Entrevista a Carlos Soria

A sus 79 años, cuando muchas personas tienen dificultades para subir las escaleras de casa, él quiere ascender los dos últimos "ochomiles" que le quedan. Este hombre de ojos pequeños pero soñadores, menudo y campechano, vive en Moralzarzal (Madrid), muy cerca de una glorieta que lleva su nombre, y se despierta cada día soñando con la montaña.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Se levanta muy temprano, desayuna un puré de frutas y un “bollo energético artesanal” que él mismo se prepara con avena, proteína, cacao, un par de huevos, pasas y nueces; calienta en una de sus bicicletas con rodillo y se sube a la montaña que tiene casi encima de su casa. A Carlos Soria le debería de pesar ya la mochila, después de tantas expediciones y aventuras, pero no tira la toalla y alimenta cada día su atracción por las cumbres nevadas. Quiere seguir coronando cimas, cuida su condición física y espera patrocinador para sus próximas expediciones a la alta montaña. Testigo mudo de la entrevista, colgado encima de la chimenea, el piolet que le acompañó en sus primeras expediciones al Himalaya.

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Preguntarle a usted si es más de montaña o de playa quizás no tenga mucho sentido…

Bueno, tenemos un piso en Campello (Alicante), al lado de la playa, pero prefiero la bicicleta o escalar el Puig Campana, claro. Luego me baño en el mar y me subo a mi casa.

¿De dónde surge su pasión por la montaña?

Yo nací en Ávila, en febrero de 1939, aunque enseguida me trajeron a vivir a Madrid. Empecé a trabajar de encuadernador a los 11 años y me iba a comer a orillas del Manzanares porque me apetecía estar al lado de un río. Cuando íbamos a Ávila, me gustaba ir al Arroyo del Obispo y a la Balsa Verdeja. A los 14 años visité La Pedriza (Madrid) con mi amigo Antonio Riaño y ya no he dejado de ir a la montaña.

¿Su segunda casa es esa sierra? 

Mi segunda casa es el mundo. Empecé en la sierra de Guadarrama y Gredos, luego fui a los Pirineos, a los Picos de Europa, a los Alpes... La primera vez que viajé a los Alpes lo hice en una moto de 125 cc con mi amigo Joaquín Pérez Serrano. 

¿La montaña también es cosa de familia?

A mi mujer, Cristina, la conocí en la montaña, como no podía ser de otra manera, y mis cuatro hijas han escalado siempre con nosotros. Les sigue gustando el esquí y la montaña. 

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¿Cómo recuerda su primera expedición al Himalaya?

Fue en el año 1973 y subimos al Manaslu, pero mi primera escalada difícil la realicé  en los Alpes, por la cara oeste del Dru, en 1962.

Me imagino los amaneceres que ha contemplado desde las cumbres… ¿Con qué imagen se quedaría?

Ver amanecer en el K-2 y en el Everest fue una locura, una maravilla. Se me ha quedado grabado. 

¿Su última hazaña fue coronar el Annapurna con 77 años? 

Ha sido mi última cumbre, pero el pasado otoño también llegué a los 8.050 metros en el Dhaulagiri. Nos dimos la vuelta cuando nos faltaban ciento y pico metros por culpa de la niebla.

Si consigue patrocinador, intentará coronar los dos “ochomiles” que le faltan. ¿Será cierto que la fe mueve montañas?

Yo no tiro nunca la toalla. Si no nos sale patrocinador, iré yo solo, como he ido otras veces a muchas montañas. 

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Hay quien dice que el Everest ya no es lo que era, que hay más gente que en la Gran Vía.

El que le haya dicho eso es tonto o no ha estado nunca en una gran montaña. Va mucha gente, eso es cierto, pero se puede ascender por vías más difíciles y menos frecuentadas. Nepal es un país pobre, con un turismo de montaña muy importante, y necesita que vaya gente. 

¿En dónde le gustaría vivir, fuera de España?

Me gusta mucho el norte de Italia, Nepal, Chile y Argentina, un país fantástico, a pesar de sus gobiernos.

¿En cuántos países ha estado?

En casi todos, menos en Nueva Zelanda. He estado en Alaska (Estados Unidos), en Canadá, en Nueva Guinea haciendo la pirámide de Carstensz, en África, en la Antártida…

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¿Algún sitio pendiente?

Me gustaría volver a la Antártida con esquíes y recorrer el Polo Sur.

¿Qué le parecen los viajes organizados para mayores? 

Alguna vez he viajado con el Imserso, pero me he llevado la bici. Cuando me ven salir del hotel con una bici de carretera se quedan como diciendo: pero este tío qué hace aquí.

¿Algún consejo para los aficionados a la montaña?

Antes de ir a un sitio, informarte bien y preguntarte si estás preparado para una determinada actividad. Otro consejo: en la montaña hay que madrugar siempre, aprovechar el buen tiempo porque a media mañana aparecen las nubes y por la tarde cae la niebla. 

¿Cuál ha sido su momento más difícil o peligroso?

Las avalanchas de nieve en el Annapurna. Allí pasamos algún momento justo. Lo que más temo son los cambios bruscos de tiempo. Ahora disponemos de partes meteorológicos diarios y de mejores equipos. 

¿Trae recuerdos de sus expediciones?

Compro cosas que luego no sé qué hacer con ellas. Este cencerro que ves junto a la ventana lo traje de Nepal. Los recuerdos los tengo en la cabeza y veo las cosas de las que te estoy hablando. Los amaneceres los estoy viendo como si estuviera allí.

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¿De qué sitio guarda mejor recuerdo?

Hay un sitio de Nepal que a mí me maravilla. Es un pueblecito, al pie del Manaslu, que se llama Sama Gaon, con unas praderas enormes llenas de yaks. He ido muchas veces allí y me encanta.  

¿Cuántos kilómetros llevará hechos a pie por las montañas?

No tengo ni idea. Pero, a lo largo de mi vida, habré dormido por encima de los 5.000 metros, en tienda de campaña, el equivalente a entre cinco o seis años. 

Para muchos alpinistas es usted un ídolo, un ejemplo a seguir…

Me llevo muy bien con la gente joven. Eso es verdad. Toda mi vida he hecho escalada de dificultad y me siento muy querido en el mundo de la montaña.