Espíritus en Haití por Mariano López

La novela es una puerta que comunica al lector con el torbellino de espíritus doloridos que giran sobre Haití

Mariano López
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Foto: Sergio Feo
Sostiene Miguel Ruiz Montañez, en su libro El país de los espíritus, que Haití es un país incomprensible, "una isla quimérica -dice-, un trozo de tierra donde más que ocurrir cosas extrañas, lo extraño es que a veces sucedan cosas corrientes". Miguel Ruiz Montañez sabe de lo que habla. Profesor asociado en la Universidad de Santo Domingo, su trabajo como experto en transportes le ha permitido recorrer La Española de cabo a rabo, desde Port de Paix hasta Punta Cana, mientras su curiosidad, su pasión por saber, hacían el resto, así que con los años se ha convertido en un experto en la historia, los misterios y los sueños de la República Dominicana y de Haití, y ha llevado su conocimiento, su destreza literaria y su amor por aquel maravilloso lugar del Caribe a dos de sus libros. El primero, La tumba de Colón, salpicaba una trama de secretos con la más precisa y actualizada documentación disponible sobre el lugar o lugares donde reposan los restos de Colón, con las opiniones -enfrentadas- de uno y otro lado del Atlántico. Publicado en 2006, La tumba de Colón fue un éxito de ventas, traducido a más de doce idiomas, que conquistó, también, a los lectores dominicanos, tan reacios, por lo común, a aceptar las versiones sobre el destino final del Almirante que les llegan de la madre España. Su nuevo libro, El país de los espíritus, vuelve a La Española a tejer una historia de amor y de misterio, en la que los protagonistas, como los lectores, se preguntan por qué Haití es un país cosido a la miseria, por qué ha tenido que sufrir tantos siglos de horror y de penurias, por qué este lugar, tan bello, al menos, como sus vecinos del Caribe, es uno de los países más desgraciados de la Tierra. Uno de los personajes remonta la tragedia hasta Anacaona, la más bella de las princesas taínas. Murió ahorcada, por orden de Nicolás de Ovando, después de haber visto cómo su pueblo era incendiado y sus habitantes, en su mayoría, lanceados o pasados a cuchillo. Antes de morir, creyó ver cómo desaparecía de los cielos de Haití una de sus más brillantes estrellas. Sus últimas palabras fueron proféticas. Y terribles: "Hasta el día en que la estrella vuelva a brillar -dijo-, Haití vivirá años de horror". Así ha sido. "Desde que tuve uso de razón -recuerda el protagonista de El país de los espíritus-, todo el mundo a mi alrededor hablaba de espíritus, de ánimas, de dioses, de loas, de santos... Recuerdo que me pregunté si la culpa la tendrían los taínos, si aquellos indios no serían los culpables del boquete anímico abierto en la isla, ese lugar por donde escapaban los espíritus y se mostraban a los seres terrenales como en ningún otro sitio del mundo". La novela narra una apasionada y fascinante historia de seres atrapados por los espíritus de Haití, un lugar donde la religión del vudú y el culto a los muertos no son prácticas esotéricas sino detalles habituales de la vida cotidiana. El vudú es un ingrediente fundamental de la novela. Su fuerza actúa como un fuego que aviva las pasiones y los miedos de sus personajes, y aunque Ruiz Montañez trata el vudú con la documentada precisión de un antropólogo, la descripción de un inquietante ritual que atrae la presencia de los espíritus es uno de los momentos más apasionantes, inolvidables, de la trama, una puerta que comunica al lector con el torbellino de espíritus doloridos que giran sobre Haití. La historia del vudú en Haití colabora en la explicación de la miseria reciente de la isla. El presidente de Haití en 1908, Antoine Simon, trataba con honores regios al macho cabrío que acompañaba a las ceremonias de vudú de su hija. El animal participaba en todos los actos del presidente, paseaba por las dependencias del palacio presidencial y era tratado con obligatorio respeto por los ministros y la servidumbre. El odioso François Duvalier, Papa Doc, que gobernó Haití desde 1957 hasta 1971, nombró ministro del Ejército a un brujo de Gonaives y trató de que el pueblo haitiano le viera como una encarnación del señor de los cementerios, el Barón Samedi, que persigue a los humanos para llevarles a la muerte. Le sucedió su hijo Jean Claude, con 19 años, Baby Doc, dictador de Haití hasta 1986 y responsable de una de las policías políticas más sanguinarias de la historia, los tontons macoutes, Voluntarios de la Seguridad Nacional, conocidos, por su sangrienta fama, como los hombres del saco. El último capítulo de esta intensa novela transcurre en los días del terremoto de 2010, cuando Port au Prince parecía "una inmensa morgue sin techo". Pero hasta en las ruinas de esa ciudad varias veces desgraciada habita con certeza la esperanza. Los haitianos, como explica Ruiz Montañez, utilizan un viejo refrán creole para expresar esa fe: Si ou wé di ou ka wé tete foumi (Todo es posible cuando te lo propones, incluso ver las partes más pequeñas de una hormiga). El país de los espíritus es una emocionada y emocionante novela que te lleva dentro de la piel del país más pobre de América, te agita con sus ritos y con sus dioses y te empuja al balcón de quienes miran al cielo y creen que ya está a punto de brillar la estrella que desapareció con los taínos. Miguel Ruiz Montañez conoce muy bien Haití y sabe que en esta isla hay esperanza. Con la ayuda de todos.