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Fernando (39 años), el único habitante de un pueblo del siglo IX en Soria: “Si otros hicieran lo que yo, no existiría la despoblación”

Se fue a vivir al pueblo por comodidad cuando solo tenía 23 años, y ya han pasado casi 17.

Benamira, el “kilómetro cero de la España vaciada”

Benamira, el “kilómetro cero de la España vaciada” / Istock

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No todo el mundo sería capaz de vivir solo un lugar remoto, pero Fernando sí. Es el único habitante de un pueblo escondido en la provincia de Soria, muy cerca de la histórica villa de Medinaceli donde se fue con la intención de estar un tiempo limitado, para trabajar y ahorrar algo de dinero. Y de esto han pasado ya 17 años.

La provincia de Soria es la capital de la España Vaciada

La provincia de Soria es la capital de la España Vaciada / Istock / Sergio_Rojo

“Si una de cada cien personas hiciera lo que yo he hecho, no existiría la despoblación”, apunta Fernando durante una entrevista concedida a Televisión Española para el programa Vivo aquí, presentado por Diego Revuelta. Y es que su caso es, cuanto menos, curioso: es el único habitante que permanece de manera continua durante todo el año en el pueblo.

El pueblo asturiano que está rodeado de un paisaje espectacular: es tan remoto que ni los coches pueden subir

Adriana Fernández

El lugar que eligió para cambiar de vida, “por nostalgia y por comodidad”, es Benamira, el pueblo de su infancia y el lugar donde nació su familia. Se trata de un pequeño pueblo que nace a los pies de la sierra Ministra, muy cerca del nacimiento del río Jalón, del que ya se tiene constancia en el siglo IX, en época musulmana. Desde allí trabaja en conservación de carreteras y el resto del tiempo lo emplea, no en desplazamientos, como sí sucede en las grandes ciudades, sino en pasear por el monte, cuidar su huerto, leer o escribir.

La escritura es una de sus grandes aficiones, de hecho. Y, como cuenta durante la entrevista, su especialidad son los monólogos, algo que de por sí ya suena a chiste. “Soy monologuista por obligación, porque no tengo con quien hablar”, explica el propio Fernando entre risas.

Un pueblo remoto en el término municipal de Medinaceli

Un pueblo remoto en el término municipal de Medinaceli / Istock

No es un pueblo fantasma ni está abandonado

Cualquiera que no conozca el pueblo ni los alrededores puede estar pensando ahora mismo que se trata de un pueblo abandonado, un pueblo fantasma. Pero nada más lejos de la realidad. “Por suerte los hijos y nietos del pueblo, que somos unos cuantos, seguimos el legado de nuestros mayores, hemos mantenido el pueblo y nuestras casas”, sostiene Fernando.

El pueblo cuenta con unas 58 viviendas y, excepto dos casas, todas las demás se abren en algún momento del año porque sus dueños todavía van de vez en cuando al pueblo. Eso es lo que permite que el aspecto de este remoto lugar sea el de un lugar cuidado, y habitado, aunque solo haya una única persona censada.

Y aunque vivir puede sonar cuanto menos idílico (sobre todo si se mira con los ojos y la problemática de la gran ciudad), también hay aspectos algo menos positivos que hay que tener en cuenta: la falta de conexión a internet sería una de ellas, pero la más llamativa es, sin duda, la falta de asistencia médica. “El hospital más cercano está a 90 kilómetros”, una distancia que puede ser mortal en caso de necesidad urgente.

El kilómetro cero de la España vaciada

Eso sucede en verano o durante la temporada de fiestas del pueblo, pero el resto del año, nadie excepto Fernando pasea por las calles de Benamira. Y aunque él se fue por decisión propia, no le importaría que otras personas hicieran como él y se instalaran en el pueblo para vivir. De ese modo, el lugar dejaría de ser “el kilómetro cero de la España vaciada” para pasar a ser un lugar habitado.

“Si una de cada cien personas hiciera como yo, no existiría la despoblación”, sugiere. Y es más, si la gente se animara y abandonara la ciudad para instalarse en los pueblos menos habitados, además de acabar con la despoblación, contribuiría a erradicar otro mal todavía mayor: la falta de vivienda y su consecuencia más directa, el aumento de los precios tanto de compra como de alquiler.