La historia del español que dio la vuelta al mundo en coche
Con 23 años, Manuel Leguineche sabía de fútbol, cantar en euskera, jugar al mus y algo de periodismo, así como otras cosas inútiles. Nunca explicó como logró unirse a una expedición para circunnavegar el mundo en coche. Pero lo hizo. Y así, el que años después se convertiría en el periodista de referencia de su tiempo, también inspiraría a toda una generación de viajeros.

Con sesenta mil kilómetros por delante, el viaje supuso un récord mundial en recorrido automovilísitico / Istock / Lebazele
“De los veinte libros que he escrito, El camino más corto es el que más satisfacción me ha procurado”. Con esta frase abre el prólogo de la sexta edición, mucho tiempo después de terminar su viaje, Manuel Leguineche. Es una frase en retrospectiva de un libro en retrospectiva, pues durante toda su vida, tanto él como miles de lectores mirarían atrás a esta hazaña particular como si Marco Polo tuviese gafas de pasta negras y escribiese crónicas de la guerra de Vietnam.
"No sé conducir ni nada de mecánica, pero sé cantar, jugar al mus, tengo muy buen humor, sé algo de geografía y he leído a Conrad, Stevensoy y Verne."
Ese año en Madrid hacía frío y había huelga en la Complutense. Con poco más de 20 años, en el invierno de 1964 el joven periodista e intento fallido de abogado se encontró con su amigo, el fotógrafo Willy Metter, quien le habló del proyecto y le prometió una entrevista con el periodista americano que se encargaría de dirigir la expedición y le prometió una entrevista. El lugar, una tasca madrileña. La entrevista, una serie de preguntas en las que, como buen aspirante, mintió en todas. Es así como consiguió embarcarse en el proyecto: batir el récord mundial en distancia en automóvil, iniciando un viaje promovido por el tedio hacia su propia vida, donde todo salió bien y mal, donde enfermó, trabajó, mintió y alguna vez ayudó a otro antes que a sí mismo.
El camino más corto
Entender por qué el libro que escribió a raíz de este viaje, pese a ser desconocido por muchos y rara vez reeditado, ha marcado tanto a sus lectores. La primera pista puede estar en el texto que presenta. Es un texto de Hermann Keiserling, en el que dice:“El camino más corto para encontrarse a uno mismo da la vuelta al mundo. Me dispongo, pues, a dar la vuelta al mundo.” Sirve tanto como un inicio brutal, como de aclaración de intenciones. Este fue un viaje personal, con motivo propio de su autor y sin más pretensiones que las de hacer algo y contarlo. En resumen, un viaje con el que todos nos podemos identificar, de una forma u otra.

Manuel Leguineche, considerado como una de las figuras más importantes del periodismo español / Getty Images / Quim Llenas
Llegó de Madrid a Jerez y luego a Tánger, sin nni siquierasaber cambiar una rueda de repuesto. El objetivo era batir el récord de 33.790 kilómetros en coche que Peter Townsend consiguió a finales de los 50. Lo superaron, por más de 5.000 km, aunque, durante todo el trayecto, el objetivo de conseguirlo se diluye hasta casi desaparecer entre sus más de 600 páginas, priorizando la anécdota y creando una fotografía histórica de un mundo que hoy nos quiere sonar de algo.
Durante los casi tres años que dura el viaje, Leguineche recorre un mundo que apenas nos suena, donde era seguro viajar de Jerusalén, el parque temático de las religiones, a Teherán en carretera y el sudeste asiático se redefinió con el comienzo de las guerras en Laos y Camboya y Vietnam. Compartió periodo y escenario con Santa Teresa de Calcuta, a la que entrevistó, así como al Dalai Lama y a la ministra de la India, Indira Gandhi. El Sha era, por entonces, el mandatario de Afganistán y, en Egipto, Gamal Abdel Nasser gobernaba con puño de hierro.

Con un Toyota Land Cruiser y un Willys de la 2ª Guerra Mundial recorrieron el desierto des Sahara en su primera etapa. / Istock / cinoby
Fueron más de una veintena de países repartidos por los cinco continentes en los que jugó al fútbol con el rey de Camboya -marcándole un gol sin el menor sentido del protocolo-, cruzó el Sahara con difteria apoyándose para no morir y cazó un tigre en la India. En su paso por Tailandia, la expedición se disgregó, obligándole a sobrevivir a manos de un vendehúmos en el negocio de las píldoras vitamínicas. Con la mirada en el ahora, todos los eventos son tratados con parcialidad y desde la experiencia, sin pretender más que plasmar el momento presente. Esa honestidad y falta de pretensiones es, posiblemente, la razón de su popularidad.
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