¿Sabías que las esculturas clásicas eran originalmente de colores?

Con el paso del tiempo las esculturas y los monumentos más famosos han ido perdido su color original. Reconstruimos sus colores para volver a maravillarnos con las tonalidades del pasado

Miriam González
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Foto: Aquaplaning | Wikicommons

Pensemos en una escultura de mármol, en la Estatua de la Libertad o en la Gran Esfinge de Giza, todos tenemos una imagen mental muy similar, un blanco impoluto, un intenso verde o el claro color de la piedra caliza. Esta misma afirmación hubiese sido muy diferente hace 100 o 2.000 años, y es que con el paso del tiempo las esculturas y monumentos han ido perdiendo o cambiando de color.

Figura reconstruida, Estambul, otro color
Estas figuras son el ejemplo de como eran antiguamente la figuras, antes de que se les fuesen los colores y nos llegasen con el blanco impoluto | Museo Arqueológico de Estambul | Wikicommons

Es muy difícil imaginarse una Torre Eiffel roja o el Partenón de Atenas pintado de los colores más vivos que podamos pensar, pero así nacieron los monumentos que hoy visitamos. Las antiguas civilizaciones (griegos, romanos y egipcios) consideraban que una obra de arte no estaba terminada hasta que no se pintaba y lo pensaban de todas sus construcciones.

En la actualidad contemplamos obras de arte sin acabar

La erosión ha ido eliminando estos colores que daban vida a las antiguas obras de arte. Pero no solo pintaban esculturas como la Venus de Milo, sino que también decoraban todos los edificios que hoy nos han llegado con un color muy diferente. El Partenón brillaba entre rojos y azules, al igual que la Gran Esfinge de Giza que era roja y con la parte superior pintada de azul y amarillo.

El Partenón de Atenas al igual que no siempre estuvo semiderruido tampoco fue blanco
El Partenón de Atenas al igual que no siempre estuvo semiderruido tampoco era blanco | Richmatts / ISTOCK

Un secreto que se ha mantenido oculto durante milenios. Y es que cuando los italianos hallaron estas esculturas ya resurgieron con el blanco impoluto que hoy conocemos y asumieron que así es como se habían creado, incluso los restos de pintura que quedaban se limpiaban pensando que eran imperfecciones que estropeaban la gran obra de arte. 

Al llegar el renacimiento muchos artistas decidieron rendirle un homenaje al mundo antiguo creando nuevas figuras de mármol inspiradas en los ejemplos clásicos, pero manteniendo el blanco. Así se esculpieron figuras como el David de Miguel Ángel quien, de haber nacido 2.000 años antes, tendría el pelo moreno y los labios rojos.

El mundo moderno también cambia de color

Pero no solo el mundo antiguo ha ido perdiendo su color original, sino que las grandes construcciones de final del siglo XIX también son muy diferentes a como las conocieron sus contemporáneos. La famosa Torre Eiffel, mucho más querida ahora que en sus primeros años de vida, estaba pintada de rojo veneciano. Posteriormente se pintó de un marrón rojizo, ya que esta pintura protegía la torre y con el paso de los años este color ha ido variando, pero siempre manteniendo un tono marrón.

La Estatua de la Libertad es el gran símbolo de Nueva York, pero no siempre ha tenido el mismo color
La Estatua de la Libertad es el gran símbolo de Nueva York, pero no siempre ha sido verde | upthebanner / ISTOCK

El otro gran ejemplo moderno es la Estatua de la Libertad, el gran símbolo de Estados Unidos también ha cambiado mucho desde su construcción, y es que en sus inicios era de un color cobrizo. Para nuestra mente es muy difícil imaginarse estos monumentos históricos de otro color, pero es curioso pensar cómo se verán nuestros monumentos en el futuro.