Si no sabes quién fue Gerald Durrell, tienes que descubrir la isla de Jersey

Cuando amas a los animales, su historia te puede cambiar la vida

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Allard1 / ISTOCK

Cuando una persona excepcional encuentra su lugar en el mundo el resultado sólo puede ser bueno.

Gerald Durrell, polifacético, incansable, genuino, tenaz… y, sobre todo, uno de los grandes amantes y defensores de los animales que ha dado el siglo XX a escala mundial. Pionero en muchos aspectos, su vida es una fuente de inspiración.

Byron Patchett

Desembarcamos en la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha, con el fin de descubrir el pequeño territorio en el que Gerald Durrell decidió asentar su legado para la humanidad y el fruto de su gran obra a lo largo de su vida.

Ese hombre socarrón que se consideró un animal

Ya lo dejó constar claramente en el título de la obra que le catapultó a la escena mundial. En Mi familia y otros animales una novela autobiográfica que forma parte de su trilogía Corfú -, ya alude a su talento como futuro naturalista y a su inabarcable amor por los animales, hasta el punto de considerarse a él mismo y a su familia como uno de ellos. Un magnífico e irónico relato de su infancia, en la que se forjó el carácter indomable y persistente de Gerald Durrell.

Vacas pastando en la Isla de Jersey | pelvidge / ISTOCK

Como solía decir, la primera palabra que pronunció en su vida fue «zoo», y esa idea constante marcaría a la postre su vida.

Nacido en la India – perteneciente a la Corona británica en aquel momento - en 1925, donde su padre trabajaba de ingeniero, fue allí donde tuvo el primer contacto con un zoo, quedando prendado para siempre.

La prematura muerte de su progenitor en 1928 hizo que la familia se trasladara años más tarde a la isla griega de Corfú. Durante los cinco años que pasaron en ella, Durrell comenzó a desarrollar su pasión como naturalista, hasta que regresaron a Inglaterra en 1939, justo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Allí tuvo sus primeras experiencias laborales con los animales, desde un acuario hasta un zoo, cumpliendo su sueño.

Isla de Corfú, Grecia | SlavkoSereda / ISTOCK

Pero el carácter inquieto de Durrell anhelaba mucho más. A partir de 1947 – momento en el que emprendió su primera expedición a África -, inició la cuenta de las innumerables partidas alrededor del mundo en busca de animales. Fue aquí cuando comenzó a percibir la importancia de conservar la fauna debido al riesgo de que muchas de ellas desaparecieran con el tiempo como consecuencia de la acción humana; todo ello en un contexto en el que estos ideales estaban lejos de ser reconocidos.

Los zoos, puros escaparates de animales en aquella época, se limitaban a conseguir especímenes para sus colecciones, sin ejercer ninguna labor de conservación o educación. Pero Gerald Durrell no abrazaba esta manera de tratar y considerar a los animales, sino más bien como seres a los que había que respetar y ayudar.

Isla de Jersey | VFKA / ISTOCK

Desilusionado con el sistema imperante, decide crear su propio zoo con el objetivo de convertirlo en un espacio de conservación y cría de animales en peligro de extinción. La cría en cautiverio no era algo aceptado en esos momentos y la comunidad científica no respaldaba su visión.

No obstante, la publicación de Mi familia y otros animales en 1956 le otorgó una gran popularidad, coincidiendo con su momento vital de decepción con la gestión de los zoos existentes, por lo que se lanzó a crear el suyo propio. Es así como, en 1958, da con una mansión ubicada en la isla de Jersey que reúne las características para llevar a cabo su proyecto.

Vacas en la Isla de Jersey | Gaflynn / ISTOCK

A partir de entonces, la trayectoria del zoo de Gerald Durrell es ya una historia de éxito, unida a la creación de la Jersey Wildlife Preservation Trust en 1963 y su vertiente internacional en 1971, encaminada a la conservación a escala planetaria.

La isla de Jersey: la casa de Durrell

El zoo que creó Gerald Durrell se convirtió en su principal motivación y en su propia casa, tal y como había deseado en su infancia.

Situado al noreste de la isla, se ha convertido en todo un símbolo de esta porción de tierra a caballo entre Francia e Inglaterra. El Dodo, la imagen que lo personifica en la lucha por la conservación de las especies en peligro de extinción, ha creado toda una marca y un icono internacional.

Zoo de Jersey | Turismo de Jersey

El zoo fue pionero en todo el mundo en la cría en cautividad, además del único de su época en acoger especies en peligro de extinción – un hecho que mantiene en la actualidad, con un 90% del total -, por lo que se ha convertido en un motivo de orgullo para los 100000 habitantes que pueblan este territorio. El hecho de que las cenizas de Gerald Durrell fuesen enterradas en el mismo zoo tras su muerte en 1995, hace de este lugar un punto de peregrinaje para los amantes de los animales.

Estatua de Gerald Durrell en el Zoo de Jersey | Jon Mountjoy

Más allá del zoo, Jersey Bailliage – según su nombre oficial – es una dependencia de la Corona británica que cuenta, sin embargo, con una enorme autonomía, con su propio gobierno, leyes, moneda…

A pocos kilómetros de la costa francesa, la influencia francesa impregna la isla con sabor normando, aunque en la práctica es el inglés el que domina.

Isla de Jersey | Gary Le Feuvre / ISTOCK

Ligada a Inglaterra desde hace casi mil años, Jersey es la más meridional de las islas del Canal de la Mancha. Su tamaño reducido, con menos de quince kilómetros en su parte más larga, no impide que se haya convertido en uno de los grandes paraísos fiscales del mundo, con su capital, Saint Helier, al frente.

Al margen de su intensa actividad financiera, Jersey puede presumir de toda una red de senderos que permiten costear la isla en todo su contorno, disfrutando desde algunos puntos del litoral de Francia al frente y de un bello paisaje marino.

Faro de la Isla de Jersey | Alan_Lagadu / ISTOCK

Su clima benigno hizo de ella un destino recurrente para los ingleses, aunque hoy en día ha perdido algo de fuelle. Sin embargo, monumentos patrimoniales como el impresionante castillo de Mont Orgueil – el castillo de Gorey, como se conoce popularmente -, del siglo XIII, o el mismo Zoo de Jersey – un emblema de la zona -, han conseguido conservar el interés turístico por la isla.