Entrevista a Patricia Conde

Le gusta ponerse el mundo por montera. Y reírse hasta de su sombra. Esta vallisoletana, presentadora de televisión, empezó con algunos trabajos de modelo a los 14 años, fue Miss Palencia con 20 y se hizo muy popular con el programa “Sé lo que hicisteis" a los 30. Madre de un hijo -Lucas-, procura viajar todo lo que puede y fotografiar todo lo que se mueve. 

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Su hijo, Lucas, no parece muy amigo de las entrevistas y le tira del brazo, para que vayamos terminando. Sin embargo, Patricia Conde no pierde la sonrisa, ni la paciencia. Acostumbrada a viajar desde muy pequeña, aprovecha la mínima oportunidad para desconectar y perderse por paisajes y escenarios en los que es improbable que la llamen por su nombre o escuchar la frase que más le incomoda: “Mira, la rubia de la tele”.

¿Cuál ha sido el viaje más increíble que ha hecho? 

Un viaje reciente por Islandia. Parecía que estaba en otro planeta. Me sorprendió la paz tan grande que hay en Islandia. Me recorrí el Sur del país y tengo que volver para recorrer el Norte. A mí me gusta de vez en cuando el jaleo, pero soy bastante tranquila y me atraen los sitios solitarios.

¿Prefiere sol y playa o disfrutar de la montaña?

Me gusta todo. Lo pasé muy bien en Tulum y en Playa del Carmen (México). Me da mucha libertad estar en una playa donde nadie me conozca. La gente busca más gente para no aburrirse, pero yo nunca me aburro. Disfruto mucho de los viajes. Ahora mismo podría organizar un viaje para irme mañana a Finlandia. Voy a los sitios predispuesta a pasármelo bien. Hasta me divertiría pasar una noche en un castillo de Transilvania.

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Le preguntaba si también le atrae la montaña. 

Estuve en el Mont Blanc y me pareció alucinante. Jamás había visto amaneceres y atardeceres tan bonitos. 

Cuénteme alguna batallita viajera difícil de olvidar.

En el año 2001, estando en Ankara, fuimos en busca de una base científica para ver un eclipse solar y nos perdimos. Entonces, nos tocó dormir en sacos, en el suelo, junto a una gasolinera, donde dos señores con túnica no dejaban de mirarnos. No pegué ojo en toda la noche. Fue raro, raro... En Marrakech, grabando Los poderes extraordinarios del cuerpo humano, dos compañeros acabaron en los calabozos por rodar con drones, que allí están prohibidos. Les quitaron los drones, la documentación y todo.

¿Alguna otra historia?

Después de un viaje a Cartagena de Indias (Colombia), lo pasé muy mal en el aeropuerto, antes de volar a España. Como soy celíaca, debí de tomar algo con trigo y empecé a sudar y a vomitar. Si un policía me llega a ver en ese estado, hubiera pensado que llevaba droga dentro del cuerpo. De hecho, en el control me preguntó una señora si me pasaba algo. Le dije que estaba embarazada de unos meses, pero que me sentía fenomenal. 

¿Qué otros países ha visitado?

Conozco Senegal (Dakar, Casamance...), India, China, Sudáfrica, Maldivas, Mauricio, Turquía, Francia, Italia… 

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Si tuviera que vivir fuera de España, ¿dónde le gustaría residir?

En una casita de la Toscana. También me encanta Sicilia, Florencia o Verona. Me gusta Italia, por el carácter de la gente.

¿Qué recuerda de los viajes de su infancia?

En vacaciones, mis padres elegían destinos diferentes para ir a veranear. No éramos de ir a un sitio fijo todos los veranos. Por ejemplo, un verano nos íbamos a Suances (Cantabria), a la playa de los Locos, y al verano siguiente poníamos rumbo a Rota (Cádiz) o a Figueira de Foz (Portugal), un viaje muy divertido. Tendría entonces 10 añitos y era mi primera salida fuera de España. 

Es también muy aficionada a la fotografía...

Me encanta hacer fotos. Nunca me verás comprar un imán para la nevera como recuerdo. Creo que una buena fotografía es mejor que cualquier suvenir.  

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¿La popularidad resulta incómoda en determinados lugares?

En Ibiza, por ejemplo, donde hay más paparazzi que turistas. Lo paso muy mal cuando me hacen fotos, mientras la gente comenta: mira, ahí está esa de la tele. Me da como vergüenza. Cuando era casi una niña, en un conocido restaurante de Valladolid estaba Eduardo Noriega y me daba corte pedirle un autógrafo. Tuve que mandar a mi hermano. Me siento más libre cuando viajo fuera y nadie me conoce.

¿Le hubiera gustado vivir en otra época?

En los años 50 y 60, por la estética. Se ha perdido aquella espontaneidad tan mágica que veo en las fotos de Audrey Hepburn, Brigitte Bardot o los Beatles. Me gustan las imágenes de los Grimaldi, con esos vestidos, o los chaneles de Jackie Kennedy.

¿Cómo se le da hacer la maleta?

Depende. Si es un viaje largo, meto muchos por si acaso. En los de pocos días llevo una maletita de mano, para no facturar.

¿Qué imagen considera que tienen de nosotros los extranjeros que nos visitan?

No sabría decirle. Pero es verdad que lo primero que te dicen de España cuando viajas fuera es toros, paella, olé, olé y mucha risa. Piensan que estamos siempre de fiesta.

¿Le queda algún viaje pendiente y subrayado en la agenda?

Muchos: Tailandia, Australia, Hong Kong...

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¿Qué valores y consecuencias tienen los viajes para usted?

Cuando viajas te abres y muestras otra actitud ante la vida; adquieres otra perspectiva de las cosas. Abres tu mente y ves nuevas opciones a tu vida. A mí me dicen que tengo que irme tres años a vivir a París y me voy encantada de la vida. O a Ciudad del Cabo, que me pareció una maravilla. 

¿Algún sitio que le haya decepcionado?

Las playas de Malibú y Santa Mónica. Las tenemos mucho más bonitas en España. Cuando estuve en Estados Unidos me preguntaba: ¿esto es lo que sale por la tele? Me pareció todo más pequeño, hasta las casetas de Los vigilantes de la playa. La óptica es lo que tiene.