Natalia Roldana, historiadora del arte sevillana: "El nombre de esta iglesia se basa en la leyenda de un fantasma"

La ciudad con una iglesia cuyo nombre proviene de un fantasma
La ciudad con una iglesia cuyo nombre proviene de un fantasma / Sean Pavone

Además, Sevilla tenía fama de albergar a muchos protestantes, por lo que los sermones de los miembros del clero eran constantes y rotundos en contra de este movimiento.

Y entre ellos, destacó el que realizó un fraile franciscano desde el púlpito de esta iglesia sevillana. En su sermón, advertía a los herejes que tuvieran cuidado de lo que decían, ya que "las paredes tenían ojos y oídos, y su desviada conducta llegaría a conocimiento de los guardianes de la fe verdadera".

Redacción Viajar

La palma del cementerio y la frase prohibida

"Sucedió que uno de los oyentes era hereje y, nada más salir de la iglesia, en el cementerio que hoy ocupa la plaza de San Juan de la Palma, se detuvo ante una palma o palmera que se alzaba en el centro del mismo y le dijo: 'Palma, la Madre de Dios no quedó Virgen después del parto'", ha continuado diciendo Roldán.

Podría parecer que este gesto no tendría consecuencias al no haber ningún oído indiscreto cerca para poder escuchar sus palabras. Pero este joven no corrió tanta suerte pues, al día siguiente, fue denunciado ante el Tribunal de la Inquisición del Castillo de San Jorge por parte de un anciano.

El anciano fallecido que testificó desde la tumba

Tras apresar al joven por los hechos cometidos, este afirmó que las acusaciones eran falsas y que el suceso no se había producido en realidad, por lo que las autoridades decidieron acudir en busca del anciano para pedir explicaciones.

"Pero, para sorpresa de todos, en la dirección que había facilitado solo vivía un joven", ha afirmado la sevillana. En ese momento, los allí presentes le preguntaron por este anciano y se lo describieron, lo que hizo que el muchacho exclamara: "No busquen más al viejo, que era mi abuelo y murió hace ochenta años".

Y continuó diciendo: "Está enterrado bajo la palma que hay en el cementerio de la Iglesia de San Juan". Tras escuchar estas palabras los inquisidores, regresaron al castillo y le explicaron lo sucedido al acusado: "Cuando le contaron el milagro que permitió que un muerto resucitara para defender la Virginidad de María, el hereje confesó su horrendo pecado y fue juzgado y condenado". 

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