John James Audubon, el viajero que migró con las aves

Considerado un pionero de la ornitología por unos, y acusado de fraude y plagio por otras partes, el artista francoestadounidense pintó toda la fauna que vio volar por los cielos de Misisipi, Texas, Alabama, Wyoming, Luisiana… legando un registro exquisito de la vida silvestre a inicios del siglo XIX.

Meritxell-Anfitrite Álvarez Mongay
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Foto: D.R.

Nunca dejó de escuchar los sonidos de los pájaros

Siempre tuvo pájaros en la cabeza. Garzas, buitres, mirlos… Quería pintar del natural y a tamaño real toda la avifauna de Norteamérica. Águilas, chochines, flamencos… Espécimen de origen dudoso —“el momento preciso de mi nacimiento sigue siendo un enigma para mí...”, John James Audubon (1785–1851) pasó la niñez en Francia. “En lugar de ir a la escuela, me escapaba al campo...” Su padre quería que fuese hombre de mar, pero lo que a él le gustaba era recoger plumas, huevos... mapaches, zarigüeyas y otros bichos.

Ciudad de Natchez, en Misisipi, dibujada por Audubon. | D.R.

Cual ave migratoria en busca de climas benignos, cruzó el océano temiendo que con las guerras napoleónicas lo reclutaran en el ejército. Estuvo enjaulado por deudor un tiempo y, cuando su negocio quebró, se entregó a su ocupación preferida: retratar animales que antes cazaba y luego se comía o diseccionaba. Así, con rifle y pinturas, libros de La Fontaine y Linneo, viajó por Estados Unidos, desde Labrador a las Grandes Llanuras, por territorio cheroqui y siux; a pie, a caballo, en barco... por los ríos Misisipi y Ohio. Grullas, arrendajos y jilgueros todavía revoloteaban en sus pensamientos cuando la demencia senil le dejó en silencio.

Dibujo de grévoles engolados, un tipo de urogallo, realizado por Audubon. | D.R.

10 años dibujando aves en Norteamérica

Lo de John James Audubon era auténtica pasión por los pájaros. Sentía una intimidad con ellos, rayana el frenesí, que me acompañaría toda la vida”. Le llevó más de 10 años dibujar todas las aves norteamericanas hasta entonces conocidas, incluyendo una veintena de géneros por él descubiertos y aves hoy extinguidas, que reprodujo en 435 láminas a escala 1:1.

Dibujo de Audubon de su casa, Minnie's Land, en Nueva York. | Wellcome Library, London

Muchos de aquellos ejemplares alados los observó navegando en un bote desde Cincinnati, en el estado de Ohio, a Nueva Orleans, en el de Luisiana. El texto que reproducimos a continuación corresponde a un fragmento de su Diario del río Misisipi, publicado por Nórdica Libros en una hermosa edición ilustrada con algunas de sus mejores pinturas ornitológicas.

“Las esperanzas son pájaros tímidos que las mejores escopetas rara vez alcanzan”

Tras el desayuno dejamos el Puesto de Arkansas con el deseo de ver el territorio que hay corriente arriba, y es tan intenso mi entusiasmo de ensanchar el conocimiento ornitológico de mi país que siento como si deseara ser otra vez rico y de esa forma tener la capacidad de dejar a mi familia durante un par de años. Aquí he conocido a un caballero francés que hace pocas semanas mató un halcón de gran tamaño completamente blanco salvo por la cola, que era de color rojo brillante. Por desgracia, no encontré restos de la piel, de las patas ni del pico.

Carpinteros reales dibujados por Audubon. | D.R.

Viajamos rápido. Hemos alcanzado la desembocadura y hemos atracado el esquife después de matar cinco cuervos, de los cuales queríamos obtener sus plumas. Nunca había sido tan sencillo acercarse a estos pájaros ni, de hecho, a todas las aves que hemos visto. Dos halcones que nunca antes había visto se alzaban sobre nosotros. Los indios viajaban en sus canoas, los hemos saludado y les hemos ofrecido un trago de whisky. Como no podían hablar inglés ni francés, he dibujado un ciervo con un hachazo en los cuartos traseros y he resoplado para darles a entender que queríamos jamones de venado.

Han traído dos y les hemos dado cincuenta céntimos y un par de cargas de pólvora, les hemos sacado una sonrisa y nos hemos estrechado cordialmente las manos. Una india, una mujer muy hermosa, ha vadeado hasta nosotros, igual que los hombres, y ha bebido a voluntad. Siempre que estoy con indios siento la grandeza de nuestro creador en todo su esplendor, porque allí veo al hombre desnudo salido de su mano y, sin embargo, libre de dolores adquiridos.

Texto extraído de Diario del río Misisipi. John James Audubon. Nórdica, 2020. | D.R.

En el río Blanco hemos visto gran cantidad de ánades reales y algunas grullas del paraíso. También dos grandes bandadas de estos zambullidores o pelícanos desconocidos. Hemos llegado a nuestros botes sobre las seis de la tarde, fatigados pero satisfechos. Una buena cena, una feliz charla y rostros amables por todas partes. Todo el mundo se ha ido a la cama muy contento. [...] Ligera nevada por la mañana.

He dedicado casi todo el día a dibujar, el viento soplaba con mucha fuerza. Poco después del desayuno he visto varias golondrinas de mar en un remolino río abajo y he matado dos al vuelo. Al caer la primera, la segunda se ha acercado como si quisiera ver qué había pasado, y la he matado de un disparo. Las dos que quedaban, y que se acercaban rápidamente bajando en círculos, han desaparecido de inmediato. Estas aves volaban livianas con el pico perpendicular al agua, la cual parecían mirar muy atentas. De tanto en tanto se dejaban caer sobre ella y recogían los trocitos de galletas que lanzábamos desde el barco. He terminado mi Gracula barita pero no el dibujo completo. El vaivén del barco resulta bastante desagradable.

D.R.

A la caída de la tarde he salido a dar un largo paseo, he visto muchas reinitas, en particular la reinita de antifaz, he disparado a un zorzalito colirrufo. Fui a visitar a un campesino, un francés criollo. Sus niños eran apuestos y todos me tenían miedo. La dama era indeciblemente hermosa. El pequeño jardín estaba adornado con unos cuantos naranjos. Buenas lechugas cubrían los bordes. Los guisantes casi habían germinado, las alcachofas me recordaron a otros tiempos felices en Francia. He comprado rábanos deliciosos y, claro está, me he interesado por las aves. A una legua de distancia hay un buen lago que en esta época sirve de lugar de encuentro para patos, gansos, etc. Sin embargo, no pudieron ofrecerme comentarios valiosos. Una breve bajada de las temperaturas ha vuelto tan afables a los sinsontes norteños que apenas se apartaban del camino.