Georgia del Sur, el destino final de un hombre que venció a la soledad

Esta remota isla austral fue una de las obsesiones de Shackelton, el mayor explorador de todos los tiempos

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Cheryl Ramalho / ISTOCK

Ernest Henry Shackleton es el nombre completo de uno de los héroes más extraordinarios de la historia de la navegación y protagonista de una de sus mayores proezas en la era moderna. Este irlandés nacido en 1874, perteneciente a la época dorada de la exploración de los polos, lideró una expedición que será recordada en el tiempo y tomada como ejemplo de paciencia, resistencia y capacidad de superación y supervivencia. Toda una hazaña en la «tierra del hielo» y sus gélidas aguas que el destino quiso que, años más tarde, acabara siendo, sin sospecharlo, en el lugar donde vería sus últimos rayos de luz, concretamente en Georgia del Sur.

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La fascinante expedición del Endurance y su tripulación: un viaje hacia la soledad

La historia de la mítica expedición del Endurance no es ninguna desconocida para el público en general en España, al menos desde hace dos décadas, momento a partir del cual diversas exposiciones y documentales como Atrapados en el hielo, comenzaron a dar visibilidad a unos hechos de leyenda.

Ernest Shackelton, segundo por la izquierda | James Murray

Todo comenzó con el propósito de Ernest Shackleton de atravesar la Antártida de lado a lado, con un llamativo anuncio en el periódico que ha pasado a la posteridad, buscando hombres para formar parte de la tripulación que se embarcaría en esta aventura – si bien aún no ha sido probado que se publicara realmente -.

La expedición (1914-1917) vio truncado su objetivo al quedar el barco atrapado en una banquisa de hielo y engullido poco a poco, sumiéndose todo el equipo en la más absoluta soledad de unas tierras alejadas de todo y de todos. Dada por perdida la embarcación, Shackleton decidió formar un campamento externo que también sería abandonado tras varios meses para buscar otra posición más ventajosa en otra banquisa, esperando que la deriva de los hielos les acercase a algún punto donde hubiera civilización. No mucho tiempo después, las condiciones inestables de esta banquisa obligaron a la tripulación a embarcarse en los botes hacia la isla Elefante. 

Frank Hurley

Al tratarse de una isla inhóspita, Shackleton emprendió junto con otros cinco elegidos un viaje casi suicida a través de 1300 kilómetros con una embarcación de seis metros de eslora, con la esperanza de alcanzar Georgia del Sur, donde sabía de la existencia de asentamientos balleneros.

Tras llegar milagrosamente a la isla después de dos semanas de pésimas condiciones marítimas, en una proeza de la navegación sin parangón en la era moderna, alcanzaron la costa en la parte sur de la isla, desde la que Shackleton y dos elegidos aún tuvieron que partir a pie 51 kilómetros atravesando montañas para llegar al otro lado de la misma, donde se encontraban los asentamientos humanos y desde donde se organizaron los diferentes rescates del resto de la tripulación.

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Tras más de dos años perdidos en el hielo, los 28 hombres que formaban parte de la expedición estaban sanos y salvos gracias al tesón de un líder que supo hacer frente a todo tipo de adversidades, especialmente el aislamiento y la dramática situación que iba minando la moral de la tripulación.

Georgia del Sur: la ironía del destino

Pese a ser considerado un héroe nacional a su regreso, Shackleton era un hombre apegado al mar y a los hielos. Tras los envites de la Primera Guerra Mundial, Ernest sentía un irrefrenable deseo de volver a emprender una nueva expedición; es así como en 1921 organiza una nueva aventura rumbo a las tierras de la Antártida.

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En ese trayecto hacia las latitudes australes acaban fondeando en Georgia del Sur, la isla en la que cinco años antes encontró la salvación para él y su tripulación; sin embargo, aquejado de problemas cardiacos que venía arrastrando durante el viaje, acaba pereciendo en la misma isla que le trajo nuevamente a la vida. Una ironía del destino que hizo que, por deseo de su propia esposa, Georgia del Sur se convirtiese en el lugar donde reposaría para siempre.

Y en verdad no pudo elegir un lugar más idóneo de descanso para un hombre tan ligado a la Antártida y a la única compañía de los hielos, puesto que las islas Georgias del Sur constituyen el territorio dependiente más austral de la Tierra.

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Bajo administración del Reino Unido – aunque en disputa con Argentina por su dominio -, este conjunto de islas e islotes del Atlántico Sur son uno de los lugares más remotos e inhóspitos del planeta, aunque de extraordinaria belleza y diversidad.

La isla San Pedro o Georgia del Sur es la más grande de todas ellas, destacable por un relieve montañoso que sobresale llamativamente del océano – once picos superan los 2.000 metros de altitud sobre el nivel del mar y su cumbre más elevada alcanza casi los 3.000 –; gran parte de su superficie se halla cubierta de glaciares y el duro clima que reina, con vientos extremadamente fuertes y persistentes – especialmente en la vertiente sur de la isla -, hace que las condiciones de habitabilidad sean realmente difíciles.

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No obstante, durante el siglo XX se convirtió en uno de los centros balleneros más importantes del mundo, con la instalación de la Compañía Argentina de Pesca en su territorio para aprovechar el mercado resultante de la caza de los grandes cetáceos.

Abandonadas sus instalaciones hace décadas, hoy en día representan los vestigios de una intensa actividad que pobló esta remota isla austral, si bien en la actualidad no llegan a un par de decenas las personas que viven aquí de manera intermitente.

Una iglesia, un museo sobre la historia ballenera de la isla y un pequeño cementerio – donde se localiza la tumba de Ernest Shackleton – son los ejemplos más notables de las construcciones que se levantan en este reducto helado del océano Atlántico.

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Al margen de la acción humana, las Islas Georgias del Sur son un paraíso natural. Aquí se encuentra una de las reservas marinas más grandes del mundo, donde importantes corrientes arrastran toneladas de krill. Con el privilegio de ser una de las islas con mayor diversidad biológica de la Tierra, las islas Georgias del Sur representan una explosión de vida natural - aquí viven más del 90% de los lobos marinos del mundo y la mitad de los elefantes marinos, así como enormes colonias de pingüinos y aves de estas latitudes -.

Una aglomeración animal en un mundo de viento y hielo en el que Ernest Shackleton terminó sus días de aventura frente a la soledad del gran continente antártico.