Jack London, aventura en los Mares del Sur

Ninguno de los personajes que protagonizaron sus cuentos y novelas tuvo una vida tan azarosa y llena de aventuras como la del escritor estadounidense. Este año se conmemora el centenario de su muerte.

Meritxell-Anfitrite Álvarez Mongay

Antes de convertirse en el autor mejor pagado de su tiempo, Jack London (1876-1916) vagabundeó por los oficios más infames y diversos, cualquier cosa con tal de ganar dinero y escapar de la miseria que mamó desde pequeño. Nació con el nombre de John Griffith Chaney, y todo apunta a que era hijo de un astrólogo ambulante que abandonó a su madre cuando supo que iba a ser padre; así que London tomó prestado el apellido de su padrastro.

Con 10 años vendía periódicos en la calle; con 14 dejó la escuela para ser explotado en una fábrica de conservas. Luego pensó que ganaría más como ladrón de ostras en los muelles de Oakland, hasta que se pasó al otro bando y persiguió a los piratas como guardacostas en California. A los 17 se enroló en una goleta para cazar focas en Japón y Siberia. Tuvo una época de indigente en la que se recorrió Estados Unidos en ferrocarril: "Que sepan ustedes que el éxito del mendigo depende de su capacidad para contar una buena historia". A cambio le daban café, huevos y pan; durmió unas noches en prisión por esta actividad.

Aficionado a las juergas y al alcohol, leía con el mismo afán que bebía un litro de whisky al día: Flaubert, Darwin, Tolstói, Marx... Con El capital en la mochila, se fue a buscar oro al Yukón; pero el literario es el único filón que encontró. Tras el éxito de La llamada de lo salvaje (1903) ya se podía llamar escritor. Publicó más de 50 libros, cuentos y artículos, cuyos ingresos derrochó en su rancho de Glen Ellen (California): "Después de mi mujer, es la cosa más querida en el mundo para mí". Allí acabaron hace cien años sus aventuras, cuando murió de una sobredosis -accidental o no- de morfina.

El Snark fue un capricho de quince metros de eslora que Jack London se hizo construir por 30.000 dólares para navegar sin rumbo (y sin conocimientos náuticos) por los Mares del Sur. La idea inicial era tirarse siete años dando la vuelta al mundo con una pequeña tripulación de amigos y su esposa, Charmian; pero, después de 27 meses, el periplo amarró en Australia finalmente. El viaje le inspiró varios cuentos (La casa de Mapuhi, Un buen bistec, Mauki), una novela (Aventura) y El crucero del Snark. El texto a continuación corresponde a un fragmento de este libro de viajes, publicado por la editorial Juventud.

"Cuando un hombre viaja a un país lejano, debe prepararse para olvidar muchas de las cosas que ha aprendido"

Le pusimos el nombre de Snark porque no se nos ocurrió ningún otro -lo digo en beneficio de todos aquellos que de otra manera podrían creer que hay algo oculto en este nombre-. Nuestras amistades no podían comprender qué nos impulsaba a este viaje. No hacían más que proferir quejas y lamentos. Nada podía hacerles entender que lo que hacíamos era dejarnos llevar por la inercia; que para nosotros era más fácil sucumbir a la atracción del mar y surcarlo en una pequeña embarcación que quedarnos en tierra firme, de la misma forma que para ellos era más sencillo quedarse en tierra que lanzarse a la mar. Es un estado mental provocado por un excesivo egocentrismo. No pueden salir de sí mismos. No pueden alejarse lo suficientemente de sí mismos como para darse cuenta de que su fluir quizá sea diferente al de los demás. Creen que sus deseos y preferencias forman un conjunto con el que ha de medirse los deseos y preferencias del resto de los seres. Esto es injusto. Y yo así se lo digo. Pero no pueden apartarse lo suficiente de sus propios miserables egos como para llegar a oírme. Creen que estoy loco. Por lo tanto, les soy simpático. Es una situación que ya me es familiar. Todos tendemos a creer que algo debe fallar en la mente de aquellos que no están de acuerdo con nosotros. [...]

Pero volvamos al Snark y por qué quería dar la vuelta al mundo con él. [...] Dado que estoy vivo, quiero ver, y este mundo es mucho más vasto que una pequeña ciudad o un valle. No hemos concretado mucho el itinerario a seguir. Al partir solamente sabemos algo con certeza, que nuestra primera escala será en Honolulu. Aparte de algunas ideas muy generales, no sabemos a ciencia cierta qué rumbo pondremos al zarpar de Hawái. Iremos abriendo nuestras mentes a medida que nos vayamos aproximando. A grandes trazos sabemos que vagaremos por los Mares del Sur haciendo escala en Samoa, Nueva Zelanda, Tasmania, Australia, Nueva Guinea, Borneo y Sumatra, para luego dirigirnos hacia Filipinas y Japón. Más tarde llegaremos a Corea, China, India, el Mar Rojo y el Mediterráneo. A partir de ahí nuestro proyecto de viaje ya se vuelve demasiado difuso como para poder describirlo, pero hay algunas cosas que es muy probable que llevemos a cabo, y espero pasar uno o varios meses en cada país de Europa.

El Snark navegará a vela. Llevaremos también un motor de gasolina, pero solamente para emplearlo en casos de emergencia, como cuando haya que sortear arrecifes con mal tiempo o cuando el viento entre en calma en zonas de fuertes corrientes que pudiesen desplazarnos mucho de nuestro rumbo. El aparejo del Snark es lo que conocemos como queche. El aparejo de queche es un término medio entre el yol y la goleta. En los últimos años se ha comprobado que el aparejo de yol es el mejor para la navegación de crucero. El queche conserva las características de crucero de yol y le añade algunas de las virtudes marineras de la goleta. Pero todo esto no hay que tomarlo al pie de la letra. Son simples teorías que bullen en mi cabeza. Nunca he navegado con un queche, ni siquiera he visto nunca ninguno. [...]

Originalmente estaba planeado que el Snark iba a tener una eslora de trece metros cuarenta centímetros en la línea de flotación. Pero pronto descubrimos que así no habría espacio para el cuarto de baño, por lo que decidimos incrementar su eslora hasta los catorce metros setenta centímetros. Su manga máxima será de cinco metros. Carecerá de superestructuras y barandilla. En la cámara gozaremos de una altura de dos metros y la cubierta será lisa y solamente se verá interrumpida por dos entradas a cámara y una escotilla a proa. El hecho de que el barco carezca de caseta que pueda comprometer la solidez de la cubierta hace que podamos sentirnos más seguros en su interior cuando la violencia de los mares descargue toneladas de agua sobre nosotros. [...]

No habrá tripulación. Mejor dicho, Charmian, Roscoe y yo seremos los únicos tripulantes. Lo haremos todo con nuestras propias manos. Con nuestras propias manos efectuaremos la circunnavegación del globo. Navegar hacia allí o naufragar hacia allá, todo estará en nuestras manos. Naturalmente, habrá un cocinero y servicio de camarotes. ¿Por qué tendríamos que guisar, lavar los platos y poner la mesa? Si quisiéramos hacer estas cosas podríamos quedarnos en tierra. En vez de eso estaremos siempre alerta y trabajaremos en el barco. Además, yo tendría que continuar con mi profesión de escritor para poder alimentarnos, para comprar velas nuevas y para mantener al Snark siempre en óptimas condiciones. [...]

Ni Roscoe ni yo sabemos nada de navegación, y el verano ya se ha acabado, y estamos a punto de zarpar, y el problema es cada vez más serio, y nuestras cuentas están a cero. Bueno, de todos modos hacen falta años para aprender a ser un buen navegante y ambos somos hombres de la mar. Si no nos da tiempo de aprender, nos llevaremos los libros e instrumentos necesarios y nos enseñaremos mutuamente el arte de la navegación durante la singladura entre San Francisco y Hawái.

Texto extraído de "El crucero del Snark", de Jack London.

Editorial Juventud, 2000.

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