Hostal dos Reis Católicos, 500 años de hospitalidad

Los usuarios de la web de viajes más grande del mundo, TripAdvisor, han situado al Parador Hostal dos Reis Católicos de Santiago de Compostela en el primer puesto del ranking "Traveller''s Choice Paradores de Turismo" de 2013, una lista que distingue a los diez mejores Paradores de Turismo del año conforme a las opiniones de los usuarios de TripAdvisor, que han valorado, en la web, su experiencia en Paradores.

Mariano López

Las opiniones de los internautas no pueden ser más elogiosas: "el mejor hotel en el que he estado en mi vida", "es un puro museo", "las habitaciones, únicas; el desayuno, excelente", "una de las maravillas de Santiago". La mayoría destaca la calidad histórica y artística del Parador: "pasillos llenos de todo lujo de detalles, claustros y patios que te evocan ensueños de otras épocas"; otros se fijan en la situación del hostal, en su relación con la Plaza del Obradoiro: "al salir por su puerta, uno se enfrenta con una de las vistas más espectaculares de España"; todos admiran su servicio -"por norma, excelente"- y el valor de su hospitalidad. Todavía hoy, quinientos años después de ser construido para atender a los peregrinos, el Hostal dos Reis Católicos mantiene viva su tradición de acogida. Todos los días, los diez primeros peregrinos que aparecen con la Compostela -el documento que acredita su condición de peregrinos- se ganan el derecho a desayunar, almorzar o cenar, completamente gratis, en un comedor situado entre los patios de San Marcos y San Lucas. En el mismo lugar donde comían los peregrinos hace quinientos años.

En 1486, los Reyes Católicos visitaron Santiago de Compostela y quedaron espantados por la situación de los peregrinos. Muchos llegaban enfermos, tullidos, heridos por las muchas fatigas del Camino y en Santiago no había ningún hospital. El único existente, en aquella época, había sido consumido por un terrible incendio unos años antes de la visita de Isabel y Fernando. Los reyes regresaron a la corte, conscientes del problema. "Ay mucha necesidad de un ospital donde se acojan los pobres peregrinos e enfermos que allí vinieron en romería", escribieron al deán de Santiago, en una nota donde se le informaba, también, de la solución: "Mandamos por ello facer un ospital a nuestras costas, el qual entendemos dotar de nuestras propias rentas".

Con jurisdicción propia

Las obras del edificio comenzaron en el año 1501, firmadas por Enrique Egas, arquitecto de confianza de los monarcas. Egas levantó un recinto sobrio, racional, con dos plantas y dos claustros, destinado a acoger peregrinos sanos y enfermos y también pobres, enfermos y huérfanos de la ciudad.

A su llegada, los peregrinos sanos eran recibidos por un hospitalero conocedor de lenguas extranjeras. Se anotaba el nombre y procedencia de los peregrinos y se les adjudicaba un lecho por un máximo de tres noches en verano y cinco en invierno. Si el peregrino estaba enfermo, pasaba a ser atendido por los médicos y, si llegaba el caso, se disponía su alojamiento en el hospital. Había seis salas de enfermos, que llegaron a ser veinte en las décadas finales de la institución. Cada sala acogía un número variable de camas. Cada cama se encontraba ocupada por dos pacientes, a quienes se entregaba, nada más llegar, el vestuario completo: camisón, caperuza y pantuflas. La paja del jergón se renovaba dos veces al año; las sábanas del colchón se cambiaban cada ocho días en verano y cada quince en invierno.

Toda la maquinaria estaba regida por el administrador, único juez de los destinos de quienes se alojaban en el hostal. Las cadenas que aún se conservan, delante de la fachada principal, simbolizaban la frontera de un espacio con jurisdicción propia, donde no había pena de muerte, la guardia o la milicia no podían entrar, se contaba con una cárcel y el administrador solo tenía que responder ante los Reyes o el Papa.

Entre los siglos XVII y XVIII, el hostal llegó a atender entre mil y dos mil enfermos por año. En el XVIII, la caída de un corredor elevado durante una procesión motivó la reestructuración del edificio, que pasó a tener la configuración actual, con dos claustros añadidos a los anteriores, que se organizaron de modo que la planta final lleva forma de cruz griega, en torno a un centro geométrico que alberga la capilla real, de estilo gótico, destacada por el valor de sus esculturas y declarada Monumento Nacional en 1912.

Cardenales y músicos

Tras la ampliación, el hostal pasó a servir como hospital central de Galicia, pero sucesivos problemas de financiación le llevaron a mermar su alcance. Fue hospital provincial de La Coruña y, luego, un servicio dependiente de la Facultad de Medicina, agregado al Hospital Clínico de Santiago. Aún son muchos los santiagueses que recuerdan esta función. Algunos, incluso, nacieron en sus quirófanos.

El hostal seguía abierto a los enfermos y a los peregrinos cuando la posibilidad de que el Papa Pío XII visitara Santiago, con motivo del Año Santo Jacobeo de 1954, causó una revolución. Franco supo de las intenciones del Papa, a través del cardenal Quiroga Palacios, y decidió que el mejor lugar para alojar al Papa tenía que ser el hostal. No parecía una mala idea. Solo que faltaba menos de un año para la presunta llegada del Papa y el trabajo, reconvertir el hostal en un hotel de cinco estrellas, era inmenso. Pero el Gobierno dio la orden y nueve meses después el hostal se convirtió en un hotel de lujo.

Durante nueve meses, más de 2.700 obreros y artesanos participaron en la reconversión del hostal en hotel, en turnos de 24 horas al día, también los sábados y domingos. Los enfermos fueron trasladados a un hospital cercano y el edificio fue ocupado, día y noche, por un ejército de obreros que trabajó sin descanso. Al final, se consiguió: el hotel, una joya, estaba listo para la llegada del Papa. Fue entonces cuando Pío XII comunicó que, sintiéndolo mucho, no podía viajar a Santiago. Una pena. Pero el hotel de lujo ya estaba hecho. Pasó a formar parte, primero, de la empresa pública de turismo, Entursa, y, pocos años después, de Paradores.

El Año Santo Jacobeo de 1954 el Papa no fue a Santiago, pero el hotel acogió a muchos de sus cardenales. Entre ellos, el patriarca de Venecia, Roncalli, quien luego ocuparía la silla de San Pedro con el nombre de Juan XXIII. Su habitación se conserva prácticamente con la misma decoración que conoció el obispo Roncalli y que luego ha acompañado a muchos otros huéspedes, entre ellos a Mick Jagger, de los Rolling Stones.

Rincones con historia

Cada cuarto, cada muro, cada rincón está lleno de historias. En la pila bautismal de la capilla fue bautizada Rosalía de Castro, recogida en la inclusa del hostal. En el observatorio de agonizados, la sala dispuesta para que los desahuciados escucharan sus últimas misas, dio conciertos Andrés Segovia, a quien le encantaba la sonoridad de tan tétrico lugar.

Otros huéspedes menos famosos también han dejado su impronta en el hostal. Una placa en el restaurante Dos Reis rinde homenaje al matrimonio Pereira, de Santiago. La pareja ha comido en el restaurante Dos Reis todos los días, durante quince años. Siempre en la misma mesa, la que ahora lleva su placa. La viuda de Pereira, María Nieves, una adorable señora con más de 80 años, no pudo evitar las lágrimas cuando se descubrió la placa, el mismo día en que TripAdvisor premió al Hostal. A su hostal. El lugar en el que han dormido y soñado tantos y tantos peregrinos los últimos 500 años. En el que se han despertado con vistas a una de las plazas más bellas del mundo.

Los diez mejores Paradores del año

El Hostal dos Reis Católicos encabeza el ranking elaborado sobre la base de las opiniones de los usuarios de la web de viajes TripAdvisor. Le sigue en la clasificación el Parador de Santo Estevo, en Ourense, al que los internautas dedican comentarios entre los que se encuentran los calificativos de "impresionante", por su edificio y por su entorno, "maravilloso y sobrecogedor". En tercer lugar aparece el Parador de Alcalá de Henares, "comodidad impecable, Parador moderno y sencillo a la vez y con una calidad en todos los sentidos excelente". El resto de la lista la componen, por orden, los Paradores de Oropesa, por su "patio interior en el que tienes la sensación de haber sido transportado a otra época" y el de Aiguablava (Girona), del que un usuario dice: "solo sentarse en la terraza del bar mirando las gaviotas y disfrutar del mar cortando sus olas contra la roca es de sobresaliente". El sexto puesto lo ocupa el Parador de Cangas de Onís, "ubicado dentro de un antiguo monasterio, conserva todo su encanto monacal", seguido por los edificios de Cardona, Plasencia y Cáceres. En décimo lugar, concluye la lista el Parador de Nerja, "un lugar ideal para pasar unas vacaciones tranquilas", según los viajeros.