Imaginación fuera de foco

Mark Twain afi rmaba que "no puedes fiarte de tus ojos si tu imaginación está desenfocada". Sin duda, el gran escritor, que tan bien supo explicar cómo eran las cosas a todos sus contemporáneos, sabía bien a qué se refería en una época en que la fotografía representaba todavía un invento muy reciente.

Tino Soriano

Una de las claves más importantes del proceso fotográfico es la capacidad de evocación que tiene la persona que maneja la cámara. Muchas imágenes memorables no se toman por casualidad. Son el resultado de una búsqueda, de una refl exión... y, a veces, de una considerable dosis de azar. Cuando el fotógrafo tiene algunas ideas en la cabeza, y una de ellas se materializa, tiene más posibilidades de obtener una fotografía interesante que otro que camine sin ningún rumbo esperando que suceda una situación remarcable para actuar.

No todas las buenas fotografías se obtienen después de imaginarlas. Una gran foto, ante todo, debe transmitir una idea. Aunque sólo sea estética. Por suerte existen muchos tipos de ideas, y los contenidos se enriquecen porque existen tantas formas de ver las cosas como fotógrafos.

"Coloca una piedra sobre una mesa, invita a un grupo de cien fotógrafos y tendrás cien fotografías diferentes", solía comentar Antonio Espejo, antiguo director gráfi co del periódico El País .

Un amante de la naturaleza, por ejemplo, disfruta buscando un encuadre en donde la composición y la atmósfera se conjuguen generando belleza. Pero deberá refl exionar previamente para determinar el camino que tiene que andar hasta que aparezca su paisaje soñado. Y, por descontado, imaginar el aspecto que tendrá en un preciso momento del día, con una determinada luz. En cambio, un fotógrafo que ame las imágenes de contenido social -fotografías que no irradian la belleza de los paisajes, pero que invitan a refl exionar al lector- deberá documentarse, introducirse poco a poco en su tema y esperar que, frente a su objetivo, converjan las claves que mejor expresan sus pensamientos.

La imaginación induce a preparar rutas, a evocar situaciones, a inventar posibles peripecias que quizás desembocarán en fotografías maravillosas. Como el cazador o el pescador, el fotógrafo sueña con sus presas, recorre con el mejor humor del mundo caminos intransitables que no pisaría ni en broma sin un equipo fotográfico a cuestas y busca la erótica de la palmadita en la espalda cuando los espectadores contemplan los trofeos obtenidos.

Un buscador de setas sería otro símil apropiado. El experto sabe dónde puede hallarlas y actúa con discreción. Pero el éxito nunca es fácil. Y es preciso tener buenas ocurrencias para conseguirlo.

Situaciones imprevistas
Cualquier fotógrafo, mientras avanza barruntando ideas potenciales que acabarán materializándose en fotografías, encontrará situaciones imprevistas que le cautivarán. Es la emoción para el afi cionado a la naturaleza de toparse, inesperadamente, con un animal salvaje; o la ilusión de ver una fi esta colorista fuera de programa para el interesado en imágenes costumbristas. Nunca sabes detrás de qué esquina se esconde una fotografía memorable. Pero las buenas instantáneas nunca se hacen porque sí. Cuando un fotógrafo transita por un camino determinado es porque está buscando algo, quizás otra cosa, pero, en cualquier caso, busca. Es importante crearse expectativas, planear las rutas y afi nar la logística, controlar los horarios, la luz, el tiempo. Luego casi siempre la realidad supera a la ficción. Para conseguir buenas fotos es preciso imaginarlas.

Además, evocando en términos fotográficos, observamos las cosas muy distintas respecto a cómo percibe la realidad una persona que se limita sólo a contemplar. Paul Klee lo expresaba perfectamente cuando afirmaba que "el arte no reproduce lo visible sino que hace visible lo que no siempre lo es".