La faceta más viajera de Sandra Barneda: "No me puedo morir sin haber subido a Machu Pichu"

Llegó a Madrid hace más de veinte años, pero Barcelona siempre está ahí, en sus recuerdos y nostalgia. Asume la popularidad de la televisión con normalidad y se escapa cuando puede a Portugal, donde escribe y se emociona. Sandra (44 años) ha llegado a la conclusión de que su lugar en el mundo es "Aquel donde están las personas que me gustan". 

Javier del Castillo
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Foto: VICTORIAIGLESIAS

Para esta periodista y presentadora de Telecinco, viajar es conocer a personas distintas y “los españoles somos puro arte”. No hay duda. Según sus cálculos, “tenemos por metro cuadrado más artistas que ningún otro país del mundo”. Lo dice convencida, después de haberse emocionado en Lisboa o en la cumbre del monte Kinabalu (Borneo). Autora de cinco novelas, recuerda sus localizaciones, especialmente Bali y Venecia, mientras sueña con amores y destinos imposibles.

VICTORIAIGLESIAS

¿Qué recuerda de los escenarios de su infancia en Barcelona?

Tengo muy presente el barrio Gótico. Mi abuelo tenía una barbería en la calle Ferrán, muy cerca de la plaza Sant Jaume. Es una zona que me trae muchos recuerdos, con esas calles repletas de historia y de historias, como la calle Libretería, que aparece en La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.

¿Dónde iban entonces de vacaciones?

En verano íbamos al camping Solmar de Blanes (Girona). Al ser cuatro hermanos, mis padres encontraban allí un poco de libertad. Recorrimos la zona del Ampurdán, Llansá, Cadaqués... También recuerdo, siendo muy pequeña, que un verano hicimos una ruta en caravana por España. Fue un verano muy bonito. 

En Argelia | D.R

¿La Barcelona de su infancia sigue siendo reconocible ahora?

Todas las ciudades evolucionan y cambian. Tampoco el Madrid de 1996, cuando yo llegué, era igual que el de ahora. Barcelona ha cambiado durante estos años, pero sigue siendo una de las ciudades más maravillosas y bonitas del mundo, de la que se estudia mucho su arquitectura. 

¿Estudió Periodismo para viajar y conocer mundo?

No lo hice pensando en conocer mundo sino para poder conocer a otras personas. He llegado a la conclusión de que mi lugar en el mundo es donde están las personas que me gustan y me hacen sentirme bien. Cuando has vivido en distintos lugares, tu casa es aquella donde está la gente que en ese momento tú quieres.

En Ampurdán | D.R

¿Objetivo cumplido?

Sí, claro. Al final, quien no viaja no abre su mente. Es imposible. Necesitamos conocer otras realidades, otras culturas, otras formas de pensar; y eso no lo puedes hacer sin salir de tu barrio.

Se suele viajar para romper la monotonía, para desconectar o dejarse sorprender… 

El verbo viajar tiene muchas connotaciones. Puedes viajar interna o externamente. También te ayuda a salir de ti y te permite escucharte mucho más. Porque en un viaje todo es tan desconocido que al final estás contigo.  

D.R

¿Prefiere visitar monumentos o perderse por calles y mercados? 

Yo soy más de ir al mercado y de sentarme en una terraza a observar. Soy muy curiosa y me encanta mirar lo que pasa alrededor. La curiosidad es fundamental para la vida, para ilusionarte y, por supuesto, para viajar. Tengo mis lugares que quiero visitar, pero no soporto a quienes se hacen una agenda para todos los días y no dan espacio a la vida.

¿Qué viajes tiene pendientes?

Muchos. El mundo es tan grande... Me encantaría conocer Petra, visitar el Tíbet y viajar a Perú. No me puedo morir sin haber subido a Machu Picchu.

D.R

Su última novela transcurre en Venecia. Usted, que conoce bien esa ciudad, ¿qué destacaría de ella?

Dicen que es la ciudad de las mil caras y es verdad. La he visitado muchas veces, pero nunca consigues conocerla bien. Eso me ha pasado en más sitios. Dependiendo del momento vital en el que has conocido un lugar, ese lugar será distinto para ti. Por eso no me importa volver a los sitios donde ya he estado. Todos tenemos que descubrir nuestros lugares en el mundo.

Y a veces se producen vínculos muy estrechos con destinos lejanos.

Existen lugares que te emocionan y no sabes por qué. No sé si eso tiene que ver con otras vidas, pero sientes que estás conectado con ese lugar. Te emocionas. Yo me he emocionado, por ejemplo, con Lisboa. Hace poco, un amigo que no había visitado nunca el Coliseo romano me dijo: “Yo sentí algo allí y Roma me parece uno de los lugares más bellos del mundo”.

En Venecia | D.R

¿Cuál es su ciudad favorita?

Lisboa, y Portugal en general, son algo especial. Además, descubrí que una bisabuela mía se había enamorado de un portugués, aunque fue un amor imposible. Estuvieron separados por la guerra. Y yo dije: ¡qué fuerte! Yo estoy enamorada de Portugal y del carácter portugués. A lo mejor tiene algo que ver con aquello.

¿Su viaje más increíble? 

Mi viaje catártico fue Bali, escenario de mi primera novela, Reír al viento, donde estuve 35 días. Me pareció un sitio mágico. Ese viaje, con 41 años cumplidos allí, me cambió la forma de ver la vida. 

En Bali | D.R

¿Prefiere playa o montaña?

Con los años voy rotando hacia la montaña. El cuerpo me pide cada vez más naturaleza y menos urbe. Necesito estar en contacto con la naturaleza y cada vez practico más el ecoturismo y el turismo wellness. Los atardeceres en la playa me encantan, pero no me gusta estar al sol todo el rato. 

¿Cómo fue la experiencia de subir al monte más alto de Borneo?

Yo no había subido a ninguna montaña y ascendí a la cumbre del Kinabalu, que está a 4.100 metros de altura. Ver amanecer por encima de las nubes, desde lo alto de la montaña, es algo mágico. Me brotaron las lágrimas. 

En Portugal | D.R

¿Cuál ha sido el destino de sus últimas escapadas?

La zona de Sesimbra y Comporta, en Portugal. Allí me escapo para escribir. A veces también me escapo a Londres, que es una ciudad muy inspiradora, aunque no viviría en ella. 

¿Qué tal vendemos la marca España?

España es arte, gastronomía, pintura, música, literatura... Somos mucho más que sol y playa. Nuestro eslogan debería ser: Los españoles somos puro arte. 

¿Alguna anécdota viajera?

En un viaje largo en avión, mientras yo estaba medio dormida, le dio un ataque al corazón al pasajero de al lado. Tuvimos que aterrizar de emergencia en Singapur y le salvaron la vida, mientras todos aplaudíamos.

D.R