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La estación de tren más bonita de Europa esconde una cúpula modernista que nadie ve: está debajo de una estación soviética y tiene uno de los interiores Art Nouveau más bonitos del mundo

Dos tipos de arquitecturas muy distintas se unifican en una de las estaciones más bonitas del mundo.

La estación de tren más bonita de Europa se encuentra en una de las ciudades más impresionantes

La estación de tren más bonita de Europa se encuentra en una de las ciudades más impresionantes / Istock / Petr Polak

Las estaciones de tren, igual que los aeropuertos, siempre se han visto como lugares de paso, donde encuentros, despedidas y esperas se dan la mano entre los nervios de volver a ver a alguien y la tristeza de decir adiós. Llevan décadas presenciando este tipo de acontecimientos y viendo pasar a millones de personas que no siempre se dan cuenta de dónde están realmente. Algunas estaciones son mucho más que eso, y solo es necesario levantar un poco la mirada para percatarse de la belleza que las caracteriza.

Con la Revolución Industrial en el siglo XIX, Europa se convirtió en pionera en cuanto a trenes se refiere, como símbolo de modernidad y motor económico. Es por eso que el continente está repleto de estaciones que son auténticos monumentos y se consideran "catedrales de la modernidad". Una de las más bonitas es la Estación Central de Praga, que alberga en su interior una cúpula modernista que solo ve quien es capaz de alzar la cabeza.

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Adriana Fernández

Entre lo modernista y lo brutalista

Se trata de la estación más grande del país, por lo que, además de ser preciosa, es un importante eje para el transporte público de la capital. Se erigió en la segunda mitad del siglo XIX a las afueras de Praga, aunque hoy se encuentra en pleno centro, solo a unos metros de la Plaza Wenceslao. El edificio actual es de estilo neorrenacentista, con dos elegantes estructuras arqueadas, que nació durante las obras de renovación entre 1901 y 1909.

La torre exterior de la Estación Central de Praga

La torre exterior de la Estación Central de Praga / Istock / Michael Blanki

Pero quizá lo más llamativo es que está dividida en dos secciones muy bien diferenciadas: Art Nouveau en la parte superior y arquitectura brutalista soviética en la inferior. La terminal modernista fue diseñada por el arquitecto Josef Fanta y es una auténtica joya de este estilo en la República Checa. Aquí destaca el Cafe's Fanta por su alta cúpula y paredes decoradas con motivos Art Nouveau y esculturas que evocan las ciudades a las que conducía el tren.

La cafetería de la parte modernista de la Estación Central de Praga

La cafetería de la parte modernista de la Estación Central de Praga / Istock / Miroslav Liska

La ampliación soviética llegó en la década de 1970, durante la era comunista. Se añadió una gran extensión subterránea y se construyeron una nueva sala de billetes y una autopista elevada. Como todo edificio brutalista, destaca por sus fríos bloques de hormigón, pasillos laberínticos y un diseño totalmente diferente al de la otra sección de la estación. Todavía hoy sigue siendo motivo de polémica, ya que algunos lo encuentran demasiado gris y angular.

Un viaje por la arquitectura de Praga

La Estación Central de Praga es tan solo un ejemplo de cómo evolucionó la ciudad entre los siglos XIX y XX. Los estilos artísticos y arquitectónicos se funden, dando como resultado lugares tan impresionantes como la Casa de la Madona Negra, que alberga la única cafetería cubista del planeta; o la Casa Municipal de Praga, donde vemos cómo el modernismo pasaba a formar parte de la vida cotidiana, dominada por la Torre gótica de la Pólvora.

La Casa de la Madona o Virgen Negra en Praga

La Casa de la Madona o Virgen Negra en Praga / Istock / Boris Breytman

Cubismo y rondocubismo también tuvieron gran peso en la urbe, suponiendo una auténtica revolución antes de la Primera Guerra Mundial. El estilo artístico viajó de París a Praga y se dio un evento que no se ha visto en otro rincón del mundo: el cubismo en la arquitectura. El rondocubismo surgió a partir del Art Decó checo. Después llegó la Praga funcionalista, justo después de la Gran Guerra, que se caracterizaba por tejados planos, líneas limpias e interiores luminosos.

La Villa Müller en Praga

La Villa Müller en Praga / Istock / Dietmar Rauscher

De esa época destacan edificios como la Villa Müller, el Palacio de Ferias o la Sala de Exposiciones Mánes. Y finalmente, llegaron las obras más controvertidas junto al régimen comunista de los años 50. La Unión Soviética trajo consigo el brutalismo y el realismo socialista, donde el hormigón, el vidrio y el acero reinan. Así, se crearon construcciones como el Hotel International Praga, el edificio nuevo del Museo Nacional de Praga o la Torre de Televisión.