II Expedición VIAJAR: del Serengeti al Ngorongoro

El mayor santuario natural de fauna salvaje. La II Expedición VIAJAR, organizada por B the travel Brand en colaboración con la revista, ha completado su viaje a los parques naturales del Lago Manyara, Serengeti y Tarangire y al volcán del Ngorongoro, en Tanzania. Siete días emocionantes en los que el excelente grupo de viajeros que ha formado esta II Expedición ha tenido la oportunidad de vivir el África de los grandes safaris, en compañía del director de viajar, Mariano López, y del fotógrafo Tino Soriano.

Mariano López
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Foto: Tino Soriano

La carretera más bella del mundo es muy probable que sea la que desciende por la espalda del volcán Ngorongoro y camina lenta, perezosa, hacia el sur del Parque Nacional Serengeti. Es territorio masái. El gobierno tanzano ha alejado a los masáis de los pastos del cráter, pero les permite instalarse en el resto de sus territorios ancestrales. Los masáis son un pueblo de leyenda, seminómada. Los árabes, que comerciaban con Zanzíbar, les evitaban. Su fama se debe al valor de sus guerreros, los llamados moran, que siguen probando su firmeza enfrentándose a un león con una lanza. Para vivir, cada familia masái forma una manyatta, un grupo de chozas de adobe y paja cercado con arbustos espinosos. De noche, el ganado duerme entre las chozas. Es su tesoro. Para los pastores masáis, la vida tiene más sentido cuando te permite acumular vacas

Si tienes vacas, puedes tener más mujeres –son polígamos–; si tienes más mujeres, puedes tener más niños; si tienes más niños, puedes pastorear más vacas. 

Nuestro chófer, Lukas, es masái. Conduce y guía uno de los nueve vehículos de Kibo Safaris que forman la II Expedición VIAJAR. Habla español, lo aprendió escuchando a otros guías y a los turistas. Le pregunto con qué se quedaría, si le dieran a elegir: con un coche o con diez vacas. Sin dudar, responde: “con el coche”. Y lo explica: “con un coche puedes ganar dinero en los safaris; y si ganas dinero, puedes comprar muchas vacas. Escucha, Mariano –añade Lukas para remachar su argumento–, tienes que entenderlo: sin vacas, no eres nadie”

Las shukas, las mantas con que se cubren los masáis, generalmente rojas, brillan en la distancia, se pueden ver desde kilómetros. En África, en el África que ha recorrido esta Expedición, desde los territorios del Kilimanjaro –donde se filmó la película Hatari– hasta el corazón del Serengeti, las carreteras están iluminadas por las shukas, las mantas masái, y por los bidones de colores que lleva la mayoría de las mujeres en la cabeza. Las carreteras de África te atrapan. Cierro los ojos y por encima del encuentro con los animales, siempre extraordinario, pervive en la memoria la vitalidad y la belleza que anima los mercados y las carreteras tanzanas: los árboles, los comercios, las motos, los camiones, los colores, las vacas, los masáis... Todo suficientemente desordenado, alegremente caótico. Una continua explosión de vida. La vida, que nació en África.  

La II Expedición VIAJAR ha tenido el privilegio de visitar cuatro Parques Nacionales tanzanos que forman, en su conjunto, el mayor santuario natural de fauna salvaje del planeta. Primero, el lago Manyara, al que Ernest Hemingway llamó “el lago más hermoso de África”. Luego, el cráter del Ngorongoro, del que otro escritor, Alberto Moravia, dijo que era “el mejor monumento que la naturaleza se ha hecho a sí misma”. En el Serengeti, la Expedición se encontró con el grandioso espectáculo que supone la migración anual de los ñus. En Tarangire recorrimos un valle cuajado de baobabs, los gigantes vegetales que pueden llegar a vivir más de 1.500 años. Durante el viaje dormimos en una granja, junto a una plantación de café, y en el lujoso Serena Lodge, pero quizás se haya fijado más en la memoria el recuerdo de la tienda elevada del Tarangire (rodeada por cebras, gacelas y ñus) y la maravillosa experiencia que supuso dormir en una tienda de safari clásica en el centro exacto del Serengeti, con los mismos lujos que cautivaron a la baronesa de Memorias de África: el fuego, las estrellas, el rugido no muy lejano de los leones, la visita nocturna de las hienas... 

La naturaleza nos regaló preciosos encuentros –los cinco grandes, rinocerontes negros, el guepardo, los perros salvajes, un serval– pero cierro los ojos y recuerdo ante todo la hermosura del cráter y el paisaje que dibujan las acacias en el Parque Nacional Serengeti. Y creo que sería feliz viajando –siempre– por las carreteras que atraviesan la sabana africana y se pierden entre las acacias y los baobabs. Se lo cuento a Lukas, nuestro guía. “Sí –me dice–, viajar es importante. Pero recuerda: necesitas vacas”. Lukas comenzará pronto sus vacaciones. Dejará el uniforme de guía, se vestirá la shuka, regresará a su poblado y trabajará un tiempo como pastor masái. Apostaría a que de esa vida lo que más le gusta no son las vacas. Es la libertad. Se lo pregunto y se ríe. Seguimos adelante. En el coche de Kibo. Por las carreteras del siringet, la llanura infinita. La tierra verde, preciosa, que ha emocionado a todos los viajeros que han participado en la II Expedición VIAJAR. 

Serengeti en globo

Los viajeros de la II Expedición VIAJAR (arriba, junto a los guías de Kibo Safaris) disfrutaron de los extraordinarios momentos que depara un vuelo en globo por el Serengeti. En tierra, la suerte y el talento rastreador de los guías les permitieron avistar los cinco grandes (león, leopardo, búfalo, elefante, rinoceronte) y la gran migración de los ñus, las cebras y las gacelas de Thomson.

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