Graceland, Neverland, por Mariano López

Se estima que Neverland podría atraer diez veces más turistas que la tumba del rey del rock.

Mariano López

Por alguna extraña razón estuve en Graceland, en la mansión, el museo y el rancho donde vivió y fue enterrado el gran Elvis Presley, rey del rock and roll. Se encuentra al sur de la ciudad de Memphis, en el Estado de Tennessee, una antigua región cheroqui cuyo nombre llevaron a los mapas por primera vez los exploradores españoles del siglo XVI. La historia de la exploración española de Tennessee no es muy conocida, pero la de Graceland sí. La mansión pertenecía al dueño del periódico Memphis Daily, quien la había bautizado con el nombre de Graceland como homenaje a su hija Grace. Elvis nació en Tupelo y a los 13 años se mudó a Memphis. Compró Graceland con las ganancias de sus primeros discos, para regalársela a sus padres, y luego la convirtió en su santuario. Un pórtico neoclásico, cuatro columnas corintias y dos estatuas de leones custodian la puerta de la mansión, que recibe más de 600.000 visitantes al año. Es la casa privada abierta al público más visitada en EE UU después de la Casa Blanca y ambas tienen algo en común: en 1991 Graceland fue incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos de EE UU. Desde entonces, es parte reconocida de la historia norteamericana, que vibra cuando se cumple el aniversario de la muerte de Elvis, el 16 de agosto, y decenas de miles de fans acampan en el bulevar Elvis Presley, a las puertas de Graceland, para elevar sus plegarias a la memoria del rey del rock, aunque muchos creen, fi rmemente, que sigue vivo.

La voz de la viuda de Elvis, Priscila Presley, recibe a los visitantes de Graceland. Está grabada en un dispositivo que sirve de audioguía para una visita de 90 minutos. El tour recorre sólo la planta inferior de la mansión: las habitaciones con sillones forrados con piel color de leopardo, la sala de grabaciones, el frontón, el cuarto con los trofeos, la colección de trajes y el salón donde "Elvis ‘chistoseaba'' con sus amigos", según dice la voz del audio en español. Para el rey del rock, Graceland era una estética necesaria, un estilo de vida. Se dice que modifi caba las habitaciones de los hoteles para que se parecieran a las de Graceland. Ahora, muchos modifi can su vida para descubrir al Elvis que llevan dentro. Viajan a Graceland, duermen en el Heartbreak Hotel, se fotografían junto a los trajes, los aviones o los coches, rezan en el memorial, incluso se visten de Elvis. Algunos echan de menos al ídolo; la mayoría añora otros tiempos, otros sueños.

Este verano, la industria se prepara para un nuevo Graceland. El antiguo rancho de Michael Jackson, Neverland, en Santa Bárbara, con su parque de atracciones y el posible mausoleo del rey del pop, podría atraer el primer año diez veces más turistas que la tumba del rey del rock. Ambas atracciones ofrecerían muchos elementos en común. La voz del audiotour por Graceland debería ser la de la viuda de Michael, Lisa Marie, hija de Elvis. La colección de coches de Michael, que incluye el Cadillac de Paseando a Miss Daisy y un Dodge de los Simpsons, luciría espléndida en un edifi cio separado, con entrada aparte, como la de Elvis, y también su avión privado y las colecciones de trajes y de discos de oro. Neverland lo tiene todo para ser el Graceland de los hijos de Elvis. Se llenaría de almas habitadas por Peter Pan. Millones de turistas que buscan nuevos lugares donde reencontrar viejos sueños. Y música, más música. Queremos que Neverland abra ya sus puertas. Necesitamos que exista. En el futuro bulevar Michael Jackson de Santa Bárbara. Con un pórtico de columnas corintias y dos leones alados bajo un guante de plata.