El fotógrafo que se obsesionó con una isla "de otro planeta"

Jordi Esteva, escritor y fotógrafo, recaló un día en Socotra, una isla del índico, y quedó prendado de sus gentes y de su peculiar paisaje, que no parecía de este mundo. Hablamos con él de su experiencia en este lugar sin igual. 

Luis Meyer
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Foto: ©Jordi Esteva

Posiblemente, si quisiéramos concretar dónde se encuentra la isla de Socotra, el dicho “en medio de ninguna parte” se ajustaría perfectamente. Pero seamos un poco más concretos: es una isla del Índico, a doscientos cincuenta kilómetros del Cuerno de África y a casi cuatrocientos de las costas de Arabia. ¿Y qué le hizo al fotógrafo y escritor Jordi Esteva volver una y otra vez a este lugar recóndito e inaccesible? Muchas cosas, como nos cuenta a continuación. Pero antes, presentemos brevemente a este artista y aventurero polifacético:   Jordi Esteva es un apasionado de las culturas orientales y africanas a las que ha dedicado la mayor parte de su trabajo fotográfico, periodístico y cinematográfico. Vivió durante cinco años en Egipto trabajando en Radio Cairo Internacional y estuvo estudiando la vida cotidiana en el desierto. Además, entre 1987 y 1993 fue redactor jefe y director de arte de la revista Ajoblanco.

A lo largo de su trayectoria ha realizado trabajos en diferentes lugares del mundo como Marruecos, el Mediterráneo, las costas de Arabia, Costa de Marfil, entre otros, que se han materializado en libros o en audiovisuales y que reflexionan sobre de las experiencias que el autor recoge de sus viajes.

¿Por qué Socotra? ¿Qué te hace acabar, de pronto, en esa isla que casi nadie conoce, y volver una y otra vez?

De pequeño me gustaban los atlas, mirar los libros de mi padre que tenía de geografía y de retratos de gente de otros lugares, y enseguida vi esa isla que estaba perdida en el índico y me intrigó. Pensé, ¿esta isla será desértica o será selvática? ¿Cómo será? Me intrigó mucho y a lo largo de los años intentaba saber más, pero realmente había muy poca información sobre la isla. Entonces cuando hice un libro que se llama Los árabes del mar, sobre los árabes que iban en velero por el Océano Índico buscando las especias, todos hablaban de esta isla, les daba miedo, lo veían como un lugar misterioso, donde ocurrían cosas fuera de lo normal, entonces esto me excitó la curiosidad. Cuando al cabo de un tiempo, a principios de siglo, supe que se podía ir a esta isla, porque pertenece a Yemen del Sur y estaba prohibido ir allí, me planté en Socotra porque quería saber qué pasaba en esa isla y cómo era. Todo era el mundo de la leyenda, se dice que es donde crece el incienso y la mirra, donde está el ave Ruc y el árbol del Dragón, era un sitio muy misterioso. 

©Jordi Esteva

¿Cómo fue tu primer aterrizaje allí?

Cuando llegué, me dio la impresión de estar en otro planeta. Todo era muy distinto. Es un viaje en el tiempo en nuestro mismo planeta, pero en otra era donde. La fauna no es tan espectacular, es más de insectos, pero la flora sí. Todo es muy distintito y raro. El paisaje es muy abrupto, las aguas y el mar son de una transparencia absoluta. Y están los bosques de setas gigantes que daba la impresión de haber viajado a un lugar de sueños. 

Cuéntame el recorrido hasta llegar hasta allí

Yo soy de Barcelona. Fui a Yemen, un lugar que yo ya conocía de joven, y de Saná cogí un avión a Amucala, que es el puerto de la región del Hadramaut, y de ahí otro avión ya a Socotra. En aquella época, eran aviones que salían de manera poco frecuente. 

©Jordi Esteva

El mío era un avión donde iban funcionarios del gobierno o gente de Socotra como estudiantes o gente que había ido a la capital para hacer negocios o vender cosas o al médico mismamente. Se veían familias con una mujer como muy enferma y los que la cuidaba, que se veía que habían ido a alguna operación importante a Yemen. 

Una de las cosas que más te impresionó fue su paisaje, digamos, extraterrestre.

Sí, y la gente también. Son árabes del sur y tienen rostros entre árabes e indios, una gran belleza, unas dentaduras preciosas. Y a las mujeres nos las ves, porque van tapadas, pero adivinas que son guapísimas porque si los hombres y las chicas jóvenes, adolescentes lo son, ellas también. Pero van completamente tapadas y cubiertas. 

Llegaste allí y viste una historia para hacer dos libros, fotografías… 

Me fui metiendo poco a poco. A mi lo que me interesaba era captar el espíritu del lugar, los mitos y las leyendas que es lo que siempre me ha gustado. Escuchar las historias de los ancianos, porque son los que tienen la sabiduría. Me interesó mucho, sobre todo el interior, porque la gente era más pura. Y tuve la gran suerte, o la casualidad, de dar con un hijo del antiguo Sultán, porque Socotra había sido un sultanato durante 500 años y luego fue un protectorado inglés, y cuando los ingleses se fueron, en lugar de darles la independencia, lo cedieron a Yemen del Sur. 

Allí no llegan los conflictos con Arabia Saudí, ni la Guerra Civil de Yemen

Entonces, ¿hablaban en inglés la mayoría?

No, en absoluto. Ellos hablan en socotrí, que es una lengua mu antigua, y los que tienen una cierta educación conocen el árabe. Yo me entendía, porque yo he vivido mucho tiempo en el mundo árabe. He vivido cinco años en El Cairo y hablo el dialecto egipcio. 

©Jordi Esteva

Y encontraste historias maravillosas para contar.

Gracias a hacerme amigo del hijo del Sultán pude acceder a ciertas zonas, porque es una isla dividida en clanes y tu no puedes llegar y empezar a caminar por allí y por allá y hacer fotos… No, tienes que tener los permisos para ir visitando estas zonas remotas. Entonces al ir con él, en todos esos viajes y esas expediciones al interior, éramos muy bienvenidos por todos. 

¿Cómo te hiciste amigo del hijo del sultán?

Fue por casualidad. No hay ninguna anécdota. Los primeros días, cuando llegue, yo necesitaba un guía para ir por el interior porque no podía ir solo. Entonces un hombre me hablo y me dijo “aquel de allí es de la familia del Sultán”, entonces pensé que me lo podía presentar y sería muy interesante conocer a alguien así. Y nos presentó nos caímos bien y nos hicimos amigos. Entonces yo le propuse que me acompañara al interior a una expedición que quería hacer. Hice tres viajes fruto de los cuales saqué un libro que se llamaba Socotra, la isla de los fenios, que habla sobre estas historias, sobre la ascensión a las montañas de Socotra y sobre todas las conversaciones por la noche, que me hablaban de espíritus y de la historia… Después al cabo de unos años, porque este libro salió en el 2011, decidí hacer una película sobre estos amigos de la montaña. Entonces regresé para hacer la película así que es una isla que conozco bien porque he estado seis o siete veces y bastante tiempo cada vez. 

Al norte hay kilómetros y kilómetros de playa con las aguas más transparentes del mundo

 ¿Qué equipo llevas encima para hacer un reportaje en una isla como esta, donde probablemente nunca hayan visto una cámara réflex?

©Jordi Esteva

Llevo muy poca cosa porque creo que menos es más y aparte de esto, yo no hago fotografía digital.  Sigo haciendo fotografía analógica, aunque mis películas las hago con digital porque sería demasiado caro… Para hacer video llevo Sony y Canon. Pero volviendo a la fotografía, llevo una Nikon FM2, absolutamente manual y un objetivo de 50 milímetros f1,2. Por lo tanto llevo, esta cámara, un objetivo y un filtro para que no se me ralle y nada más. Llevo muchos años encima de hacer fotos en blanco y negro y de no saber el resultado hasta después de tres meses. 

©Jordi Esteva

A la gente de Socotra no le gusta nada la fotografía porque ellos creen que les estás robando el alma. Se enfadan incluso. Una persona, cuando le quise hacer una foto me amenazó con un cuchillo. Lo que pasa es que yo, a fuerza de tantas visitas y de ir con el hijo del Sultán, que da un poco de estatus, y empezar a conocer a la gente, era distinto, me recibían de otra manera. Ya no era un extraño que aparecía por allí, sino que era un extranjero que era el amigo del hijo del Sultán y me podía meter un poco por donde quería. Yo estaba ayudándoles a ordeñar las cabras, y cuando veía que había una luz muy buena sacaba la cámara y hacia la foto. 

¿Cómo explicabas a la gente de allí lo que estabas haciendo si no podías enseñarles las fotos que estabas sacando?

A ellos les daba un poco igual. La prueba de ello es que cuando fui a filmar, llevé el primer libro que saqué, donde había alguna foto y se lo enseñé y no tienen una cultura visual. Miraban el libro al revés, no sabían verlo. 

Hablamos de habitantes que se dedican a oficios de supervivencia, que son agricultores, pescadores… 

En Socotra hay una pequeña población donde están en contacto con gente del Yemen y es un sitio más desarrollado. Pero a mi quien me interesaba realmente era la gente del interior, los que guardan más la esencia del lugar. Ahora ya tenían cerillas o encendedores, pero se acordaban de encender el fuego con bastoncillos. Y a veces, cuando se les mojaban las cerillas o no tenían, encendían el fuego con dos bastones de madera. 

©Jordi Esteva

La Guerra Civil de Yemen, el conflicto con Arabia Saudí, ¿están poniendo en peligro la isla?

No. Los socotries nunca se han sentido yemenitas del todo. Siempre han tenido una historia a parte, han tenido los 500 años del sultanato. Lo que pasa es que allí no hay estos enfrentamientos y no hay guerra, hay presencia de la coalición, eso sí, pero es discreta, y por lo que me cuentan mis amigos la vida sigue más o menos igual. La isla no está en peligro, pero hay que decir que se rumorea, porque hay que decir que allí son todo rumores y contradicciones, que los emiratos en algún momento han tenido pretensiones de alquilar la isla a Yemen durante 99 años. Porque es un lugar maravilloso, con una belleza natural increíble, y se ha rumoreado siempre el hecho de construir ahí unos resorts.  Al norte hay kilómetros y kilómetros de playa sin absolutamente nada y con las aguas más cristalinas y transparentes del mundo. Son playas de arena blanca como la nieve. 

A este lugar cuesta mucho ir, hay algunos viajes, pero bastante caros desde Emiratos, pero yo no lo recomendaría porque Emiratos no está haciendo un buen papel en la isla, entonces sería como apoyar a unos invasores. 

©Jordi Esteva

¿Resaltarías alguna de las historias de misterio que has publicado allí?

Ellos creen en genios y espíritus y en monstruos que pueden convierte en vacas o cabras, espirar a la gente y de repente mostrarse tal como son para atacarla. A mi, que no quiere decir que crea en estas cosas, me gustan mucho estas historias y disfrutaba escuchándolas. 

Aparte de tu proyecto de Socotra, ¿algún otro proyecto que te hayan motivado especialmente? 

Yo antes de esto hice un libro que saqué hace un año, que era la revisión de un trabajo ya antiguo, se llama Los oasis de Egipto. Después he hecho un trabajo sobre la Costa de Marfil y he publicado un libro y he sacado dos películas sobre la religión tradicional africana, con las ceremonias de trance y de posesión. Las sacerdotisas que de repente son poseídas por espíritus y empiezan a hacer voces extrañas. Ahora he acabado una película, que se iba a estrenar en el mes de mayo y que por culpa del confinamiento no se sabe nada. Es una película hecha en Colombia, en la Costa del Pacífico, en una comunidad de africanos. 

©Jordi Esteva

¿Cómo ves el futuro de la fotografía después de la pandemia? 

Yo he dejado de ser fotógrafo, me considero fotógrafo porque lo llevo dentro y lo he hecho, pero yo he vivido muy mal el paso a lo digital. No me gustó nada, y en lugar de seguir haciendo fotos me puse a hacer películas. Y ahora no estoy haciendo fotografías, ni tengo intención de hacerlas. No se como va a ser el mundo después del coronavirus, la fotografía casi parece una frivolidad con todo esto. 
Yo creo que la fotografía esta desapareciendo con los móviles, se ha devaluado, a mi aparecer, la imagen. Hay demasiada imagen y demasiadas fotos. El 99% de las fotografías que veo, incluso de fotógrafos, no me interesan absolutamente nada.