El icónico castillo alemán que inspiró a Disney acaba de entrar en la lista de Patrimonio de la Humanidad
La Organización de Naciones Unidas y la Cultura ha anunciado la incorporación del emblemático castillo de Neuschwanstein a su lista de Patrimonio de la Humanidad, lo que podría cambiar para siempre la forma de entender la cultura.

Cuando era pequeño, el rey Luis II de Baviera pasaba las tardes contemplando las ruinas medievales que se encontraban cerca de la residencia familiar. El castillo de Hohenschwangau, construido por el padre del monarca sobre una antigua fortaleza medieval, aparece dibujado en los diarios del joven príncipe, referenciado como una fantasía que va más allá del mero capricho. Apodado como “Rey Loco”, su obsesión con un pasado que nunca existió lo llevó a crear Neuschwanstein, años después.
Para muchos es uno de los castillos más bonitos de Alemania y no es para menos. Construido en el siglo XIX, esta obra monumental en lo alto de una colina fue concebida para mezclarse con el paisaje alemán y mezclaba en su diseño diferentes estilos arquitectónicos, mientras que sus pasillos fueron decorados con representaciones de leyendas clásicas como Tristán e Isolda e incluso del célebre rey español Fernando el Católico. El resultado fue monumental, rococó y estrafalario, así como uno de los monumentos más célebres y reconocibles de Alemania, atrayendo a decenas de miles de turistas todos los años.

A principios de enero, la Unesco anunció su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad, una distinción que hasta la fecha era normal otorgar a obras que fueran representativas de su tiempo. De hecho, en palabras del etnólogo Christoph Brumann recogidas por Europa Press, el castillo era considerado como un monumento “de segunda fila”, al no tratarse de un edificio medieval genuino, sino de una representación romántica y personal de un periodo histórico. Incluirlo cambia las cosas, pues difumina los límites de lo que puede constar como patrimonio protegido y lo que no.
El castillo soñado de un rey loco
La construcción de la obra nunca se terminó. Con motivo de los cambios a los planos originales que el rey imponía constantemente, tanto el presupuesto como los planos se iban ampliando de una manera que parecía no tener fin. De esta forma, lo que comenzaba siendo un cierto trabajo se terminó por convertir en la Sala del Trono y un cuarto de visitas terminaba por ser la Sala Árabe. No era un castillo convencional, ni práctico, ni diseñado para nada más que no fuese el propio capricho del monarca, que viviría solo en el lugar junto a su servicio, pues carecía de espacio para albergar a la corte. Con todo, el joven monarca llegó a permanecer un total de 173 días en Neuschwanstein.

Tras la expropiación del lugar, en su mayoría por las deudas que había acumulado el monarca entre esta y otras construcciones, el castillo se transformó en museo en cuestión de semanas. Una función que tras muchos vaivenes y su casi desaparición como consecuencia de la segunda guerra mundial, sigue cumpliendo hoy en día.

Mientras que a finales del XIX se permitía pasear libremente por las instalaciones, el rápido deterioro de muebles y otros elementos decorativos hicieron que las rutas estuviesen delineadas y acotadas por los guías, en un corredor que se estrecha por la sobrecarga de mesas ostentosas, cómodas recargadas y diversas artesanías, la mayoría con funciones meramente decorativas. Pese a lo que pueda parecer, la visión de Luis II sobre el pasado medieval de Alemania dio lugar a una de las obras de arquitectura más sorprendentes. Fue precisamente su imaginación desbordada la que concibió un castillo que, hasta el momento, solo existía en las novelas de fantasía.
Neuschwanstein protegido: cómo entrar en la lista de la Unesco
Para que cualquier estatua, templo, fortaleza, castillo, palacio o construcción sea considerada, primero tiene que existir una propuesta por parte del estado que la administra. De esta forma, cada país publica un inventario de los bienes susceptibles a ser patrimonio. Tras ello, comienza la creación de una exhaustiva propuesta que incluya todos los documentos requeridos por la Unesco, que se presentará al Centro del Patrimonio Mundial y, de pasar el primer filtro, entrará en un proceso de año y medio en el que se evaluará la incursión o no del monumento seleccionado. La última palabra será siempre del Comité de Patrimonio Mundial, reunido solamente una vez al año en una sesión en la que se discute la incursión o no de los monumentos que han pasado todos los filtros.
Y es aquí donde la cuestión del castillo entra en tela de juicio. Para que un monumento sea seleccionado, debe demostrar que posee un valor humano excepcional e incluir alguno de los criterios indispensables para entrar por fin en la lista. Según el portal del Ministerio de Cultura, serían los siguientes:
- Obra de arte del genio creador humano
- Intercambio importante de influencias en áreas como la arquitectura, las artes monumentales, la planificación urbana o la creación de paisajes.
- Testimonio único o excepcional sobre una tradición cultural o civilización.
- Ejemplo representativo de un tipo de construcción o conjunto arquitectónico, tecnológico, paisajístico o de un periodo de la historia de la humanidad.
- Un ejemplo eminente de la relación entre el hombre y su entorno natural.
- Relación directa o material con eventos, tradiciones, ideas, creencias o creaciones artísticas de significado universal excepcional.
- Representar fenómenos o áreas de belleza natural y valor estético únicos.
- Ejemplos destacados de las grandes fases de la historia de la Tierra, procesos geológicos o elementos geomórficos significativos.
- Ejemplos representativos de procesos ecológicos y biológicos en la evolución de ecosistemas y comunidades de especies.
- Hábitats clave para la conservación de la biodiversidad, especialmente de especies amenazadas con valor universal excepcional.
En el caso de Neuschwanstein, no se trata de un monumento representativo de una época ni una cultura, tampoco de un momento histórico destacable para la historia de la humanidad. Sin embargo, es una obra monumental de gran valor cultural para Alemania, representativa de su patrimonio y única, pues no se han dado muchos ejemplos de reinterpretación de la arquitectura medieval de estas dimensiones.
Se podría ver como una representación de romanticismo alemán de la época, un movimiento de apreciación de los clásicos culturales y el entorno natural que caracterizó este periodo histórico del país. Sin duda, un lugar mágico presente en todos los itinerarios de viajes por el sur alemán y un cambio notable en la forma en la que el mundo se relaciona con su historia de ahora en adelante.
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