos vinimos de Formentera a Mallorca para que nuestro hijo tuviese la oportunidad de estudiar una carrera en Palma”. Pese a que en un primer momento el requisito de residencia en el faro era algo indispensable, hoy no es habitual, aunque este caso el “habito” sí ha convencido al monje.
“Hay que aprender a vivir en un faro. Sus instalaciones suelen ser bastante antiguas, sin agua de red, con líneas eléctricas en muchos casos de más de 50 años”, pero nada ha impedido que él y su familia continúen con este propósito que, en octubre, cumplirá un año.
En su caso, el Faro de Punta de la Avanzada, a lo pies del Mediterráneo, fue electrificado en 1953, y remodelado en el 74, pero el resto de la estructura se mantiene en perfecto estado desde su construcción, en diciembre de 1905, situado en la misma Bahía de Pollença que le saluda desde hace 121 años.

Faro de la Punta de la Avanzada / Wikicommons / CarlosVdeHabsburgo
El Faro y la ciudad de Pollença
La estructura se eleva sobre un pequeño promontorio que remata el extremo de la península de la Avanzada, a unos 5 km del Port de Pollença, dentro del recinto de La Fortaleza de Albercutx, un espacio fortificado perteneciente al siglo XVII que hace de este faro un espacio accesible solo desde el mar, puesto que el recinto contiguo es privado y de uso militar.
Su vecino es la razón de que esta torre octogonal de sillería de unos 18 metros de alto esté catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) junto a la fortaleza, aunque también alberga un título propio, el de Patrimonio Histórico y Farero de las Islas Baleares.

Atalaya de Albercutx / Mapcarta
Al otro lado del agua, Pollença, la villa a la que pertenece, es conocida históricamente como una de las más ricas del norte de la isla mallorquina, a los pies de la Sierra de la Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y de origen romano en el año 123 a.C., con posterior historia medieval y, a continuación, pictórica, albergando la Escuela Pollensina de Pintura, y con ella intelectuales como Winston Churchill.
La anécdota literaria
Se dice que, en 1930, la célebre escritora británica Agatha Christie visitó el Port de Pollença buscando descanso y su estancia la inspiró para escribir el libro de relatos Problema en Pollensa, en inglés, Problem at Pollensa Bay.
Guía práctica: qué ver
Una guía básica por la ciudad recoge los siguientes puntos:
El Calvari
Se trata de una imponente escalinata de 365 escalones de piedra, correspondientes a cada día del año, rodeada de cipreses, que lleva a un pequeño oratorio barroco del siglo XVIII.

El Calvari / Wikicommons / Olaf Meister
Convent de Sant Domingo y Museo de Pollença
Hablamos de un claustro barroco del siglo XVII que acoge el prestigioso Festival Internacional de Música de Pollença.
El Puig de Maria
Si te gusta caminar esta es la elección perfecta: un monte de 330 metros que alberga un antiguo monasterio fortificado del siglo XIV con amplias vistas a la bahía.
Port de Pollença y Passeig Voramar
No puedes curiosear el faro sin ver su puerto, y en este caso hablamos de la vertiente marinera del municipio, famosa por su paseo peatonal a la orilla del mar bordeadas de pinos centenarios y chalets históricos.
Cap de Formentor
El punto más septentrional de la isla, nada como un paseo con sus espectaculares acantilados y el faro de Formentor de fondo, el cierre perfecto.

Cap de Formentor / Wikicommons / Morfheos
El paseo será largo pero la recompensa merece la pena: despide el día probando las tradicionales sopas mallorquinas con verduras de temporada y una base de caldo concentrado. Y de postre, pecamos de evidentes: nada como una ensaimada de cabello de ángel para dar el toque dulce a tu escapada.
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