El fotógrafo que "anticipó" la pandemia en Madrid

Javier Aranburu publica imágenes de antes de la covid, algunas, premonitorias

Luis Meyer
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Foto: © Javier Aranburu

Cartier-Bresson, pionero indiscutible en el arte de la street-photo (fotografía callejera) el siglo pasado, dijo una vez: "La composición se basa en el azar. Jamás hago cálculos. Entreveo una estructura y espero que suceda algo”.

© Javier Aranburu

El fotógrafo Javier Aranburu podrá afirmar hoy algo parecido: una mañana, temprano, se encontró, casi por casualidad, con la que probablemente es la foto de su vida. Es precisamente la que figura en la portada de su último libro, Retrato de Madrid (Anaya PhotoClub), y la que abre este artículo. 

© Javier Aranburu

“Tuve suerte. Aunque no lo parezca, la foto es de antes de la pandemia, y no está preparada”, explica el artista. “Me fui al puente de Juan Bravo, que cruza el Paseo de la Castellana. Llegué muy temprano, antes de que amaneciera, y me aposté allí. Empezaron a pasar algunos coches. Pero en un momento que la avenida estaba completamente vacía, apareció este señor y se puso a andar justo por el medio. Y pensé: ‘este tío me ha dado la foto con mayúsculas’”.

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Aunque esta obra monumental de casi 200 imágenes centradas en la capital es prepandémica, hay otras referencias premonitorias que remiten al confinamiento. Por ejemplo, la primera foto del libro, que el autor tomó desde la ventana de su habitación, una práctica que después se ha repetido hasta la saciedad durante el estado de alarma. O la imagen de una joven de espaldas frente al patio de butacas de un teatro vacío, en cuya camiseta, en la parte posterior, puede leerse "Dream".

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Pero todo esto no significa que la mayor parte del libro no tenga ahora un valor documental inesperado, irrebatible y, de algún modo, nostálgico. Porque la obra de Aranburu, con fotos que ha ido tomando a lo largo de dos décadas, nos retrotrae al Madrid de antes, el que en apenas cuatro meses de pandemia ha perdido una esencia callejera que aún es prematuro decir cuándo volverá. 

© Javier Aranburu

Y es que Aranburu ha retratado las múltiples caras de un Madrid efervescente, en continua transformación. Quien ya conozca la ciudad podrá identificar las plazas, rincones y tradiciones que aparecen en sus páginas, normalmente, protagonizadas por gente que hoy ya no pasea por su calles o, al menos, no con el desparpajo y la sonrisa (sin mascarilla) de antes.

© Javier Aranburu

Y quien nunca la haya visitado, podrá descubrir el Madrid que fue y sorprenderse de su diversidad cultural y de sus paisajes urbanos. 

© Javier Aranburu

Un trotamundos, y un trotacalles

“Tengo mi propia galería en Chamberí, fotografías de mis viajes por el mundo, pero de Madrid hay más de un centenar. Sin duda es mi tema principal”, cuenta el autor, y recalca: “La galería es mi apuesta por la libertad creativa. He colaborado con varios medios periodísticos, como Europa Press, pero quería dirigir mi carrera hacia esta vertiente artística”.

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Aranburu explica que en su libro, donde hay fotos tomadas con su clásica cámara Nikon de película, con cámaras digitales compactas y con una réflex de formato completo, ha buscado, sobre todas las cosas, la heterogeneidad. “Estuve mirando otros libros fotográficos de Madrid anteriores, y los había monumentales, otros de fotografía de calle… Y estaban muy bien, pero yo quise abordarlo desde un punto de vista poliédrico porque esta es una ciudad compleja, por eso incluyo motivos dispares como monumentos, fiestas deportivas, eventos culturales, fotografía conceptual, retratos de gente…

© Javier Aranburu

¿Por qué Madrid?

Es inevitable preguntarle al artista, que nació en París, por qué ha elegido Madrid como musa para su obra definitiva. “Es una ciudad que puede enamorar poco a poco. No es como Nueva York o París que te desarman y cautivan de entrada con monumentos como la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad. Madrid es más de ir descubriendo paulatinamente sus rincones, y la gente que las habita, que es lo que realmente me engancha de esta ciudad”.

© Javier Aranburu

Y remata: “He vivido en Nueva York, en Tokio, en Ámsterdam… Y en serio que lo que más valoro de aquí es que esto es como un pueblo grande, con ese punto de calidez en el trato, que no encuentras en ninguna otra capital del mundo”.

© Javier Aranburu