"Gruñidos imperiales" de Robert D. Kaplan

Antonio Hernández

Robert D. Kaplan
Ediciones B. 2007
460 páginas.
18,90 €

Ernie Pyle, el corresponsal que murió en la batalla de Okinawa, aseguró que "todo reportero es ciudadano de alguna parte y cree en algo", lo que debiera dejar la cuestión de la objetividad informativa aparte. Kaplan va por ahí, y a lo largo de este libro demuestra que EE UU es el benefactor del mundo y también su cuerpo de acción más famoso, los marines, que tienen como divisa el acrónimo de ganarse los corazones y las mentes de los países en que intervienen y construir en ellos una nación. Para la empresa se necesitan hombres capaces de sonreír a los niños o saludar impertérritos a los naturales que obsequien con cortes de mangas, porque los satélites no ofrecen información en una contrainsurgencia, y la gente sí cuando se ha ganado su confi anza. Los marines, pues, no sólo son guerreros sino potenciales amigos de quienes quieran serlo suyos. La solidaria intención no excluye la dureza en caso contrario, y el conjunto se revela coercitivo: los marines deben parecer "el mejor de los amigos y el peor de los enemigos en aras de la democracia". Kaplan nos detalla sus ofi cios parejos de misiones humanitarias, negociadores con facciones tribales o adiestradores de milicias extranjeras. Y, eso sí, con una prosa magnífi ca que encandila al lector.