De estación ferroviaria a hotel de lujo

La Estación Internacional de Canfranc, declarada Bien de Interés Cultural, se convertirá en un alojamiento de cinco estrellas en 2021.

Adrián Lorenzo
 | 
Foto: OSORIOartist/iStock

El histórico edificio de la Estación Internacional de Canfranc, inaugurado en 1928 y enclavado en la comarca de la Jacetina, dejará de ser la parada ferroviaria del mítico Canfranero para convertirse en un lujoso hotel de cinco estrellas. Su inauguración está programada para el tercer trimestre del 2021, coincidiendo con la apertura de la temporada de esquí en Candanchú.

La propiedad contará con dos salones con vistas al Pirineo aragonés, además de varias suites, un vestíbulo con decenas de capiteles y molduras de escayola, 365 ventanas, una gigantesca cúpula y un restaurante que aspira a convertirse en un punto exclusivo de encuentro en Huesca.

También tendrá un centenar de habitaciones -repartidas en dos plantas- y acondicionadas para que tanto turistas como locales desconecten del día a día rodeados de historia. Y es que durante el transcurso de la II Guerra Mundial, por este complejo ferroviario pasaron espías de la Resistencia francesa, judíos que huían de la organización paramilitar de Hitler y toneladas de oro del expolio nazi.

clavivs/iStock

La empresa zaragozana Ingennus Urban Consulting, capitaneada por los arquitectos Joaquín Magrazó y su hija Carmen, junto a Fernando Used, será la encargada de llevar a cabo este ambicioso proyecto. “Se trata de un edifico histórico clave tanto para historia de Aragón como la de España y que necesitaba una gran reforma tras un largo periodo de hibernación. Nuestra tarea es ponerlo en valor”, comentó Magrazó al diario el Heraldo de Aragón.

Además el arquitecto también explicó que la rehabilitación integral  de la Estación Internacional de Canfrac pasaba por “la elaboración de una segunda planta y la restauración del dormitorio de los maquinistas franceses”, para posteriormente convertirlo en un centro de interpretación para peregrinos.

Desde el punto de vista arquitectónico, el enclave declarado Bien de Interés Cultural, fue construido con diferentes materiales como el cristal, el cemento y el hierro, propios de la arquitectura industrial del momento. La fachada del edificio principal, de 241 metros de longitud y 12,5 metros de ancho, será lo único de todo el complejo que no sufra modificaciones durante las reformas.