Hoteles de oro, por Jesús Torbado

En Harbin, una ciudad del noroeste de China, acaba de abrir un hotelito llamado Paradise Island. En su vestíbulo aparece un inmenso corazón fabricado con lingotes de oro (279 kilos en total).

Jesús Torbado

Hemos entrado en un nuevo año, oh desilusión inmensa, sin noticias frescas acerca de una de las grandes proezas españolas del siglo. Claro, los malos tiempos que parecen correr para las desbocadas mafi as marbellíes y su expansión hasta quién sabe dónde han debido de frenar la idea o esconderla en otros parajes. A mediados de 2003 se anunciaba la construcción en la ciudad de los detritos de la corrupción política del primer hotel de diez estrellas del mundo. Recubierto todo su interior con láminas de oro, hasta el suelo (unas doce toneladas de este metal aproximadamente). Retretes de oro, cascadas con polvo de oro, postres con adornos de oro comestible, cosméticos de oro... en fin, lo inenarrable, creación genial de una experta sociedad llamada Aurum XXIV y plantada, por supuesto, en el corazón de la Milla de Oro.

Lástima, gran lástima no conocer detalles actualizados del prodigio. Claro que han venido al quite los chinos, lanzados de pronto al estrellato económico. En una ciudad del noreste llamada Harbin, antigua colonia rusa, en su calle principal, antología de arquitectura europea, acaban de abrir un hotelillo llamado Paradise Island. En el vestíbulo aparece un inmenso corazón fabricado con lingotes de oro (pero sólo 270 kilos en total). Y defendido de las pisadas por un grueso cristal. Creerán los chinos que han descubierto el Mediterráneo y que van a darnos envidia, después del impasse de Marbella. Ignoran una historia mucho más refi nada que ocurrió en una modesta aldea maragata llamada Santiagomillas, en el patio de una preciosa casa que todavía puede ver el viajero, si sus actuales propietarios le autorizan la entrada. A mediados del siglo XIX la reina Isabel II viajó a La Coruña. Decidió hacer noche en la casa del llamado Maragato Cordero, uno de los personajes más curiosos e importantes de la época, arriero de ofi cio y muy rico (contrató el transporte a lomos de mula y en carretas de los tubos de hierro del canal madrileño -luego Isabel II-, que los fabricantes ingleses desembarcaban en La Coruña).

Ante el aviso de la regia visita, Santiago Alonso Cordero anunció que alfombraría con monedas de oro el inmenso patio de su palacio. Le advirtieron de la inconveniencia de tal delicadeza: si las colocaba de cara, la reina habría de pisar el propio rostro; si de cruz, hollaría el escudo de España. "Cierto es -replicó el Maragato-: colocaré las monedas de canto para que no ocurra tal cosa". La historia o leyenda intentaba describir el carácter de aquel personaje, pero explicará hoy a los chinos que menos lobos, que la idea de un hotel con pavimento de oro se practicó o imaginó en el alfoz de Astorga hace 150 años.

Mas en esto de lo "tendencioso" de la hotelería el noticiario sería inagotable. Como se sabe, ya se han abierto establecimientos para homosexuales y lo más avanzado son probablemente los hoteles exclusivos para mujeres. Las mujeres, particularmente las altas funcionarias de cupo y las ejecutivas, aseguran que ya era hora. Estaban completamente hartas de ver en la repisa de los lavabos cuchillas y crema de afeitar (como si ellas no se afeitasen). Los empresarios, en todo caso, van a tener el asunto difícil. Están bien el secador de pelo, el tampax y un par de perfumes como amenities mayores. Mas será complicado satisfacer a sus clientas más exigentes: atendiendo a lo que aconsejan como imprescindible las revistas que leen y los abrumadores anuncios de televisión, necesitarán pestañas, uñas y alargamientos capilares postizos; infi nitos potingues para pelos, labios, pies, cuello, manos, vagina, pieles secas o húmedas; bebedizos de toda especie; parches o ungüentos contra las molestas arrugas y la celulitis; cremas y píldoras adelgazantes, antiedad, antibolsas de ojo, anticaídas de papada, reforzantes, desincrustantes, limadoras de piernas, tapaporos, estructuradoras de trasero, reafirmantes de pechos...

Sin duda, un auténtico hipermercado junto a los grifos. Acabarán esos hoteles siendo más extravagantes que el patio del Maragato Cordero y más caros que los auténticamente de oro.